La larga y azarosa historia de cómo llegamos a llamarnos "Argentina"

Entre el año 1602, cuando el clérigo español Martín del Barco Centenera usó la palabra "argentina" por primera vez en un poema sobre la región del Plata, y 1860, fecha en que un decreto de Derqui estableció que el nombre legal del país sería desde entonces "República Argentina", mucha agua corrió bajo el puente para convertir en denominación oficial del país y en nuestro gentilicio lo que inicialmente era un adjetivo poético, circunscrito al lenguaje culto y a la región del Río de la Plata y litoral del Paraná.

Para que eso ocurriera, la palabra "argentina" tuvo que superar los obstáculos de la geografía y de los disensos internos. Afortunadamente, así pasó, porque eso nos ha convertido en el único país de la tierra cuyo nombre viene de la poesía...

La historia de cómo evolucionó la palabra que hoy nos distingue ante el mundo fue reconstruida por el filólogo y ensayista Ángel Rosenblat (1902-1984) en un librito fascinante llamado El nombre de la Argentina (Eudeba, 1964).

Argentina nace de un latinismo: argentino deriva de la palabra plata en latín: argentum. En sus inicios fue un adjetivo poético que sustituía al más vulgar y coloquial "platense" o "rioplatense": se decía Río argentino, Provincia argentina.

Rosenblat cuenta que Martín del Barco Centenera era un español extremeño, que llegó a estas regiones como miembro de la expedición –en 1572- de Juan Ortiz de Zárate. Lo describe como "un clérigo trashumante, familiarizado con las peripecias y quebrantos de esa desdichada expedición y que ha recorrido durante casi un cuarto de siglo las tierras del Plata, el Paraguay y el Perú, nos va a relatar la etapa inicial de la conquista".

El relato de Del Barco Centenera, escrito en forma de poema, se publicó en 1602, en Lisboa, con el nombre Argentina y Conquista del Río de la Plata, con otros acaecimientos de los Reinos del Perú, Tucumán y Estado del Brasil.

Escribe el clérigo por ejemplo:

Haré con vuestra ayuda este cuaderno

del Argentino reino recontando

diversas aventuras y extrañezas,

prodigios, hambres, guerras y proezas

Ángel Rosenblat explica que, hasta ese momento, "Argentina" no es más que "el nombre de un poema". "Centenera, en lugar de rioplatense, usa, con intención poética, el adjetivo latinizante argentino. El Argentino Reino es, para Centenera, la región del Río de la Plata. En el poema, el adjetivo es también aplicado a los hombres. Por ejemplo, con motivo de la fundación de Santa Fe, escribe:

Los argentinos mozos han probado

Allí su fuerza brava y rigurosa

Es por estos versos que algunos historiadores han afirmado que los primeros "argentinos" fueron los santafecinos, pero en realidad el adjetivo era aplicado a todos los oriundos del Río de la Plata y del Paraná (hasta entonces considerados uno solo), ya que incluso a los uruguayos y a los paraguayos se les aplicó el gentilicio en algún momento.

En el propio poema, Del Barco Centenera hace una aclaración al margen: "El Río Argentino o Río de la Plata es llamado por los indios Paraná, que quiere decir mar, por su grandeza".

Rosenblat se preguntó de dónde había sacado el clérigo el adjetivo "argentino" como sinónimo de "del plata". Y llega a la conclusión de que lo trajo de su paso por el Perú y el Alto Perú. Recordemos que la actual ciudad de Sucre, se llamaba por entonces ciudad de la Plata –más tarde será Charcas o Chuquisaca –por lo que será llamada ciudad de los 4 nombres. Pues bien, Sucre aparece en los documentos de la época en latín como Civitas Argentina y luego en su traducción castellana como Ciudad de Argentina. Así aparece por ejemplo en documentos de la Orden Franciscana fechados en 1565.

"La Cancillería Real de Charcas se llama Cancellaria Argentina -ejemplifica Rosenbalt (...) Ese uso lo adopta en su tiempo Martín del Barco Centenera".

El filólogo concluye que "la innovación de Centenera" consistió "en haber adoptado para el Río de la Plata el adjetivo argentino, que se aplica ya en latín a La Plata o Chuquisaca".

"En su (poema) Argentina no se encuentra aún ni el gentilicio ni el nombre moderno del país. Pero el adjetivo que elige en su lengua poética tiene tanta virtualidad, que, sin que él pudiera ni por asomo sospecharlo, iba a dar nombre a la tierra y a sus habitantes", escribe Rosenblat.

