El año pasado y este año (en Marienbad)

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El escritor Mario Benedetti. EFE/R.
El escritor Mario Benedetti. EFE/R. Blanco/Archivo

Montevideo, 13 jun (EFE).- La Agencia Efe difunde un nuevo artículo de Mario Benedetti, en esta ocasión "El año pasado y este año (en Marienbad)", que fue publicado en el diario uruguayo La Mañana el 27 de abril de 1962.
Este es el décimo artículo de Mario Benedetti que publica Efe, por cesión de la Fundación Benedetti, y al que seguirán otros, el segundo sábado de cada mes, hasta septiembre de 2020, en que se cumplirá el centenario del nacimiento del escritor uruguayo.
"El año pasado y este año (en Marienbad)"
Mario Benedetti
Hace pocos días, cuando vi por primera vez en Copenhague el filme de Alain Resnais "L' année dernière á Marienbad" (+), no podía imaginar que una semana más tarde estaría yo mismo en Marienbad, o, para decirlo con su nombre checo, en Mariánské-Lázné. Tal vez resulte inútil señalarlo, pero lo cierto es que Resnais no comunica nada nuevo sobre la célebre spa de Bohemia; Mariánské-Lázné, en cambio, me reveló algo sobre Resnais.
La verdad es que el sitio real, el geográficamente verdadero, nada tiene que ver con el filme. Dicen los entendidos que Resnais (a diferencia de Goethe, que no solo encontró allí a Ulrika Von Levetzow, sino que recogió directa inspiración local para sus Elegías de Marienbad) no filmó en el lugar ni una sola de las escenas. Y así debe ser seguramente. Ninguno de los muchos jardines de Marienbad, tiene nada que ver con los jardines semisoñados por el protagonista de "L' année dernière" (+)...
Mariánské-Lázné, situada a 628 metros sobre el nivel del mar, está rodeada de un paisaje admirable, que incluye bosques, cumbres nevadas, etc. Su situación subalpina retrasa bastante la asunción de la primavera. El día en que llegué había habido, de mañana temprano, una capa de cinco centímetros de nieve. Es un sitio tranquilo y silencioso, como es Karlovy-Vary (Karlsbad, para los alemanes), donde la gente pasea, y conversa con bastante ruido, en la gran columnata, tomando regularmente a sorbos el agua curativa de las tradicionales y esmirriadas jarritas, con la misma preocupación ritual que el montevideano siente por su mate. En primer lugar, la columnata de Mariánské-Lázné es más amplia, más aireada; y luego, los pacientes andan más alejados unos de otros, como si su presencia solo fuera necesaria para animar un poco los jardines. Por otra parte, la pequeña localidad está llena de chapas conmemorativas (o simplemente recuerdos orales) que registran en la historia de Marienbad tal o cual estancia, prolongada u ocasional, de algunos individualistas de primer rango. Además de Goethe, estuvieron aquí, Gogol y Gorki, Wagner y Chopin, Brückner e Ibsen. ¿Y Resnais?
Demasiados nervios
Cuando el joven médico-jefe del completísimo laboratorio de análisis (en estos últimos días me he vuelto involuntariamente casi un especialista en cervecerías famosas -¡oh Tuborg, oh Pilsen!- pero también en aguas curativas que remedian los posibles excesos cerveceros) me explicaba que las aguas de Mariánské-Lázné son indicadas para las enfermedades de las vías urinarias, el asma y, sobre todo, las afecciones del sistema nervioso, yo empecé a cavilar sobre las razones que habrían podido tener Resnais y Robbe-Grillet (en esta clase de filmes, nunca se puede saber quién es la cabeza y quién no es el corazón, pero es posible sin embargo atreverse a afirmar que el filme está, en cuanto a técnica narrativa, en la línea de Robbe-Grillet, y, en cuanto a implicaciones psicológicas y sociológicas, en la línea de Resnais) para ubicar el argumento en Marienbad y no, por ejemplo, en algún lugar de Francia.
Debe haber varias explicaciones posibles, pero es seguro que ninguna ha de coincidir con la de los autores. La más obvia tendría que ver con esas enfermedades nerviosas de que me hablaba el médico. Los personajes de "L'année dernière" (+) (especialmente la pareja central) pueden ser explicados y analizados como seres que recorren un complicado itinerario sobre un fondo evidente de inestabilidad nerviosa. Él, especialmente necesita un particular estado de tensión para afirmarse en su tenaz voluntad de recordar (y de hacer recordar) cierto pasado extraído de una simple nebulosa.
