“Tengo fe”: el dolor de familiares de las víctimas en el incendio en Ciudad Juárez que exigen justicia

Al menos 39 personas fallecieron y más de dos docenas resultaron heridas dentro de una estación migratoria provisional ubicada en Chihuahua, cerca de la frontera norte de México

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Ana Marina López, esposa del
Ana Marina López, esposa del migrante guatemalteco Bacilio Sutuj Saravia, una de las víctimas de un incendio en un centro de detención de migrantes en México. (AP Foto/Moisés Castillo)

Las llamas de un incendio en México trascendieron fronteras, dejando marca en diversos países de América Latina. Ello luego de que el siniestro ocurrido el pasado 27 de marzo (dentro de una estación migratoria provisional a cargo del gobierno federal) cobrara la vida de al menos 39 personas y dejara a más 24 heridos, muchos de ellos de gravedad.

Tras más de 48 horas de la tragedia, y luego de que se emitiera la lista con los nombres de las víctimas, diversas familias de migrantes se encuentran en la incertidumbre por el estado de salud de sus seres queridos, así como en la espera de que se haga justicia.

Con información de la reportera Megan Janetsky, se dio a conocer el caso de Ana Marina López. Su marido, de 51 años de edad, partió de Guatemala rumbo a Estados Unidos. Lo último que se supo de él es que había sido detenido por agentes mexicanos de inmigración en la frontera norte de México.

El gobierno mexicano publicó una
El gobierno mexicano publicó una lista de víctimas que no especifica si se encuentran entre los 39 muertos o las más de dos docenas de heridos. (AP Foto/Moisés Castillo)

La detención ocurrió dos días antes del incendio en el centro de detención de migrantes en Ciudad Juárez.

Luego del siniestro, su nombre apareció en la lista emitida por el gobierno. Sin embargo, en el documento no se especificaba si estaba entre los muertos o los hospitalizados.

La información que mantiene con esperanza tanto a Ana Marina como a su hija, en su pequeña localidad de Guatemala. Ésta historia hace eco en otras más.

Mientras las imágenes del devastador incendio acaparaban los noticieros y medios sociales, familias repartidas por América sufren la agonía de esperar noticias de sus seres queridos. El dolor y la incertidumbre de los familiares subraya cómo los efectos de la migración se extienden mucho más allá de las personas que se embarcan en el peligroso viaje al norte, tocando las vidas de gente en toda la región.

En el incendio 39 personas
En el incendio 39 personas murieron y más de dos docenas resultaron heridas . (AP Foto/Moisés Castillo)

En Juárez, México, una mujer venezolana esperaba noticias de su hermano, sedado e intubado en un hospital. En Honduras, varias familias vieron conmocionadas los videos de guardias que huían de la creciente humareda y las llamas en el centro migratorio.

Y en Guatemala, López sostenía una fotografía de su esposo con un sombrero vaquero, sin saber si estaba vivo o muerto.

“No puede pasar así. Ellos son personas, son humanos”, dijo. "Yo lo que pido es justicia, que ellos no son animales para que los traten así”.

Se sabía poco sobre la causa del incendio ocurrido el 27 de marzo, y las autoridades investigan a ocho personas, incluido un migrante, que podrían haberlo iniciado.

Cuando el esposo de López, Bacilio Sutuj Saravia, salió en su viaje al norte a mediados de marzo, le dijo que iría a México por turismo. Sutuj, que gestionaba un pequeño negocio de transportes con dos camionetas, espero hasta estar en territorio mexicano para decirle que su intención era cruzar a Estados Unidos para ver a su hija y dos hijos.

(Foto: AP Foto/Moisés Castillo)
(Foto: AP Foto/Moisés Castillo)

Sin embargo, nunca tuvo la oportunidad. Al bajar de un autobús el sábado en la estación de Ciudad Juárez, agentes de inmigración le detuvieron.

López se enteró del incendio por los reportes en televisión. Sus hijos no habían podido contactar con Sutuj tras una breve llamada el sábado diciendo que le habían atrapado.

"Que estén las autoridades allí vigilándolos y cuidándolos, no que los dejen encerrados y huyan y (los dejen) calcinando, eso sí me duele”, lamentó López.

En las montañas salpicadas de plantaciones de café en el oeste de Honduras, tres familias horrorizadas por el video de las cámaras de seguridad esperan confirmación sobre el destino de sus hijos. Los tres amigos salieron juntos hacia Estados Unidos desde su pequeña localidad de Protección. Como muchos en esa zona rural, los hombres esperaban trabajar y enviar dinero para mantener a sus familias.

Conocieron a un contrabandista en San Pedro Sula, un importante punto de salida en el norte de Honduras, que les llevó a México.

El martes, los nombres de los tres hombres -Dikson Aron Córdova, Edin Josue Umaña and Jesús Adony Alvarado- estaban en la lista de víctimas, sin detalles sobre si seguían con vida.

“Es duro, pues estos golpes, no, son insoportables, aunque uno quiere ser fuerte”, dijo José Córdova Ramos, padre de Córdova, de 30 años. Las familias esperaban a recibir noticias, señaló.

Su preocupación se veía acompañada de indignación al ver cómo los guardias corrieron de las llamas y el denso humo que envolvía con rapidez a los migrantes.

Otro padre encadenaba las preguntas. ¿Quién inició el fuego? ¿Cómo consiguieron algo que prendiera? ¿Acaso un guardia le dio un encendedor a alguien que estaba dentro?

“Ellos no quisieron hacer nada", dijo José Córdova de los guardias.

En Ciudad Juárez, junto a la frontera con Estados Unidas, Stefany Arango Morillo, estudiante de enfermería de 25 años, se quedó con el mismo nudo en el estómago.

Ella y su hermano Stefan Arango Morillo, ambos padres solteros, emigraron en febrero desde su ciudad en el norte de Venezuela, Maracaibo, dejando con su madre a tres niños pequeños entre los dos, con la esperanza de pedir asilo en Estados Unidos.

El Gobierno de México dio
El Gobierno de México dio a conocer que ya se está investigando lo ocurrido en Ciudad Juárez. (AP Foto/Morgan Lee)

Los hermanos se sumaron al creciente número de venezolanos que pone rumbo a Estados Unidos y cruzaron siete países en un mes hasta llegar a la ciudad fronteriza mexicana.

Juntos, cada día trataron sin éxito de registrarse en una app para pedir una cita y solicitar asilo en Estados Unidos.

Pero su viaje tuvo un abrupto final el lunes, cuando Stefan fue detenido por las autoridades mexicanas de inmigración y encerrado en el centro que horas más tarde se convertiría en un infierno.

Stefany buscó con desesperación a su hermano de 32 años, temiendo lo peor cuando recibió un mensaje de texto de su celular desde un hospital privado. Estaba vivo, pero sus lesiones por la inhalación de humo le hacía casi imposible hablar.

En el hospital, la salud de Stefan empeoró y el hombre, que aspira a ser profesor de educación física, fue trasladado a la sala de urgencias del hospital con un brote de tos.

Horas más tarde, su hermana se abrió paso en el abarrotado hospital y le dio un beso en la frente poco antes de que le sedaran e intubaran.

“Es muy juguetón, tiene su carácter fuerte”, dijo.

En la sala de espera del hospital, ella lloraba mientras llamaba a su familia en Venezuela para dar la noticias. Pero mientras esperaba, se aferra a la esperanza de poder llevarle de vuelta a casa.

“Esta es como una lección de vida”, dijo Stefany. “Y créame que sé que tengo fe de que mi hermano va a salir de allí y además seguir luchando por nuestro sueño”.

Con información de AP