Abrir una bolsa de lechuga para preparar una ensalada y descubrir al día siguiente que ya está mustia o con hojas blandas es una situación más común de lo que parece. Lo que empezó siendo un producto práctico para ganar tiempo en la cocina, muchas veces acaba en desperdicio porque, una vez abierta la bolsa, las hojas pierden rápidamente su frescura y adoptan una textura poco apetecible.
Para dar solución a este problema, la nutricionista Júlia Farré, conocida en Instagram como @julia_farre_moya, ha compartido lo que ella misma define como un "truco infalible".
En un vídeo explica que, una vez abierta, la bolsa acumula humedad en su interior y eso provoca que las hojas se ablanden y pierdan frescura en cuestión de horas. La forma de evitarlo es tan sencilla como introducir dentro de la bolsa un trozo de papel de cocina absorbente antes de cerrarla de nuevo. Ese papel actúa como esponja: recoge el exceso de humedad y ayuda a que la lechuga se mantenga firme durante más tiempo.
POR QUÉ SE ESTROPEA TAN RÁPIDO
La lechuga envasada suele conservarse bien durante unos siete días si la bolsa permanece cerrada y refrigerada a unos 4 ºC. El problema aparece en cuanto se abre: al quedar expuesta al aire y acumular humedad en su interior, el deterioro se acelera y las hojas se estropean mucho más rápido que en la lechuga fresca.
Según explican en su web los especialistas del Grupo Lucas, empresa hortofrutícola con sede en Murcia, la clave para conservar esta verdura está en equilibrar dos factores: la humedad y el aire.
Un nivel moderado de humedad ayuda a mantener las hojas frescas y crujientes, pero si es excesiva provoca que se ablanden en poco tiempo. Del mismo modo, un contacto prolongado con el aire favorece la oxidación, que oscurece las hojas y les da un aspecto poco apetecible. Mantener bajo control ambos factores es esencial para prolongar la vida útil de la lechuga.
CONSEJOS PRÁCTICOS PARA CONSERVAR LECHUGA FRESCA
¿Y qué pasa con la lechuga fresca?, los expertos de grupo Lucas aseguran que la clave está en cómo la manipulamos después de comprarla. Para prolongar su frescura, recomiendan:
Lavar bien las hojas bajo el grifo para retirar restos de tierra y suciedad, e incluso desinfectarlas con unas gotas de lejía de uso alimentario antes de enjuagarlas.
Secarlas completamente con un centrifugador o papel absorbente antes de guardarlas. Si quedan húmedas, la temperatura del frigorífico acelera su deterioro.
No cortar la lechuga antes de tiempo, ya que al hacerlo aumenta la oxidación. Si es necesario trocearla, mejor con cuchillo de cerámica o plástico en lugar de uno de acero.
Conservarla en los cajones menos fríos de la nevera, diseñados para frutas y verduras, dentro de un recipiente con papel absorbente que recoja la humedad sobrante.
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