Lucía Blanco Gracia
Nairobi, 16 ene (EFE).- La expresidenta liberiana Ellen Johnson-Sirleaf (2006-2018) tomó posesión como primera mujer elegida en las urnas para ocupar una jefatura de Estado en África el 16 de enero de 2006, pero, veinte años después de este hito histórico, su legado es controvertido y las mujeres africanas siguen encontrando obstáculos para acceder al más alto nivel del poder político en el continente.
"Mi Administración se esforzará por dar a las mujeres liberianas un papel destacado en todos los asuntos de nuestro país", afirmó la mandataria en su discurso de investidura, una promesa para la que sus políticas acabaron siendo insuficientes.
Johnson-Sirleaf llegó a la Presidencia después de ganar en noviembre de 2005 la segunda vuelta de las elecciones presidenciales con el 59,4 % de los votos, por delante de su rival, el exfutbolista George Weah (que acabaría venciéndola en las urnas en 2017).
Sirleaf tomó las riendas de un país devastado por dos cruentas guerras civiles (1989-1997 y 1999-2003), que causaron más de 250.000 muertos, y ha sido alabada internacionalmente por mantener la paz e impulsar la economía durante su mandato.
Esto le valió el Premio Nobel de la Paz en 2011 "por su lucha no violenta por la seguridad de las mujeres y por su derecho a participar plenamente" en el proceso de paz, así como el Premio Ibrahim al Liderazgo Africano (dotado con cinco millones de dólares).
Pero esta reputación internacional contrasta con una imagen polémica a nivel doméstico y dos mandatos teñidos por acusaciones de corrupción y nepotismo (con hasta veinte miembros de su familia con cargos gubernamentales), así como con avances insuficientes para los derechos de las mujeres.
"Atrajo una importante asistencia técnica internacional para la gestión de las finanzas públicas, Liberia se benefició de la condonación de deuda (cerca de 5.000 millones de dólares) y sus recursos nacionales se abrieron a la inversión internacional, mientras también aumentó el nombramiento de mujeres para puestos de poder", explica a EFE Sampson Kwarkye, investigador del sudafricano Instituto de Estudios de Seguridad (ISS).
"A pesar de estos logros, la corrupción siguió siendo insidiosa, las condiciones de los liberianos no mejoraron significativamente -de hecho, el país sigue siendo uno de los más pobres del mundo-, y la disfuncionalidad institucional, sobre todo respecto a la gestión de las finanzas públicas, persiste", añade.
"Yo lo rompí (el techo de cristal) pero, si es solo una mujer la que lo rompe, no hemos alcanzado el objetivo", afirmó la propia Johnson-Sirleaf en una entrevista con EFE en Madrid en marzo de 2022.
África, un continente de 54 países soberanos, ha tenido alrededor de una decena de presidentas, pero solo tres de ellas lo fueron mediante elecciones: además de Johnson-Sirleaf, Netumbo Nandi-Ndaitwah fue investida en Namibia el pasado marzo y Samia Saluhu Hassan, en Tanzania este noviembre.
Hassan fue elegida en las urnas después de heredar el poder directamente tras la muerte de su antecesor, John Magufuli, como les sucedió a varias mujeres en el continente, mientras otras recibieron presidencias interinas durante transiciones políticas.
La malauí Joyce Banda ejerció la jefatura de Estado tras la muerte de su predecesor, Bingu wa Mutharika, desde abril de 2012 hasta las elecciones de mayo de 2014, en las que fue derrotada; y fue considerada en 2014 la mujer más poderosa de África por la revista Forbes.
Accedieron al mismo cargo la etíope Sahle-Work Zewde (2018-2024) y la mauriciana Ameenah Gurib-Fakim (2015-2018), elegidas por las asambleas nacionales de sus países, si bien en Etiopía y Mauricio el poder ejecutivo recae sobre el primer ministro y no sobre el presidente.
Por otro lado, más de una decena de mujeres han ejercido de primeras ministras.
Según un informe del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA), la representación de las mujeres en altos cargos de gobierno en África pasó del 7 % en 2021 al 13 % en 2024, mientras la presencia femenina en los parlamentos africanos solo aumentó un punto porcentual, del 25 % al 26 %.
De mantenerse este ritmo, se estima que los países africanos no lograrán la paridad de género en sus parlamentos hasta el año 2100, si bien hay grandes variaciones: desde Ruanda, con un 61 % de mujeres en el Legislativo, hasta Nigeria, con un 4 %.
Como explica a EFE la analista política keniana Nerima Wako-Ojiwa, "los desafíos son similares (a cuando Johnson-Sirleaf fue elegida): desde el costo de la política, que incluso se ha encarecido (concurrir en comicios es muy caro en África) hasta barreras como el sexismo en los partidos políticos, con acoso sexual y abuso". EFE