Para Biden sería más trabajoso regresar al Acuerdo de París

Joe Biden Photographer: William Thomas Cain/Getty Images
Joe Biden Photographer: William Thomas Cain/Getty Images

(Bloomberg) -- Si Joe Biden se convirtiera en presidente de Estados Unidos, unirse nuevamente al Acuerdo de París sería casi tan simple como firmar un autógrafo. La parte difícil sería todo lo demás.

El calentamiento global ya desata incendios forestales, huracanes y migraciones masivas, y Biden enfrentaría la monumental tarea de descarbonizar la mayor economía del mundo. Además, tendría que hacerlo rápidamente en un momento en que China, el mayor emisor de gases de efecto invernadero, se está redefiniendo como líder climático y la Unión Europea intensifica sus ambiciones ambientales. Hay mucho en juego: fracasar no solo erosionaría la confianza mundial en EE.UU., sino que contribuiría aún más a la desestabilización del clima, con graves consecuencias para las personas y el planeta.

Estamos muy lejos de cómo estaban las cosas en 2015, cuando el presidente Barack Obama firmó el pacto y los líderes climáticos tenían la esperanza de que podría detener un aumento catastrófico de las temperaturas globales. Desde entonces, el presidente Donald Trump se retiró del acuerdo, una medida que se hará oficial el 4 de noviembre, y desmanteló muchas de las políticas climáticas de su predecesor.

Así, de ser elegido, Biden —quien el martes se enfrenta a Trump en su primer debate presidencial— quedaría en la posición de tener que recuperar el apoyo internacional y construir una infraestructura de política climática desde cero.

“Hay una cuestión de qué traer de vuelta a la mesa y cómo establecer la confianza”, dijo Joseph Majkut, director de política climática en Niskanen Center, un grupo de expertos con sede en Washington. “Volver al ruedo podría requerir más ambición o tal vez algunos cambios más en la política nacional”.

El Acuerdo de París, un acuerdo histórico con 195 signatarios, permite a los miembros establecer sus propias metas de emisiones. Bajo Obama, EE.UU. se comprometió a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en 26-28% por debajo de los niveles de 2005 para 2025. Con Trump, EE.UU. descartó ese compromiso y ya no está enfocado en cumplir dichas metas, según David Victor, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de California en San Diego.

Biden ha indicado que se volvería a unir al pacto si fuera elegido. Tan solo requeriría que EE.UU. notificara a las Naciones Unidas y el reingreso estaría activo 30 días después. EE.UU. también tendría que presentar un compromiso específico de reducción de emisiones, conocido como contribución determinada a nivel nacional (CDN).

Biden ya ha propuesto un extenso plan climático que podría sentar las bases para una nueva promesa de emisiones. La propuesta de infraestructura y energía limpia de US$2 billones exige una red eléctrica libre de emisiones en 15 años e incluye un objetivo de cero emisiones netas en toda la economía para 2050. Es una de las propuestas climáticas más ambiciosas del mundo, superando el objetivo recientemente anunciado de China de llegar a ser neutral en carbono para 2060.

Lograrlo sería un desafío, pero Biden podría construir rápidamente un programa climático nacional con las normas de la era de Obama, como los estándares de eficiencia de combustible que acelerarían la adopción de vehículos eléctricos, y elaborando versiones federales de las políticas estatales existentes que rigen la energía limpia. También se comprometió a “integrar completamente el cambio climático en nuestra política exterior y estrategias de seguridad nacional, así como en nuestro enfoque comercial”, según el sitio web de su campaña.

Cómo exactamente lo haría sigue siendo una pregunta abierta. La política estadounidense hasta la fecha ha sido en gran medida una “descarbonización superficial”, con logros modestos que no serán suficientes para evitar el peor impacto del cambio climático, dijo Víctor. “La descarbonización profunda requerirá un esfuerzo en toda la economía”.

Las opciones más obvias para que Biden pueda hacer eso están en Washington, donde actualmente hay muchas cosas en el aire. La creación de un mercado nacional de fijación de precios del carbono o la adopción de incentivos fiscales para las energías limpias podría comenzar a limpiar franjas de la economía, pero se requiere la aprobación del Congreso. Eso podría resultar difícil, incluso imposible, si los republicanos retienen el control del Senado después de las elecciones.

El compromiso de EE.UU. con el Fondo Verde para el Clima de las Naciones Unidas, que es clave para ayudar a las naciones en desarrollo a reducir las emisiones, enfrenta el mismo desafío. Si bien Biden podría solicitar fondos del Departamento de Estado para cumplir una parte de la promesa de US$3.000 millones, según Alice Hill, investigadora principal de energía y medio ambiente en el Consejo de Relaciones Exteriores, cumplir con el compromiso total requeriría obtener una asignación a través de un Congreso dividido en un momento en que los legisladores se centran en las prioridades nacionales, como el apoyo al trabajo y el alivio por covid-19.

Al igual que Obama, Biden podría perseguir sus prioridades flexionando el poder de la rama ejecutiva.

Pero cualquier regla que su Administración imponga o reescriba podría ser impugnada en tribunales federales que han sido reformados con la incorporación de más de 200 jueces designados por Trump. Se espera que Amy Coney Barrett, la elección de Trump para reemplazar a la magistrada liberal de la Corte Suprema Ruth Bader Ginsburg, mueva a la corte más hacia la derecha en asuntos ambientales y demás en caso de ser confirmada.

Esto no significa que la tarea sea imposible. Cuando Trump abandonó el acuerdo de París en 2017, estados y empresas intensificaron sus propios esfuerzos climáticos. Al menos 16 estados ahora tienen objetivos de electricidad 100% cero carbono o carbono neutral.

Estas medidas han ayudado a mitigar el impacto de las políticas de Trump. Según un informe de Rhodium Group, las emisiones de EE.UU. estaban destinadas a disminuir en 4% durante el primer mandato de Trump, antes de que los cierres por coronavirus ralentizaran la economía. Pero eso no es suficiente para cumplir ni siquiera con los compromisos de París de la era Obama.

Aun así, la descarbonización a largo plazo de los sectores de transporte y electricidad de EE.UU. parece factible, dijo Majkut. Ahora, es una cuestión de escala y durabilidad, que se puede fomentar a nivel federal.

“La política pública permite que el capital fluya, asegure compromisos y evite que las cosas retrocedan si cambia la valentía corporativa”, dijo.

Nota Original:Biden Would Have a Tougher Job Than Obama in Rejoining Paris

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