Moscú, 20 ene (EFE).- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece haberse olvidado de Ucrania en este 2026, en el que ha estado más centrado en Venezuela, Irán y, más recientemente, Groenlandia.
Durante el primer año de su segundo mandato, ha logrado que ambos bandos -rusos y ucranianos- se sienten de nuevo a la mesa de negociaciones, pero la realidad es que la paz está más cerca y, al mismo tiempo, más lejos que nunca. Ni 24 horas, como prometió durante la campaña electoral, ni tampoco 12 meses.
Ese es el principal problema del proceso de arreglo en Ucrania. Los combates no cesan, las bajas siguen aumentando, las presiones y los ultimátum no dan resultado, y Trump pierde interés. Y es que es bien sabido que se aburre cuando no se sale con la suya.
Mientras el Kremlin intenta ganar tiempo para convertir su victoria en un hecho consumado, Kiev quiere garantías antes de venderle a su pueblo la idea de que liberar el territorio ocupado por los rusos ya no es una opción.
Ucrania ha demostrado ser un hueso mucho más duro de roer de lo que esperaba el inquilino de la Casa Blanca, consciente de que esa es la auténtica "guerra de nuestro tiempo" y no las ocho restantes.
En las últimas semanas Trump ha oscilado entre la "decepción" con el líder ruso, Vladímir Putin, a acusar al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, de ser el mayor obstáculo para la paz.
Bueno, no para la paz, sino para el plan estadounidense, que Kiev se niega a aceptar, ya que significaría reconocer la anexión rusa, a lo que Washington sí parece dispuesto.
Europa, enfrentada a EE.UU. en Groenlandia, está intentando tímidamente incrementar su implicación en el arreglo del conflicto al margen de Washington, no sólo como corrector de las propuestas prorrusas de Trump, sino como garante de la seguridad de Ucrania.
Incluso los líderes de Francia, Alemania e Italia se mostraron dispuestos a reanudar los contactos con Putin. El Kremlin recogió inmediatamente el guante.
Las negociaciones están donde las dejaron en 2025. Zelenski dijo que "en un 90 %" todo está acordado, pero es que ese 10 % es la manzana de la discordia desde 2022.
La cuestión territorial no admite medias tintas. Ucrania no sólo no quiere, sino que no puede reconocer la ocupación rusa. La única salida es un referéndum, pero para eso habría que detener los combates, algo que Moscú no quiere.
Las garantías de seguridad son otro callejón sin salida. La única vía segura para evitar una segunda invasión es el despliegue de tropas. Europa está a favor, Rusia en contra. Es decir, las posturas en los dos puntos más importantes están a años luz.
La nueva mano derecha de Zelenski, el general Kirilo Budánov, nombrado recientemente jefe de gabinete, encabezó la delegación que mantuvo el fin de semana consultas en Florida (EE.UU.) y tiene previsto hacer lo mismo esta semana en el Foro de Davos.
Mientras, el emisario económico del Kremlin, Kiril Dmítriev, llegó este martes a la ciudad suiza, donde, según la prensa, tiene previsto reunirse con los representantes de la Casa Blanca para Ucrania, Steve Witkoff y Jared Kushner.
En este principio de año el ejército ruso se ha concentrado en martillar la infraestructura energética con el fin de matar de frío al enemigo. Ucrania respondió atacando la zona fronteriza.
Y es que el 'general invierno' -la nieve y las bajas temperaturas- ha frenado el ímpetu ruso a lo largo de todo el frente.
El pasado 15 de enero el jefe del Estado Mayor ruso, Valeri Guerásimov, estimó en 300 kilómetros cuadrados la superficie conquistada desde principios de año.
Tras la toma de Síversk en el norte y Huliaipole en el sur, las fuerzas rusas avanzan en dirección a Sloviansk en Donetsk y hacia la homónima capital de Zaporiyia.
Con todo, los rusos no han podido tomar en su totalidad Pokrovsk ni su ciudad satélite, Mirnograd, lo que ralentiza sus operaciones en el resto del frente. Mientras, los muertos en las filas rusas superan ya los 300.000, según admiten blogueros militares rusos.
Además, los ucranianos dicen haber frenado al enemigo en el bastión de Kúpiansk (Járkov), donde habrían recuperado terreno para sorpresa de los propagandistas rusos. EFE
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