NUEVA YORK (AP) — Mientras decenas de personas hacían cola bajo la lluvia, listas para recibir comida gratis, Sofía Moncayo rezaba con sus colaboradoras.
“Estamos muy agradecidas a esta gente. Rezamos en nombre de Jesús”, dijo la mujer, y el grupo de mujeres a su alrededor aplaudió y respondió “Amén”. “Ahora”, agregó ella, “a trabajar”.
En realidad, ya llevaban horas trabajando. Recogiendo pesadas cajas, separando miles de artículos y limpiando la nieve de la acera. Tenían frío, estaban mojadas y fatigadas. No les pagaban por sus esfuerzos. Y no les importaba. Se sentían satisfechas de poder ayudar a otros.
Durante la pandemia del coronavirus, Moncayo ha estado dirigiendo un programa de distribución de alimentos a través de la iglesia Mosaic West Queens Church del barrio de Sunnyside. La iniciativa comenzó en marzo. Moncayo asumió su dirección al mes siguiente y la expandió para servir a cientos de personas.
Desde entonces Moncayo libró sus propias batallas. Fue licenciada por la empresa de construcción en la que trabajaba y no ha conseguido empleo. Debe cinco meses de alquiler en el estudio de artes marciales que tiene con su marido.
Pero sigue recaudando fondos y coordinando a decenas de voluntarios que distribuyen más de mil cajas con comida dos veces a la semana.
“Creo que ayudar a los demás altera el balance químico de tu cerebro, porque si no estuviésemos haciendo lo que hacemos, creo que hubiera sito todo mucho peor”, comentó. “Ayudar a otros te da perspectiva y te ayuda a pensar que todo va a salir bien”.
La mayor parte de la comida es donada por un restaurante del barrio y otras fuentes. También reciben ayuda del Farmers to Families Food Box Program que supervisa el Departamento de Agricultura.
Moncayo, quien nació en Colombia, se sintió empujada a trabajar como voluntaria por su fe cristiana y por el recuerdo de la inseguridad alimenticia que vivió cuando era niña en Nueva York. Recuerda cómo su familia hacía cola para recibir pan y queso de comedores populares y que eso a veces la avergonzaba.
“Queríamos asegurarnos de que no vemos a la gente que busca comida como gente necesitada. Son nuestros vecinos”, expresó.
Carol Sullivan, otra residente de Sunnyside, se quedó sin trabajo como directora de escena de un teatro de Broadway que tuvo que cerrar por el virus. Al principio dudó en ir a buscar comida, pero dijo que Moncada y su gente la hicieron sentir bien.
“Establecí un lazo con la comunidad que antes no tenía y me evita parte de la ansiedad de tener que elegir entre comprar comida o pagar las cuentas”, dijo Sullivan. “Si tienes un dólar, debes hacerlo rendir, pagar muchas cosas. Tenerlas a ellas me reduce el estrés”.
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