Los italianos en China, atrapados entre dos epidemias

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La madre de la italiana Sara Platto la llamó "loca" por quedarse en Wuhan en enero cuando la ciudad fue puesta en cuarentena por el nuevo coronavirus. Ahora le da consejos sobre cómo hacer frente al aislamiento en casa.

Platto vive con su hijo de 12 años en el epicentro de la pandemia de coronavirus. Rechazó cuatro ofertas de evacuación del gobierno italiano porque no quiso abandonar a sus dos gatos y pensó que quedarse en China era bastante seguro.

"No es el Ébola", declaró a la AFP Platto, quien trabaja en la universidad de Jiangnan.

Se pasó más de 50 días encerrada en casa, turnándose con su hijo para usar el ordenador para dar clases a distancia y trabajar.

Los italianos que viven la crisis sanitaria en China y soportan las medidas draconianas que los ha confinado en sus hogares durante semanas asisten ahora a escenas similares en su país.

Italia, donde el virus ha matado a más de 1.000 personas en poco más de dos semanas, lo que lo convierte en el país más afectado fuera de China (más de 3.100 muertos) ha impuesto un confinamiento sin precedentes en Europa occidental.

Todas las tiendas, excepto las farmacias y los supermercados, han sido cerradas y los habitantes deben quedarse en casa. Solo pueden salir para ir al trabajo, para comprar provisiones o acudir al médico.

"Se están volviendo locos, porque es algo a lo que no están acostumbrados", dice Platto sobre los habitantes de su ciudad natal de Brescia, en la región de Lombardía (norte), donde se ha detectado la mayoría de las infecciones de Italia.

"Lo que les digo a todos es que no se asusten, porque el pánico es peor que un virus".

- Vigilancia -

Los vecinos chinos de Platto en Wuhan se conmovieron cuando se enteraron de que ella había decidido quedarse en la ciudad, donde el virus fue detectado por primera vez en diciembre y lleva aislada del mundo sin transporte aéreo desde el 23 de enero.

Cuando supieron que era italiana le trajeron una "gran bolsa de espagueti" acompañada de una nota que ponía "Sara, sé fuerte".

Pero a medida que el número de infecciones disminuye en China y aumenta en el extranjero, las autoridades chinas han intensificado la vigilancia de los extranjeros por temor a casos importados.

Pekín ordenó el miércoles que todas las personas que lleguen a la ciudad del extranjero se sometan a una cuarentena de 14 días, pero los pasajeros de aerolíneas procedentes de Italia, Irán, Corea del Sur y Japón son tratados de distinta forma.

En un distrito del centro de Pekín, voluntarios y la policía piden información de italianos, lo que incluye visitas a domicilio sin previo aviso, incluso para personas que no han salido recientemente de China.

Francesco Abbonizio, un entrenador de fútbol juvenil en la capital, pasó las primeras dos semanas de su reciente viaje a Italia evitando el contacto social, y ahora tiene que someterse a cuarentena nuevamente tras regresar a China el miércoles.

"Un familiar tenía tanto miedo al virus que se negó a quedar conmigo incluso después de las dos semanas", contó. "En estos momentos, todos ellos están encerrados en casa".

- Viaje anulado -

Marco, un residente de Pekín que trabaja en la industria teatral, no ha abandonado China desde el inicio del brote y ha cancelado un viaje previsto a Italia en marzo, el primero en más de dos años.

Dice que no quería "generar pánico" llegando de China a su ciudad natal toscana de solo 16.000 personas con su esposa, que es china.

"La gente no siempre es buena racionalizando las cosas", contó a la AFP, añadiendo que no quería que su familia sufriera reacciones negativas de otros habitantes de la localidad.

Antes de que Italia confirmara sus primeros casos de coronavirus, las comunidades chinas en el país se quejaron de comportamientos racistas.

Algunos turistas chinos aseguraron que les habían escupido en Venecia, una familia de Turín fue acusada de portar la enfermedad y varias madres de Milán usaron las redes sociales para pedir a los niños italianos que se mantuvieran alejados de sus compañeros de clase chinos.

"En realidad, estoy más preocupado por mi familia", afirma Marco, "y por el poco sentido de comunidad que está teniendo mi país últimamente".

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