"Hay mucho sufrimiento en las calles", lamenta la voluntaria Kimberly Briggs mientras censa a decenas de personas sin techo que viven en las aceras de Skid Row, el barrio de Los Ángeles famoso por su alta concentración de vagabundos.
Vistiendo un chaleco fluorescente y una linterna, su colega Mike Murase, de 75 años, va al frente en esta fría noche del invierno californiano, recorriendo la docena de calles asignadas a su equipo para documentar el flagelo de los sin techo en la segunda ciudad más poblada de Estados Unidos.
Murase y Briggs atraviesan una zona de almacenes y comercios al por mayor. El olor de las especias y del cannabis impregna las mal iluminadas calles que a primera vista parecen casi desiertas cuando empieza a caer la noche.
Aunque si uno observa detenidamente, el drama de los sin techo cobra forma.
Avistan a pocas personas, pero las señales de su presencia están por doquier: una forma humana cubierta completamente por una manta está junto a una pared, tiendas que fueron improvisadas con láminas de plástico colocadas entre carritos de supermercado, y una vieja y destartalada furgoneta que sirve de abrigo.
Murase y Briggs, así como los otros voluntarios que recorren durante tres días las calles para elaborar el censo anual de la población sin techo, deben interactuar lo menos posible con ellos, quienes tampoco buscan conexión más allá de un "buenas noches".
"Existe la idea equivocada de que la mayoría son delincuentes, drogadictos o enfermos mentales", dice Murase a la AFP. "Muchos sí tienen estos problemas, pero también hay familias y niños".
"Con el covid-19, mucha gente ha perdido su trabajo. Algunas personas no pudieron pagar el alquiler durante dos o tres meses y fueron desalojadas. Sin una familia que les acoja, van a la calle", explica el trabajador social, mientras pasa a un hombre postrado en una silla de ruedas.
- Estrellas y ratas -
La explosión de los precios de los alquileres en California es considerado uno de los principales factores que precariza la calidad de vida de parte de la población.
Antes de la pandemia, una persona que ganara salario mínimo necesitaba trabajar unas 80 horas semanales para costear un apartamento de una habitación, de acuerdo con especialistas del mercado inmobiliario en este estado conocido por sus estrellas de Hollywood, las playas y las palmeras, y por ser la meca de la innovación tecnológica.
En Skid Row, las carpas y tiendas cubiertas de lona se alinean en las aceras. Algunos prenden hogueras con pedazos de tabla y basura para calentarse con el termómetro rondando los 8ºC.
El destello de las llamas permite ver las siluetas de ratas corriendo de un escondite a otro.
A pocos metros de distancia, otro brillo es visible: las lujosas torres del centro de Los Ángeles.
"El desarrollo inmobiliario construye estas altas torres en el centro de Los Ángeles", señala Murase, enfurecido por el contraste. "Lo que necesitamos en esta ciudad es más viviendas para personas con bajos ingresos y más servicios. Es en eso que deberíamos gastar nuestro dinero", sostiene, al tiempo que un hombre pasa tambaleándose, con la mirada perdida.
"¡Empecemos a tratar a la gente como seres humanos!".
- "Derecho humano" -
Solo en Los Ángeles había más de 66.400 personas sin techo, de acuerdo con las cifras de 2020, las últimas disponibles, que además reflejan un aumento de 13% respecto al año previo.
El censo anual no fue realizado en 2021 debido a la pandemia.
Los voluntarios recorren las calles de la ciudad y registran en una aplicación de sus teléfonos los datos y la ubicación geográfica de los censados.
En las calles de Los Ángeles, las carpas de plástico y las siluetas humanas arropadas en bancos públicos o paradas de autobús son tan comunes que prácticamente pasan desapercibidos para los residentes.
Sin embargo, este retrato de la crisis de vivienda, que incluso es latente en el famoso paseo de las estrellas de Hollywood, impresiona a turistas y visitantes.
"La cuestión de los desabrigados es el tema más importante de la próxima elección municipal [de noviembre]. Y creo que no es solo una cuestión nacional, sino un problema fundamental que los líderes políticos no han tenido la voluntad de intentar resolver", narra Murase.
El censo, cuyos resultados serán divulgados a mediados de año, forma parte de las condiciones del gobierno federal para conceder subvenciones a las organizaciones locales que ayudan a los sin techo.
"¿Debo marcar la casilla 'tienda' o 'refugio'?", consulta Briggs a Murase, que en breve se jubilará.
"Llevo siete u ocho años viviendo en el centro y siempre ha sido un problema", cuenta la voluntaria. "Quiero ayudar a resolverlo (...) La vivienda es un derecho humano".
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