
El reciente discurso de Año Nuevo del presidente chino Xi Jinping, en el que sostuvo que la “reunificación” con Taiwán representa una “tendencia” irreversible fundamentada en los lazos de “sangre” entre las poblaciones de ambos lados del estrecho, se produjo en un contexto de creciente presión militar por parte de China contra el territorio insular. Según informó el Departamento de Estado de Estados Unidos, estas acciones han generado una respuesta inmediata de Washington, que ha demandado a China el cese de su presión militar y el inicio de un diálogo constructivo con Taiwán.
De acuerdo con el comunicado difundido por el portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, Estados Unidos “insta a Pekín a que actúe con moderación, cese su presión militar contra Taiwán y, en su lugar, entable un diálogo constructivo”. El medio describió que esta exhortación surgió tras la realización de una serie de maniobras militares de las fuerzas armadas chinas en torno a Taiwán, ejercicios rechazados públicamente por el gobierno taiwanés.
El Departamento de Estado, dirigido por Marco Rubio, advirtió que “las actividades militares y la retórica de China hacia Taiwán y otros países de la región aumentan innecesariamente la tensión”. En el mismo sentido, Estados Unidos enfatizó su respaldo a “la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán”, recalcando la oposición de Washington ante “cambios unilaterales del statu quo, incluso mediante la fuerza o la coerción”, según consignó el comunicado oficial citado por el medio.
Dicha postura representa un claro distanciamiento frente a lo expresado previamente por el presidente Donald Trump. El medio detalló que, el martes anterior, Trump restó importancia a las maniobras de Pekín, asegurando que “no le preocupaban nada” porque, en sus palabras, “llevan 20 ó 25 años” realizando este tipo de ejercicios, si bien reconoció que “ahora la gente lo interpreta de forma un poco diferente”.
En cuanto al desarrollo de estos ejercicios militares, el mismo medio señaló que China inició el lunes las operaciones en las inmediaciones de Taiwán, describiéndolas como una “severa advertencia contra fuerzas separatistas que promueven la independencia” en el territorio insular. El gobierno de Taiwán respondió rechazando las maniobras, señalando que ponen en riesgo tanto la estabilidad regional como la “paz en el mundo”, aunque el Ejecutivo taiwanés afirmó su compromiso de “no intensificar el conflicto”.
A lo largo de los últimos años, la relación entre Pekín y Taipéi ha experimentado episodios recurrentes de tensión, marcados por el despliegue de fuerzas militares y una retórica que subraya los reclamos de China sobre la isla. Según publicó el medio, Washington ha reiterado en esta ocasión su respaldo a la preservación del statu quo y a la vía del diálogo, rechazando la imposición de cambios a través de la intimidación o el uso de la fuerza.
El comunicado de la diplomacia estadounidense también hizo referencia al contexto regional, enfatizando cómo las acciones militares de China no solo afectan a Taiwán, sino que incrementan la inseguridad y la inestabilidad en toda Asia. En este sentido, los llamados de Washington pretenden no solo disuadir a Pekín de intensificar su presencia militar en torno a la isla, sino también enviar un mensaje a los actores regionales sobre la importancia de mantener la estabilidad.
Las declaraciones contrastan con el clima manifestado por Trump días antes, quien situó las maniobras militares de China dentro de una supuesta normalidad, aunque voceros actuales del Departamento de Estado señalaron que la magnitud y frecuencia recientes superan los antecedentes de décadas anteriores, lo que genera interpretaciones internas y externas distintas respecto al nivel de amenaza.
Por su parte, Taiwán ha mantenido una postura de rechazo frente a las actividades chinas, subrayando los riesgos asociados para la paz regional e internacional. La reacción oficial de Taiwán, recogida por el medio, incluyó una promesa de no escalar el conflicto, reforzando su preferencia por soluciones pacíficas pese al aumento de la presión militar.
En el contexto de las relaciones internacionales, la nueva posición de Estados Unidos pone de relieve la tensión entre las grandes potencias en torno al futuro de Taiwán. Como reportó el medio, tanto declaraciones públicas como movimientos de fuerzas armadas en la región continúan generando preocupación entre los gobiernos y observadores, ante la eventualidad de que un conflicto pueda impactar el equilibrio en Asia oriental.
Washington reiteró su llamado a la moderación y a una resolución pacífica, rechazando cualquier alteración del statu quo basada en la intimidación o la imposición del poder militar, una línea que busca mantener la estabilidad en el país insular y su entorno. El Departamento de Estado finalizó su declaración recordando que la promoción del diálogo sigue siendo la mejor vía para evitar una escalada de consecuencias potencialmente imprevisibles.