ZAHONY, Hungría (AP) — En el Día Internacional de la Mujer, muchas mujeres que escapan de la violencia en Ucrania tenían poco qué celebrar, abrumadas por la búsqueda de una nueva vida para sus hijos mientras sus esposos, hermanos y padres quedaban atrás, defendiendo su país de la invasión rusa.
La cantidad de refugiados llegó a 2 millones el martes, según Naciones Unidas, en el éxodo más rápido registrado en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Un millón de ellos son niños, de acuerdo con un tuit del portavoz de la UNICEF James Elder. Del resto, la mayoría son mujeres.
Polina Shulga trató de aliviar el viaje de su hija de tres años ocultándole la verdad de lo que estaba viviendo.
“Por supuesto es duro viajar con una niña, pero le dije que nos íbamos de vacaciones y que volveríamos a casa un día, cuando se acabe la guerra”, declaró Shulga.
No sabía qué sería de su vida al llegar a Hungría procedente de la capital ucraniana, Kiev, pero cree que la experiencia la haría más fuerte. “Siento que soy responsable de una niña. Por eso me resultó más fácil dar este paso y partir”, expresó mientras su hija se aferraba a su abrigo.
Nataliya Grigoriyovna Levchinka, de Donetsk, al este de Ucrania, sentía algo parecido.
“Es como si estuviese en un sueño terrible que no se acaba nunca”, manifestó esta maestra jubilada. “Viviría en una especie de abstracción de no ser por mi hija”.
El gobierno ucraniano prohibió por decreto la salida del país de los hombres de 18 a 60 años, lo que implica que la gran mayoría de las personas que se van de Ucrania son mujeres y niños, aunque la ONU no tiene cifras exactas respecto al género. La esperanza del gobierno es que los hombres ayuden a combatir la invasión.
Esta política dio lugar a escenas desgarradoras de familias que se separan y también a una creciente preocupación de que algunas partes de Ucrania rodeadas de soldados rusos queden aisladas y no se pueda regresar.
El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky habló en video sobre el Día Internacional de la Mujer, normalmente un día de festejos en Ucrania.
“Ucranianos, normalmente festejamos este día. Felicitamos a nuestras mujeres, a nuestras hijas, esposas y madres”, declaró. “Normalmente. Pero no hoy. Hoy no puedo decir las cosas de siempre. No puedo felicitarlas. No puedo hacerlo, cuando hay tantos muertos. Tanto dolor. Tanto sufrimiento. Cuando la guerra continúa”.
En épocas normales, las mujeres reciben flores y chocolates, besos. Esta vez hay solo dolor y pedidos de paz.
En un campamento de refugiados en Moldavia, Elena Shapoval pedía perdón por sus lágrimas. No las esconde de sus dos hijos, de 4 y 8 años, al relatar su viaje desde Odesa. Su hijo menor no entiende lo que pasa, según Shapoval. El mayor trata de calmarla, diciéndole, “mami, todo va a salir bien”.
Ella no puede permitir que el dolor la abrume al pensar en la vida que dejó atrás. “Sé que ahora vamos a tener que trabajar mucho”, señaló. “Tengo que ser fuerte porque tengo dos hijos”.
En Rumania, Alina Rudakova comenzó a llorar al darse cuenta de que no se había acordado de la fecha. El año pasado, esta joven de 19 años de Melitópol recibió un ramo de flores de su padre y regalos de otros parientes.
“Este año, ni siquiera me acordé de la fecha”, expresó. “Fue un día horrible”.
Algunas refugiadas recibieron flores de funcionarios de inmigración y voluntario tras cruzar la frontera en Polonia y Rumania, que les dieron la esperanza de que hay días mejores por delante.
“Estaba muy estresada, cansada. Esto me alegró el día”, dijo Mariia Kotelnystska, de Poltava.
“El mejor regalo para todas las mujeres será el fin de la guerra”, añadió la joven de 19 años Anastasia Kivirikashvili, de Vinnytsia.
A medida que llegan más refugiados, surgen nuevas fragilidades. “La gente que viene tiene menos medios que los que llegaron al principio y vivieron el conflicto más de cerca. Probablemente están más traumatizados”, dijo un portavoz de la agencia de refugiados de la ONU, Matthew Saltmarsh.
En un teatro del Centro Cultural Ucraniano de la ciudad polaca de Przemysl, cerca de la frontera, mujeres y niños ocupaban camas improvisadas. Algunos miraban sus teléfonos en busca de noticias.
“Fue duro prepararse para el viaje”, dijo una refugiada de los alrededores de Kiev que se identificó solo como Natalia. “Mi hermana dijo que soy muy valiente, pero en mi opinión, soy una cobarde. Quisiera regresar”.
En el cruce de Medyka, en la frontera con Polonia, Yelena Makarova dijo que su apresurada partida de Kremenchuk con su madre y su hija adolescente marcó el final de la vida que conocía. Su padre, su marido y su hermano se quedaron en Ucrania.
“Ojalá (la guerra) termine pronto. ¿Qué puede ser peor para una madre?”, comentó. “No entiendo por qué nuestros hijos están muriendo. No lo entiendo”.
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Periodistas de la Associated Press de toda Europa colaboraron en este despacho.
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