Save the Children lamenta que ocho millones de niños sufren uno de los cierres escolares más largos del mundo

Millones de menores permanecen alejados de las aulas en Sudán por el conflicto armado, sin acceso a formación remota ni condiciones dignas, lo que agrava la crisis educativa y amenaza su futuro, advierte la ONG

Guardar

En Darfur Norte, solo tres de cada cien escuelas permanecen abiertas según Save the Children. Esta región occidental de Sudán representa actualmente el centro de los enfrentamientos en el conflicto armado, lo que la convierte en la zona más golpeada del país en términos de acceso educativo. La crisis ha dejado a millones de menores fuera del aula, con los centros escolares convertidos mayoritariamente en refugios para familias desplazadas, sin que exista la posibilidad de formar a distancia ni condiciones dignas para que niños y adolescentes continúen con su aprendizaje. Estos hechos forman parte de los hallazgos recientes publicados por la organización Save the Children, que ha advertido sobre las consecuencias graves y duraderas de estos cierres escolares.

Según informó Save the Children, cerca de ocho millones de niños sudaneses llevan aproximadamente 500 días sin acceso a las aulas, lo que se describe como uno de los cierres escolares de mayor duración en el mundo. Esta cifra representa casi la mitad de todos los niños sudaneses en edad escolar. Al compararse con la suspensión escolar vivida en Filipinas durante la pandemia de coronavirus, la directora ejecutiva de la ONG, Inger Ashing, precisó que la situación en Sudán es todavía más grave, porque el conflicto, a diferencia de la emergencia sanitaria mundial, impide adoptar soluciones de aprendizaje remoto.

De acuerdo con lo publicado por Save the Children, la imposibilidad de continuar la instrucción a distancia responde a las condiciones del conflicto armado, que inició en abril de 2023 entre las fuerzas del Ejército y los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF). Este enfrentamiento ha sumido al país africano en una de las crisis educativas más severas a nivel internacional. La ONG detalló que muchos centros educativos sufrieron daños significativos o quedaron completamente destruidos, lo que ha forzado a que sus instalaciones se usen para albergar a personas desplazadas por la violencia. Ante la falta de espacios seguros y adecuados para el estudio, los niños sudaneses han visto reducido su acceso a la formación y al desarrollo personal.

El análisis aportado por Save the Children indica que, junto a Darfur Norte, los estados de Darfur Sur, Kordofán Occidental y Darfur Occidental muestran bajos niveles de operatividad escolar. En Darfur Sur solo el 13 % de las escuelas sigue funcionando, en Kordofán Occidental la cifra asciende al 15 % y en Darfur Occidental, al 27 %. Este descenso generalizado en la actividad educativa se suma a la falta de recursos para el pago de salarios a maestros, lo que provocó el abandono profesional de muchos docentes y representa un desafío añadido para restablecer el sistema escolar. La organización aboga por la restitución de los sueldos, la formación continua para los educadores y la entrega urgente de material escolar, para evitar un colapso aún mayor del sector educativo.

La directora ejecutiva Inger Ashing, quien visitó Sudán recientemente, puso de relieve las declaraciones de los menores afectados recogidas durante su estancia en ciudades como Puerto Sudán, Río Nilo y Jartum. Ashing transmitió el mensaje uniforme que recogió de los niños sudaneses: “Quieren estar en la escuela. Seguros, apoyados y aprendiendo”. A su juicio, los niños afectados por la violencia “merecen más que solo seguridad. Merecen la oportunidad de aprender, tener esperanza y reconstruir sus vidas”. Ashing destacó además que la falta de educación expone a los menores a riesgos de explotación, matrimonios forzados y reclutamiento en grupos armados. “La educación no es un lujo para los niños. Es un salvavidas que protege a los niños de la explotación, el matrimonio infantil y el reclutamiento en grupos armados. Da seguridad, estabilidad y esperanza para el futuro”, sostuvo Ashing en declaraciones citadas por Save the Children.

Durante su visita, la representante de la ONG mantuvo un encuentro con una niña de nueve años que debió abandonar Jartum cuando comenzó el conflicto, perdiendo casi un año escolar. Save the Children recogió su testimonio, en el que relató cómo recorre varios kilómetros a pie cada día para llegar a su actual escuela, afrontando desplazamientos que, en ocasiones, se vuelven solitarios y generan temor. Según Ashing, la menor expresó entusiasmo por el reencuentro con sus compañeros y maestros, y explicó que su actividad escolar favorita es escribir en inglés. La directora de la ONG subrayó la necesidad de atender el deseo de los niños a través de acciones concretas que garanticen su acceso a la educación.

Save the Children reiteró en su comunicado que cada menor en Sudán tiene derecho a aprender, a soñar con convertirse en profesional y a aspirar a un futuro distinto. Según la organización, solo con una inversión urgente y suficiente será posible restaurar y ampliar la oferta educativa en condiciones de seguridad y calidad. La ONG remarcó que los fondos deben destinarse a rehabilitar instalaciones dañadas, proporcionar condiciones laborales justas al personal docente y suprimir los principales obstáculos que impiden el estudio a los niños.

Inger Ashing también advirtió que la falta de una apuesta firme por la educación corre el riesgo de definir el destino de una generación entera a partir del conflicto, y no de las oportunidades. “Si fracasamos a la hora de invertir hoy en la educación, nos arriesgamos a condenar a toda una generación a un futuro definido por el conflicto, en lugar de por la oportunidad”, manifestó la directiva según Save the Children.

Desde 1983, Save the Children opera en Sudán con el desarrollo de programas educativos en nueve de los 18 estados del país africano. El medio detalló que la organización apoya a más de 400 escuelas mediante proyectos que incluyen la distribución de comidas escolares, jardines de infancia y la entrega de material didáctico esencial. Además, la entidad extiende sus servicios a áreas sanitarias, nutricionales y de protección a la infancia, en un intento de mitigar las consecuencias directas e indirectas del conflicto en la vida diaria de los niños, concluyó la información de Save the Children.