Sídney (Australia), 9 ene (EFE).- El plan del referéndum sobre si Australia, quien tiene como jefe de Estado a Carlos III, debe convertirse en una república ha perdido fuerza en el país oceánico, según ha reconocido el Ejecutivo, que no lo ve como una prioridad a corto o medio plazo.
El ministro asistente para la República, Matt Thistlethwaite, reconoció este lunes a la cadena pública australiana ABC que el Partido Laborista seguirá luchando para que "algún día" se de este cambio constitucional pero que se trata de "una prioridad a largo plazo".
El referendo para convertir a Australia en república es una de las promesas electorales del primer ministro australiano, el laborista Anthony Albanese, que propuso celebrarlo en un segundo mandato si es reelegido en 2025.
Esta propuesta, que llevó a Albanese a crear el puesto de ministro asistente para la República, que inauguró Thistlethwaite, ha perdido ímpetu en medio de las presiones por el impacto de la inflación en los precios de los alimentos, servicios, combustible y vivienda, entre otros, así como los desastres naturales que aquejan a los australianos.
A esto se suman los antecedentes de los referendos en Australia: 37 han fracasado, entre ellos uno para convertir a Australia en república celebrado en 1999, que solo obtuvo un 45,13 % de los apoyos, así como el del reconocimiento de los indígenas australianos -impulsado por Albanese y que logró un modesto 39,94 % de síes.
"Sabemos que, por desgracia, el referéndum sobre La Voz (sobre los derechos indígenas) no tuvo éxito, pero no nos rendimos", afirmó Thistlethwaite, al asegurar que espera que "algún día uno de los nuestros sea nuestro jefe de Estado".
Australia -que fue colonia británica hasta 1901 y que al igual que su vecino Nueva Zelanda se rige mediante un sistema monárquico con democracia parlamentaria-, tiene previsto recibir este año a Carlos III, su actual jefe de Estado y que está representado en el país oceánico por el gobernador general, David Hurley.
Si bien el representante de la reina tiene generalmente una figura protocolaria en Australia, este país vivió la mayor crisis constitucional de su historia cuando el gobernador general John Kerr, representante entonces de Isabel II, destituyó el 11 de noviembre de 1975 al primer ministro laborista Gough Whitlam.
Tras la remoción de Whitlam bajo el argumento de que no renunció o convocó elecciones tras no lograr el apoyo parlamentario para aprobar el presupuesto, Kerr designó como primer ministro interino al entonces líder de la oposición, el liberal Malcom Fraser, quien después ganó las elecciones de ese año.
Una encuesta de la consultora Roy Morgan publicada poco después de la muerte de la anterior monarca británica Isabel II en septiembre de 2022 reveló que el 60 % de los australianos quiere mantener el actual sistema, frente al 40 % que opta por un cambio hacia la república presidencialista. EFE
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