Noemí Jabois
Aitou (Líbano), 16 oct (EFE).- En la aldea de Aitou, los equipos de rescate buscan a posibles desaparecidos y las excavadoras escarban entre los escombros de un edificio bombardeado el lunes por Israel, un inusual ataque contra una zona de mayoría cristiana en el norte del Líbano que se ha cobrado al menos 21 vidas.
El inmueble de tres plantas, habitado por familias de desplazados que en las últimas semanas habían huido de la campaña de bombardeos israelíes contra el sur del país, se vino completamente abajo. Solo queda un amasijo de piedras salpicado de prendas de ropa, mantas y algún utensilio de cocina.
A su alrededor, algunos coches calcinados y un par de casas vecinas dañadas por la explosión.
"Estaba con mi mujer en la segunda planta y de repente escuchamos un sonido fuerte, como un golpe. Salí a la calle, y vi mucho humo y partes de cuerpos; personas tiradas, escombros y mucho polvo", cuenta a EFE el vecino Dani Alwan sobre los instantes siguientes al ataque israelí.
Todavía se desconoce quién era el objetivo de la acción, que también se llevó por delante las vidas del resto de habitantes de la vivienda.
Es la peor tragedia hasta ahora en la región septentrional del Líbano, que solo había sido objetivo de otro bombardeo hace diez días contra el campo de refugiados palestinos de Beddawi. La furia israelí de las últimas tres semanas ha cargado principalmente contra áreas meridionales y orientales de mayoría chií.
Alwan explica que la vivienda estaba siendo alquilada por desplazados de la zona de Aitaroun, en el sur del país, y que había conocido a uno de ellos. "Vinieron y les abrimos nuestras casas", sentenció.
No quiere señalar a la llegada de personas que tuvieron que abandonar sus hogares en otras zonas del país como la razón para que Aitou fuera atacada por primera vez en un año de conflicto entre el Estado judío y el grupo chií Hizbulá, y tras casi un mes de una escalada israelí sin precedentes.
Sin embargo, el residente de esta aldea de mayoría cristiana no puede evitar preguntarse: "¿Por qué no nos atacaron antes? ¿Por qué ahora?", mientras lamenta que ya ningún punto del Líbano parece estar a salvo de los cazas y drones de Israel.
"Mi sentimiento es que ya no hay ninguna zona segura en todo el Líbano. Ninguna ciudad, aldea o casa segura, ni aquí, ni en Beirut, Trípoli, Bsharri", dice Alwan citando zonas del norte que hasta ahora se han librado del flagelo israelí.
Sarkis Alwan, aún consternado por las escenas "inimaginables" que presenció cuando salió corriendo de su casa tras escuchar el bombardeo, dice a EFE que su hermano fue quien alquiló la casa a las víctimas a través de un conocido en común.
"Al principio eran ocho personas, pero luego recibieron a más gente también desplazada y llegaron a ser unas 20 o 25 personas. Sabes como son los libaneses, tenemos buen corazón y abrimos nuestras casas a todo el mundo, especialmente si hay niños", afirmó.
No esconde que desde lo ocurrido el lunes por la tarde está preocupado por la presencia de desplazados en esta zona de montaña y asegura que los mismos temores se han apoderado de otros residentes, con miedo "a que les pase lo mismo que pasó" con el inmueble ahora reducido a escombros.
"¡Que Dios ayude el pueblo libanés, eso es lo que decimos!", zanjó Sarkis.
Muchos en el Líbano acusan a Israel de querer ahondar las divisiones sectarias ya de por sí tan arraigadas en el país, y temen que el conflicto pueda derivar en enfrentamientos internos entre los diferentes grupos religiosos y políticos, muchos de ellos aún liderados por exseñores de la guerra civil (1975-1990).
Pero aunque algunas zonas sobre todo cristianas se han mostrado reticentes a abrir sus puertas a los 1,2 millones de desplazados, las diferentes comunidades libanesas parecen estar mayormente unidas ante una amenaza que ya planea sobre todos los rincones del país.
La crudeza de la masacre del lunes "rompió el corazón" al vecino de Aitou Elie Aakleh, quién se pregunta "qué culpan tenían" las personas "inocentes" que se encontraban en la casa.
Comenta que los ayuntamientos han comenzado a censar a los desplazados que han llegado a las zonas bajo su jurisdicción, si bien cree que aún así "nadie puede saber si son (potenciales) objetivos de ataques" y que a partir de ahora habrá que pensárselo "dos veces" antes acoger a desconocidos.
"Si vienen diez o doce personas y se alojan en tu casa, ¿cómo puedes saber cuál es su afiliación o cuáles son sus responsabilidades o trabajos?", agregó.
Más allá de este instinto de protección, Aakleh sabe que la peor crisis de desplazados en la historia del Líbano ha difuminado las líneas entre zonas cristianas, suníes o chiíes, y que ya no tiene sentido pensar en que el estar en una u otra te va a salvar de un bombardeo.
"Todo el Líbano es objetivo. Ya no puedes decir esta comunidad y esta zona, porque todo el país acogió desplazados, todas las zonas", concluyó. EFE
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