En los años de la conquista y colonización, lo que Centenera llama Argentina aparece en los documentos oficiales con el nombre de Provincia o Gobernación del Río de la Plata. Es por eso que, más adelante, sólo se llamará argentinos a los oriundos del Río de la Plata. Poco a poco, a medida que avanza el proceso de unificación y organización nacional el nombre y el gentilicio se impondrán al conjunto.

"República Argentina no era todavía el nombre del país ni del régimen político", dice Rosenblat. "Desde Martín del Barco Centenera, en 1602, hasta los poetas de la Revolución, argentino ha tenido una amplia trayectoria, se ha incorporado, en todos los usos, al habla de la gente culta primero y al habla general después, pero siempre con cierto matiz poético o retórico. Venía a llenar indudablemente una necesidad, pues rioplatense, que es su equivalente, parece más circunscrito, demasiado limitado o apegado a la ciudad de Buenos Aires y al río mismo, el cual alguna vez abarcaba también el Paraná y el Paraguay y llegaba a los confines del Perú, pero había quedado reducido finalmente a su desembocadura".

Vicente López y Planes escribe la canción patria por encargo de la Asamblea del año 13 y ésta será llamada Himno Nacional Argentino. Sin embargo, cuando se reúne el Congreso de 1816 y declara la Independencia, hecho del que pronto festejaremos el Bicentenario, el nombre adoptado para la nueva Nación soberana es Provincias Unidas en Sud América. La misma denominación se repite en 1819, mientras que en 1824, se habla de Provincias Unidas del Río de la Plata en Sudamérica. En 1826, por primera vez una Constitución usa el nombre República Argentina, pero por su espíritu unitario esta carta fue inmediatamente rechazada por las provincias.

Es decir que por bastante tiempo convivieron los nombres oficiales con los poéticos, y el calificativo argentino perteneció por varias décadas a la segunda categoría. En el poema nacional de López y Planes puede leerse "valiente argentino", "brazo argentino", "pueblo argentino", pero todavía no "Argentina", como nombre del país.

El poeta Manuel José de Lavardén (1754-1809) incluyó el adjetivo "argentina" en su obra. El periódico El Telégrafo Mercantil contribuyó a la expansión del adjetivo "argentino" para todo lo referido al Río de la Plata o a Buenos Aires.

Pero serán los federales, que introducen el término de Federación o Confederación, los que empezarán a hablar de República Argentina, aunque también usarán Estados Unidos del Río de la Plata, Estados Unidos de la República Argentina, Federación Argentina y Confederación Argentina.

A partir de 1830, Juan Manuel de Rosas se presenta ante el mundo como titular del "Gobierno de Buenos Aires, encargado de dirigir las relaciones exteriores de la República Argentina". Y es durante su gobierno que "poco a poco se abre paso el nombre de Confederación Argentina", dice Rosenblat.

A tal punto el nombre queda identificado con el régimen de Rosas que, caído éste, Sarmiento pedirá cambiarlo y volver al de Provincias Unidas. Argumentaba entonces que "Argentina" era para él "un legado odioso y repugnante de la pasada tiranía, un nombre que había que borrar como una mancha", escribe Rosenblat.

Después de Caseros, Urquiza es "Director de la Confederación Argentina" y en 1853 se sanciona la "Constitución de la Confederación Argentina". Es la Constitución que Buenos Aires rechaza, quedando como estado separado hasta que, en 1960, se reúne una nueva convención que va a analizar las reformas que pide la provincia rebelde.

"El nombre adoptado por los poetas ha triunfado sobre todos los nombres de la prosa oficial"

En ese momento, Sarmiento, cuyo primer pedido de cambio de denominación había sido desoído, vuelve a la carga: "El nombre ilustre de Provincias Unidas sería un bálsamo para las pasiones que dividen la República Argentina". Afortunadamente, fracasa otra vez y el nombre adoptado es Nación Argentina.

Poco después será establecido definitivamente como "República Argentina", mediante un decreto del presidente Santiago Derqui, fechado el 1º de octubre de 1860.

"El país pudo llamarse Provincias Unidas del Río de la Plata o de Sudamérica, como otro gran país se llama Estados Unidos de América. Pero se llamó y se llama la Argentina. El nombre adoptado por los poetas ha triunfado sobre todos los nombres de la prosa oficial. Hecho alentador porque representa el triunfo de la poesía sobre la prosa. Paul Morand ha podido así decir: 'Argentina, uno de los más hermosos nombres del mundo...'", concluye el autor.