Ayuso critica que se quiera "frivolizar" con el homenaje a las víctimas de tren en Madrid por ser una misa

Desde Fitur, la presidenta madrileña insiste en la necesidad de mostrar respeto y empatía hacia quienes optan por ceremonias religiosas en memoria de las víctimas, subrayando el valor simbólico y de unión de estos actos para la sociedad

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Isabel Díaz Ayuso se refirió a las críticas que surgieron tras su propuesta de celebrar una misa en homenaje a las víctimas del accidente ferroviario en Adamuz desde Madrid, resaltando que muchos ciudadanos de la capital, incluidos los profesionales de los servicios de emergencia y quienes residen y trabajan en la región, precisarían una conmemoración adicional al funeral de Estado. Según informó Europa Press, la presidenta de la Comunidad de Madrid manifestó desde Fitur, durante la jornada dedicada a Madrid, la importancia de respetar y comprender las convicciones de quienes optan por ceremonias religiosas como forma de recordar a los afectados por tragedias colectivas.

De acuerdo con lo publicado por Europa Press, Ayuso lamentó que se trate de "frivolizar" el significado de una misa en memoria de las víctimas solo por su carácter religioso. Consideró que estos actos poseen un valor simbólico que une y reconforta tanto a las familias directamente involucradas como al resto de la sociedad, al facilitar un espacio común para el duelo y la reflexión.

La mandataria regional explicitó que no se trata solamente de una cuestión religiosa sino de dar cabida a quienes buscan honrar a las víctimas desde la perspectiva de la fe, pero también a quienes se identifican con las tradiciones y raíces culturales que representa un acto como la misa. Según Europa Press, Ayuso opinó que líderes políticos como Manuela Bergerot, portavoz de Más Madrid, deberían en alguna ocasión asistir a estas ceremonias para acompañar y representar a ciudadanos creyentes, a quienes definió como personas que “llevan en el pecado tener fe”.

Ayuso insistió, como detalló Europa Press, en que “una misa es simplemente un sentido homenaje que reconforta a víctimas, que reconforta a familias y es un homenaje que une en el duelo en el luto y que es de profundo respeto”. En sus palabras, urgió a que no se reste importancia ni se menosprecie este tipo de celebraciones, al tiempo que reclamó un trato más ecuánime y comprensivo hacia quienes encuentran consuelo en expresiones religiosas, o incluso para aquellos que, sin declararse creyentes, se sienten partícipes de una tradición arraigada en la colectividad.

La jefa del Ejecutivo autonómico resaltó la necesidad de que las instituciones y representantes públicos acompañen de forma responsable a toda la ciudadanía, subrayando el valor agregado que otorga una conmemoración religiosa en la construcción de la memoria común y en la búsqueda de apoyo emocional después de hechos trágicos. Según Europa Press, el planteamiento de Ayuso se produce dentro del marco de debates acerca de la laicidad en los actos oficiales y la inclusión de contenidos religiosos en homenajes públicos, asunto que genera discrepancias entre los diversos sectores políticos y sociales.

El homenaje sugerido por Ayuso formaría parte de una serie de actuaciones institucionales orientadas a recordar a las víctimas del accidente en Adamuz, una tragedia que recibió la programación de un funeral de Estado para el sábado siguiente a la propuesta. Como puntualizó Europa Press, la presidenta expuso que la misa, en caso de realizarse, complementaría el acto de Estado y permitiría a muchas personas compartir su dolor desde su tradición personal o comunitaria.

Según consignó Europa Press, la presidenta defendió que este tipo de gestos institucionales con connotación religiosa no deberían ser objeto de polémica ni de descalificaciones, argumentando que constituyen un reflejo de la pluralidad y la diversidad de la sociedad madrileña y española. Además, reiteró su petición para que este tipo de homenajes se aborden con responsabilidad y empatía, eliminando la tendencia a ridiculizar o trivializar la vivencia de quienes encuentran en la fe o en las costumbres religiosas un modo legítimo de sobrellevar la pérdida.