La junta militar de Guinea Bissau adopta una Carta Política de Transición "para restablecer el orden público"

Altos mandos militares asumen atribuciones fundamentales en la gestión estatal de Guinea Bissau, desplazando a los organismos civiles y judiciales por un nuevo esquema de control transitorio que busca centralizar la toma de decisiones y responder a crisis institucionales graves

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La justificación de la intervención militar en la administración pública de Guinea Bissau se basa en la identificación de graves “carencias” de los mecanismos civiles, señaladas como causa principal de la crisis institucional que atraviesa el país. De acuerdo con el medio local ‘O Demócrata’, la junta militar ha promulgado la denominada Carta Política de Transición, designando a altos mandos castrenses para asumir el control estatal al tiempo que suspende organismos fundamentales tanto de la función pública como del ámbito judicial. La noticia central reside en la creación de un Consejo Nacional de Transición que centraliza la toma de decisiones, desplazando a las instancias civiles y judiciales habituales bajo el argumento de restaurar el orden público y preservar la unidad nacional en un contexto de emergencia.

Según reportó ‘O Demócrata’, el Consejo Nacional de Transición asume desde este momento competencias clave en la gestión política y administrativa del país. Este órgano, conformado mayoritariamente por figuras de la cúpula militar, concentra tanto la revisión como la ejecución de normativas legales y administrativas mientras dure el periodo de excepción decretado. La principal novedad institucional radica en que la dirección de las respuestas estatales ante emergencias ha quedado en manos de la autoridad castrense, tras la eliminación del Consejo Superior de la Magistratura Judicial y otras estructuras civiles previamente encargadas de la supervisión y el control estatal.

La Carta Política de Transición, detalló ‘O Demócrata’, nace como reacción ante una crisis acentuada por constantes episodios de inestabilidad política, tensiones de origen étnico y dificultades en la gobernabilidad. Para la junta militar, los reiterados intentos civiles de revertir estas situaciones a través de convocatorias electorales y dispositivos administrativos no proporcionaron resultados satisfactorios ni estabilizaron el país. Por ello, los mandos militares defienden que la única vía para superar el actual escenario es una centralización bajo control castrense, articulando a través de la nueva carta políticas inmediatas y modificaciones legales internas con carácter de urgencia.

El esquema impulsado atribuye a la junta militar la facultad para suspender organismos estatales autónomos y sustituirlos por instancias controladas directamente por el estamento militar. Tanto el Ministerio Público como la Fiscalía han quedado supeditados a la orientación y decisión de mandos castrenses, lo cual representa un cambio profundo en la tradicional separación e independencia de poderes. Según indicó ‘O Demócrata’, la justificación aportada por los promotores de la transición sostiene que someter la persecución penal y la tutela judicial a un marco extraordinario permitirá respuestas más ágiles y eficaces frente a delitos y controversias surgidas en el contexto actual.

El documento oficial de la junta militar remarca que estas disposiciones tienen vigencia únicamente durante la transición, insistiendo en la naturaleza temporal y excepcional del nuevo modelo. Según publicó ‘O Demócrata’, entre los objetivos centrales de la Carta Política de Transición se incluyen la salvaguardia de derechos fundamentales y la cohesión nacional, buscando amortiguar cualquier efecto adverso potencial causado por la polarización política o étnica. Para legitimar la medida, la autoridad militar argumenta que la centralización del poder responde a la necesidad de evitar un agravamiento de la crisis y prevenir la fragmentación o paralización del aparato estatal.

En lo operativo, la nueva estructura transfiere facultades tanto consultivas como ejecutivas a los altos mandos militares, permitiéndoles definir las prioridades legislativas, controlar el funcionamiento de la administración y dirigir la acción de gobierno. El rediseño institucional, afirmó el medio local, aspira a reducir la burocracia y dotar al Estado de un mecanismo más flexible y rápido ante eventuales situaciones de crisis o la aparición de amenazas a la seguridad y convivencia.

Además, el modelo de supervisión estipula la participación de grupos civiles, convocados a ocupar puestos en instancias especiales con el propósito de observar y acompañar el desarrollo de la transición. Estas comisiones no gozan de competencias independientes, sino que actúan como interlocutores y testigos del proceso según lo dispuesto por el Consejo Nacional de Transición, reportó ‘O Demócrata’. La administración ordinaria del Estado queda interrumpida durante este periodo, pasando a regirse por normas de excepción que privilegian la adaptabilidad y la inmediatez en la toma de decisiones.

En el ámbito jurídico, precisó el medio, la eliminación del Consejo Superior de la Magistratura Judicial y la sujeción de la Fiscalía al control militar obedecen a la perspectiva de que una vigilancia reforzada por las fuerzas armadas permitirá orientar las resoluciones jurídicas hacia los objetivos nacionales definidos por el alto mando. El rediseño del sistema judicial y administrativo se presenta justificado por el propósito de evitar retrocesos sociales, violencia o escenarios de desintegración institucional, según las declaraciones difundidas oficialmente y reflejadas por ‘O Demócrata’.

La junta militar ha reiterado que estos cambios no aspiran a institucionalizarse más allá de la coyuntura, indicando que el regreso al funcionamiento democrático ordinario se reanudará una vez superada la situación de emergencia. El periódico local destaca que la razón de fondo alude a la protección de la estabilidad y la operatividad del Estado, priorizándose sobre el ejercicio descentralizado y autónomo de las competencias civiles y judiciales tradicionales.

En términos de prevención y vigilancia, la Carta Política de Transición faculta al Consejo Nacional de Transición a revisar y modificar instrumentos legales, dirigiendo la atención sobre posibles brotes de violencia, altercados sociales o divisiones internas. Toda la capacidad decisoria relevante para la seguridad, la administración y la reforma legal queda centralizada, sin que los balances tradicionales entre poderes funcionen en la estructura transitoria vigente.

Las comunicaciones oficiales, recogidas por ‘O Demócrata’, insisten en describir a la autoridad militar como depositaria temporal del poder estatal, responsable de garantizar la cohesión y la continuidad del Estado nacional ante el riesgo de prolongación de la crisis o de fractura irreparable del entramado institucional. Según la misma fuente, esta concentración de funciones en manos castrenses se presenta como la única vía posible para sortear los peligros de paralización, ineficacia o división del aparato gubernamental.

La administración de Guinea Bissau, durante esta etapa, opera sobre la base de un sistema de control que suspende las fórmulas habituales y prioriza la intervención militar en todos los ámbitos esenciales. Según la cobertura de ‘O Demócrata’, la transición responde a una lógica de emergencia cuyo horizonte declarado es restablecer el orden y la normalidad democrática una vez alcanzadas garantías de unidad e integridad nacional.