Ella también está en perpetua tensión, en primer término por la vigilancia del marido, pero asimismo debido a la incesante presión del hombre que quiere obligarlo a recordar y que acaba tentándola con su persistencia. Aun el marido, pese a la aparente impasibilidad de su espionaje, también está en tensión. Sería un corolario fácil decir ahora que los tres podrían haberse encontrado en Marienbad, por que allí las aguas medicinales son buenas para los nervios.
Antes y allá
Pero, habiendo visto el filme de Resnais (presumo que, a esta fecha, ya habrá sido exhibido en Montevideo y por eso no abundo en detalles concretos de la película), me afirmaré en la creencia de que realizador, o el libretista Robbe-Grillet, usan el nombre como un símbolo de un deliberado alejamiento de la realidad. Ponen en el título la palabra Marienbad, pero no tocan el verdadero Mariánské-Lázné. Aún el hecho de que usen el nombre alemán, y no el checo, sirve para recalcar esa distancia, Resnais hace con Mariánské-Lázné algo que, ya desde Hiroshima, mon amour (++), viene haciendo con la realidad: dejarla intocada, mencionarla por sus nombres falsos, desgajarse talentosamente de ella. Nada de aquí y ahora, sino de allá y antes; y aun inventar el antes para que ni siquiera le quede el flojo prestigio de alguna vez haber sido ahora.
Frente al mundo, Resnais parece sufrir de un explicable espanto; por eso la solución que propone es, como la de su protagonista, solo soñar y convencer al espectador de que el sueño es verdadero, y hasta más verdadero que la realidad.
Cuando se estrenó en Montevideo "Hiroshima, mon amour" (+), dejé constancia (en una mesa redonda, en algún artículo) del rechazo que el filme -pese a su estupendo alarde técnico- me producía.
Confieso que ahora comprendo a Resnais mucho mejor, mas por eso mismo me siento más que nunca alejado de su arte, tan espléndido en zonas que no me interesan vitalmente. Creo que el gran desconcierto que produce su obra proviene de una contradicción que quizá no sea fácil de percibir.
Resnais emplea (¡y con qué sabiduría!) elementos técnicos de absoluta vanguardia. En más de un sentido, no debe haber otro realizador cinematográfico que esté en el presente más adelante que él.
Pero de ahí a deducir que su actitud ante el mundo, también es vanguardista, va una apreciable diferencia. A mí me parece que Resnais pone una técnica de vanguardia al servicio de una actitud humana de absoluta retaguardia. Se me ocurre que quizá hay un caso comparable al suyo en el arte contemporáneo, y es el de Jorge Luis Borges. Como en Borges, hay en Resnais un regodeo auténtico, dramáticamente intelectual, en darle la espalda al mundo de hoy, en desafiarlo con un sueño. En este sentido, puede decirse que si bien Resnais es en lo técnico un brillante adelantado, en su postura ante el presente es quizá un poeta, pero un poeta decadente, último epígono de una actitud (el ser humano considerado como una isla, donde los complejos nacen y renacen como plantas de trópico) que hace ya tiempo concluyó su madurez.
Resnais y Robbe-Grillet sacaron al azar una carta del mazo, y esa carta se llamó Marienbad. Pero en la verdadera Mariánské-Lázné que estoy viendo, la vida transcurre; los canteros empiezan a verdear; una linda muchacha abre una ventana y saluda riendo a alguien que pasa por la calle; cuadrillas de obreros ponen a punto las instalaciones para la temporada que se acerca; algunos pacientes (¿serán nerviosos incurables?) pasan mostrando la cara tranquila que deben conquistar; en lo alto y en lo bajo la nieve espera su condena. Dentro de pocas semanas, la primavera será tan radiante, tan renovada, tan poderosa, que nadie tendrá tiempo ni ganas de acordarse de qué cosas sucedieron (y no sucedieron) el año pasado en Marienbad.
(+) Sin comillas y en cursiva en el original.
(++) Sin comillas ni cursiva en el original.

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