
En su repaso de la historia de Barcelona, Eduardo Mendoza enfatizó el impacto que ha tenido la llegada reciente de residentes internacionales a la ciudad y los retos sociales asociados a este fenómeno. El escritor barcelonés sugirió que resulta necesario centrar los debates ciudadanos en los desafíos inmediatos derivados de estos cambios, señalando que la expansión del teletrabajo y el atractivo de Barcelona en aspectos como clima y oferta cultural han favorecido la instalación de nuevos habitantes extranjeros, un fenómeno que transformó la vida urbana y exige nuevas formas de integración. Estas declaraciones se produjeron en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), durante su intervención tras recibir la Medalla Carlos Fuentes, según detalló la FIL.
El reconocimiento al novelista se realizó en la inauguración del Salón Literario de la FIL, con la entrega formal de la medalla a cargo de Silvia Lemus, viuda de Carlos Fuentes. De acuerdo con la FIL, esta distinción celebra toda la trayectoria de Mendoza y su aporte a la literatura en español. Durante su discurso, el autor aprovechó para repasar los momentos clave que han definido la identidad cultural de Barcelona y, en particular, subrayó la trascendencia que tuvieron los escritores latinoamericanos en la renovación literaria de la ciudad.
Según consignó la FIL, Mendoza abordó cómo tras la Guerra Civil y bajo la dictadura franquista, el consumo cultural en Barcelona se redujo considerablemente y se centró básicamente en los tebeos y el cine. Mendoza recordó que, en su infancia, las películas mexicanas interpretadas por figuras como Pedro Infante, María Félix y Mario Moreno “Cantinflas” formaban parte esencial del entretenimiento de la época. Posteriormente, la situación comenzó a alterarse desde la década de 1960, cuando la capital catalana vivió una apertura marcada por la llegada de capitales extranjeros y, sobre todo, por la irrupción de una nueva generación de escritores latinoamericanos, fenómenos que coincidieron con otras transformaciones sociales.
En su intervención, Mendoza describió ese periodo de efervescencia cultural y creatividad como una “transfusión de sangre nueva”, según recogió la FIL de Guadalajara. El escritor señaló que el encuentro y la interacción entre los autores latinoamericanos recién llegados y la comunidad literaria local propiciaron un ambiente de entusiasmo colectivo. Esta interacción abrió la puerta a una diversidad mucho mayor en el manejo del lenguaje y aportó perspectivas renovadas, lo que, según relató Mendoza, redirigió el rumbo de la literatura en Barcelona y estimuló una fase creativa que marcaría un cambio de época.
A lo largo de su exposición, Mendoza realizó un recorrido por la evolución de la ciudad desde sus orígenes, mencionando los primeros asentamientos íberos, el paso de cartagineses y romanos, hasta llegar a la Edad Media. El escritor hizo hincapié en que el impulso marítimo de la ciudad y el desarrollo del arte gótico sentaron las bases del despegue barcelonés durante el medievo. El autor identificó épocas de estancamiento posteriores, especialmente durante los siglos XVIII y XIX, y contextualizó la recuperación cultural de Barcelona en la etapa posterior a la guerra de sucesión, así como en la llegada de la modernidad, un proceso que atribuyó al esfuerzo de todos los sectores de la sociedad local.
De acuerdo con la FIL, Mendoza repasó la influencia decisiva que ejerció la Revolución Industrial en el desarrollo económico y social de Barcelona, destacando el papel de la burguesía catalana en este auge. El novelista situó la expansión del modernismo como un nuevo ciclo transformador de la ciudad, aunque advirtió que este crecimiento acelerado también trajo consigo tensiones y episodios de violencia, lo que llevó a acuñar el apodo de “rosa de fuego” para referirse a la capital catalana en épocas de conflicto social.
El relato de Mendoza, según la FIL, ligó estos sucesivos cambios urbanos y culturales con las secuelas de las diferentes dictaduras del siglo XX y el aislamiento cultural experimentado tras la Guerra Civil. En esta etapa, Barcelona se identificaba con el bando perdedor, lo que condicionó tanto su vida política como su desarrollo cultural durante décadas. Esta situación de encierro y falta de apertura se proyectó a lo largo de gran parte del siglo pasado hasta la llegada de la democracia y el restablecimiento de la proyección internacional.
Con la transición democrática, señaló Mendoza, factores como el clima benigno, la gastronomía y costos aceptables facilitaron la llegada de visitantes extranjeros. La FIL detalló que estas características terminaron por posicionar a Barcelona como uno de los destinos turísticos más destacados de Europa y atrajeron un flujo creciente de turistas que se intensificó en décadas recientes. Este flujo aumentó aún más con los cambios producidos por la pandemia, situación que, sumada al auge del teletrabajo, intensificó el establecimiento de poblaciones foráneas —los llamados “expats”— en la ciudad.
La FIL recogió en su crónica las reflexiones finales del autor, quien opinó que se deben orientar los debates públicos hacia las cuestiones más urgentes que enfrenta hoy la ciudad, como la adaptación a las nuevas realidades demográficas y sociales. Mendoza deslizó la esperanza de que este acto de reconocimiento no solo sirviera como una mirada retrospectiva sobre el pasado barcelonés, sino que impulsara el análisis en torno a los desafíos y posibilidades de la Barcelona actual.
Durante el evento, Marisol Schulz, directora de la FIL, puso de relieve la proyección internacional alcanzada por la obra de Mendoza y su influencia en lectores de diferentes generaciones. Según reprodució la FIL, Schulz sostuvo que la narrativa del autor ha dejado huella en las letras contemporáneas en español, justificación por la cual la Medalla Carlos Fuentes pretende reconocer tanto la solidez de su trayectoria como el impacto de sus aportes literarios en el mundo hispanoamericano.