Patricia Rodríguez
Londres, 28 ene (EFE).- Cinco años después, el Brexit se ve como "un paso atrás" en las relaciones económicas y comerciales entre el Reino Unido y la Unión Europea, con trabas para las empresas españolas que operan desde este país para importar o exportar y para contratar personal de fuera.
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Aunque el país votó a favor de salir de la Unión Europea (UE) en junio de 2016, los cambios no entraron en vigor hasta enero de 2021, tras el periodo de transición que se abrió en 2020, con la aplicación del Acuerdo de Comercio y Cooperación (TCA), un tratado que exime de aranceles y cuotas, pero que al introducir controles fronterizos conllevó modificaciones burocráticas y mayores costes variables y fijos para las empresas.
Según un estudio de economistas de la Universidad de Aston (Inglaterra) divulgado en septiembre de 2024, a nivel general el efecto del Brexit sigue siendo "profundo y continuo" en el comercio con la UE.
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Las exportaciones e importaciones anuales entre ambas partes son un 17 % y un 23 % inferiores, respectivamente, a las que habrían sido dentro del bloque, conforme a ese análisis.
Otro documento difundido hace apenas un mes por la London School of Economics, algo más optimista, revela que la salida del mercado único y la unión aduanera en enero de 2021 redujo las exportaciones de este país menos de lo pronosticado, en un 6,4 % y las importaciones en un 3,1 %, hasta finales de 2022.
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El divorcio afectó sobre todo a pequeños negocios, algunos de los cuales dejaron de comerciar con los Veintisiete, si bien la buena adaptación de los grandes hizo que, en conjunto, la caída del comercio fuera inferior al 15 % a largo plazo proyectado por la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria, que supervisa las finanzas públicas.
En el caso de compañías españolas que importan y exportan hacia y desde este país, Miguel Flavián, experto en comercio exterior de la Cámara de Comercio de España en Londres, dice a EFE que han surgido nuevas barreras que han debido abordarse pero que, aun con todo, este país sigue siendo un buen mercado.
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Los escollos están ahí pero las relaciones comerciales entre España y el Reino Unido están "muy bien establecidas, son muy potentes (...) y, a pesar de las complicaciones, la vida sigue y sigue siendo un mercado muy interesante", sostiene.
Lo que parece innegable es que las trabas burocráticas, económicas y legales ante el nuevo escenario fuera del mercado único han hecho mella sobre todo en pequeñas compañías, cuyas cuentas ya no cuadran.
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La leonesa Encina Barragán, dueña de la empresa de importación al Reino Unido de productos españoles 'The Ojos Foods', centrada en la distribución a la comunidad musulmana en este país -a quien destinan el 95 % de su ventas-, tilda de "catástrofe" la situación actual.
"Antes de que se implementase el Brexit, exportábamos un montón a Francia, a toda Europa online, ahora solo al Reino Unido", lamenta.
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Explica que su compañía trabaja con empresas familiares "porque proporcionan mejores productos y no todas las empresas españolas de negocios familiares están preparadas para este tipo de burocracia".
Barragán recuerda la promesa del ex primer ministro 'tory' Boris Johnson de introducir un acuerdo "libre y gratuito" y despotrica de los "incrementos en aranceles y los costes añadidos en productos como las anchoas importadas, en concepto solo de despacho de aduanas".
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Todo ello ha derivado en la pérdida de proveedores que no quieren tener que ponerse al día con los certificados y auditorías requeridos hasta forzar a negocios como 'The Ojos Foods' a replantearse pedidos.
Al papeleo actual, se sumará a partir del próximo viernes 31, cuando se cumplen cinco años de la entrada del Brexit, un requisito añadido a todos los bienes importados a este país procedentes de la UE, que deberán incluir un nuevo certificado de seguridad y protección.
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Por su parte, Richard Bigg, director y fundador de la cadena de restaurantes españoles en Londres 'Camino', afirma en declaraciones a EFE que, en su momento, conllevó una "pesadilla".
"Llevar un negocio de restaurante español con muchos menos empleados españoles -ante el nuevo requerimiento del estatus de 'asentado' para venir a trabajar al país- es una pena. Sería maravilloso contar con más trabajadores (españoles) cara al público", apunta el empresario.
La exigencia de un patrocinio por parte de una compañía en el Reino Unido para traer personal de fuera y el requisito de contar con un salario mínimo fijado en 38.700 libras anuales (unos 45.900 euros) mengua las opciones disponibles, observa Bigg.
"Los patrocinios son complejos y caros y consumen mucho tiempo, así que los hemos evitado, especialmente porque no hay garantía de que (los empleados) vayan a quedarse con nosotros en el largo plazo", reconoce.
Importar alimentos y bebidas se ha vuelto, también, mucho más complejo y más caro: "Simplemente, no podemos absorber todos estos costes extra, así que los restaurantes se han visto obligados a incrementar los precios contra su voluntad", concluye. EFE
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