
La reducción de la exposición solar durante los meses más fríos ofrece un contexto favorable para la recuperación tras un peeling químico, un procedimiento que contribuye a mejorar la textura, luminosidad y aspecto general de la piel. Según informó el medio, enero y febrero se consideran ideales para este tratamiento debido a que la menor radiación ultravioleta reduce el riesgo de aparición de manchas y facilita la regeneración cutánea.
Tal como publicó la fuente, el peeling químico consiste en una exfoliación controlada de las capas superficiales de la piel realizada mediante la aplicación de uno o más ácidos quimioexfoliantes. Esta técnica busca reactivar la regeneración celular y está recomendada para quienes desean iniciar el año cuidando su piel, junto con otros propósitos habituales como seguir una dieta equilibrada o retomar la actividad física.
El peeling químico se clasifica principalmente según la profundidad a la que actúa en la piel, una característica que depende de factores como el pH, la concentración y la textura del ácido utilizado. Según la facialista Pilar Gaudí, directora de los centros Nina Merli en Granada, esta profundidad se determina por el tipo de ácido y su presentación, siendo los ácidos más líquidos aquellos que se absorben de forma más veloz. El procedimiento puede utilizar ácido glicólico, láctico, mandélico, cítrico o azelaico, todos ellos miembros de los llamados alfahidroxiácidos (AHAs), que provienen de fuentes naturales como frutas y vegetales, así como betahidroxiácidos (BHA). La selección del ácido se adapta al tipo de piel y a la patología concreta que se desee tratar.
De acuerdo con la fuente, la recomendación habitual para el tratamiento consta de entre cuatro y seis sesiones, separadas por intervalos de quince días. Cada sesión persigue objetivos como oxigenar y purificar la piel, mejorar su luminosidad, unificar el tono y reducir la apariencia de los poros, las marcas de acné y las cicatrices. Según Pilar Gaudí, "el peeling químico es un magnífico tratamiento de regeneración cutánea que se recomienda para oxigenar y purificar la piel, aportarle luminosidad y unificar el tono, además de ser muy efectivo para cerrar poros, combatir los efectos del envejecimiento y difuminar lo que serían marcas o cicatrices", tal como consignó el medio que presenta el tema.
El peeling químico representa, en opinión de los especialistas citados por la fuente, una herramienta adecuada contra hiperpigmentaciones amplias como el melasma. En referencia a manchas puntuales provenientes de la exposición solar o la edad, la experta sugiere que la luz pulsada intensa (IPL) suele ofrecer mejores resultados. El método está organizado en tres categorías: superficial, medio y profundo. La profundidad depende del pH y la concentración del ácido. Los peelings superficiales y medios se efectúan generalmente para el tratamiento en cabina y alcanzan hasta la dermis papilar. Los profundos, que exceden ese nivel, son considerados tratamientos médicos y habitualmente requieren algún tipo de anestesia.
El medio detalló que existen varios tipos de peelings químicos, diseñados para diferentes necesidades como la reducción de poros dilatados, regulación del sebo, atenuación de arrugas, igualación del tono, mejora de cicatrices y distintas imperfecciones en la piel. La elección del ácido y la técnica responde al objetivo que se desea alcanzar.
Otra consideración fundamental es la preparación previa de la piel. El proceso requiere una cita de diagnóstico con un profesional capacitado que evalúe el estado cutáneo y determine si el tratamiento es adecuado. En esta etapa se valora la hidratación y otros indicadores para asegurar que la piel esté en condiciones propicias. Según el reporte de la fuente, un buen acondicionamiento antes del procedimiento asegura una exfoliación más rápida y homogénea y posibilita una recuperación más breve y efectiva.
Respecto al tiempo de recuperación, el proceso varía según la intensidad del peeling aplicado. Los superficiales y medios ocasionan enrojecimiento y descamación que puede persistir hasta siete días aproximadamente. En los peelings profundos, el periodo de recuperación se extiende y se acompaña de inflamación y una descamación más notoria. Este procedimiento genera una agresión controlada a la piel, y en los días siguientes es común experimentar tirantez, sequedad y enrojecimiento. Al finalizar la fase de descamación, la epidermis se renueva mostrando un aspecto más uniforme y suave, con poros menos visibles y mayor luminosidad.
La experta Pilar Gaudí subrayó en la publicación consultada que, pese a los beneficios demostrados, el tratamiento no se recomienda para todas las personas y puede implicar riesgos, por lo que debe ser realizado por profesionales calificados. Añadió que resulta aconsejable consultar previamente a un dermatólogo o a un esteticista especializado antes de iniciar el proceso.
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