Un equipo de científicos, liderado por investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), ha desarrollado unas diminutas partículas inteligentes capaces de guiar a las células de las terapias CAR-T hasta los tumores sólidos para conseguir su eliminación con precisión.
Las CAR-T se producen a partir de células precursoras de linfocitos, linfocitos T, extraídas del propio paciente, en las que se introducen modificaciones genéticas para dotarlas de la capacidad de detección de determinados patrones moleculares presentes únicamente en las células tumorales, denominados antígenos tumorales.
De esta forma, cuando estas CAR-T se inyectan en el paciente, son capaces de buscar y destruir las células cancerosas de una forma extremadamente precisa y han demostrado una enorme eficacia para tratar tumores líquidos. Sin embargo, su eficacia en el tratamiento de tumores sólidos ha sido hasta el momento muy escasa.
Una de las principales razones que explican esta baja eficacia es la incapacidad de las CAR-T de reconocer a la célula tumoral dentro de un tejido tan complejo como suele ser un tumor sólido, donde no solo hay células tumorales, sino múltiples poblaciones celulares. Además, las células tumorales aprenden con el tiempo a ocultar sus antígenos superficiales dificultando aún más su reconocimiento por las CAR-T.
En este contexto, un equipo de científicos de la UPM, el Hospital Niño Jesús de Madrid y el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) ha desarrollado nanopartículas inteligentes capaces de navegar por el torrente sanguíneo, acumularse en la zona tumoral y, una vez allí, marcar selectivamente a las células tumorales con una determinada molécula, denominada fluoresceína, que es reconocida por las CAR-T, ya que las células T han sido específicamente diseñadas para detectar este patrón molecular.
Para comprobar su eficacia, se han ensayado en modelos tumorales de neuroblastoma en ratones, un tipo de cáncer infantil muy agresivo que afecta al sistema nervioso y que actualmente no cuenta con tratamientos eficaces. Con ello, han comprobado que su administración mejora significativamente la capacidad de las CAR-T de reconocer y destruir de forma selectiva las células malignas.
En palabras del investigador líder, Alejandro Baeza, de la UPM, estas protocélulas, como se las llama, actúan como un sistema de guiado que señala el camino que tienen que seguir las CAR-T para erradicar el tumor, sin afectar al resto de células sanas del organismo. Se espera que la información que se obtenga con estos ensayos permita estudiar su aplicación en humanos en un plazo de dos a cinco años.
El proyecto ha sido financiado a través del proyecto del Ministerio de Ciencia e Innovación y la Asociación Pablo Ugarte.
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