Así es cómo uno de los más expertos montañistas describe la aproximación a la cumbre del Monte Everest sin el beneficio de un tanque de oxígeno. "Literalmente tengo que forzarme a dar el siguiente paso luego de la respiración número 15", dijo Ed Viesturs, el único estadounidense que llegó a la cima de los 14 picos superiores a los 8 mil metros y que los escaló sin usar oxígeno complementario. "Allí arriba, haces algo que es lo más aeróbico y te quedas allí por 10 minutos tratando de respirar".
La mayoría de las personas que suben al Everest usan oxígeno suplementario –"oxígeno" en el lenguaje de los montañistas– alrededor de los 7.000 metros. Por sobre los 7.900 casi todo el mundo lo usa, incluidos los guías Sherpa. Los pocos escaladores que no lo usan son sólo el 3 por ciento del total de cumbres, pero el 22 por ciento de las 111 muertes que ocurrieron por sobre esa altura el último mes, según Richard Salisbury de la Base de Datos del Himalaya.
Hasta este mes, varios cientos de montañistas han hecho cumbre en el Everest, al menos cuatro han muerto, y varios aún están subiendo. Pero muy pocos han alcanzado el pico sin máscaras de oxígeno que bloqueen su vista.
Entre aquellos que tratan hay dos estadounidenses, el veterano guía de expediciones Adrian Ballinger de Squad Valley, California, y el fotógrafo de National Geographic Cory Richards de Boulder, Colorado. Los dos están subiendo sin oxígeno y esperan alcanzar el techo el lunes.
En la delgada atmósfera de la punta del Everest, 8.848 metros, cada respiración provee menos de un tercio del oxígeno que al nivel del mar.
Muchos profesionales médicos y científicos aseguran que intentar hacer cumbre sin un tanque de oxígeno hasta 1978 era suicida, cuando Reinhold Messner y Peter Habeler lo hicieron. Messner después escribió que se sintió como "nada más que un jadeante pulmón, flotando entre las nubes y la niebla" durante su desesperante gateo hacia lo más alto.
Un escalador mexicano alcanzó el techo del Everest sin oxígeno el pasado 12 de mayo. Antes de eso, la más reciente cumbre sin oxígeno y la más reciente muerte sin ese complemento ocurrió con cuatro días de diferencia en mayo de 2013.
"Aún si tienes oxígeno en una altitud extrema, no puedes tener el suficiente oxígeno para sentirte bien o estar completamente a salvo", dijo Peter Hackett, fundador del Instituto para la Medicina de Altitud en Telluride, Colorado. "Sin oxígeno, tu cuerpo muere lentamente".
Esa marcada falta de oxígeno, llamada hipoxia, causa una cascada de efectos físicos, indicó Hackett. La frecuencia de respiración aumenta a medida que el cuerpo trata de conseguir más oxígeno. Los problemas médicos se vuelven más duros porque los músculos requieren oxígeno y el respirar requiere un esfuerzo extra.
El apetito disminuye y la comida no es absorbida eficientemente. El resultante déficit calórico empeora la fatiga. Los escaladores demasiado cansados se deshidratan.
La sangre se espesa a medida que el cuerpo produce más glóbulos rojos que transportan oxígeno. La congelación es mucho más probable a medida que el cuerpo desvía la sangre rica en oxígeno hacia su núcleo y lejos de las extremidades. Dormir es difícil porque llega menos oxígeno a los centros del sueño del cerebro. La falta de sueño y la falta de oxígeno se combinan para afectar el pensamiento y el buen juicio.
La gente puede tener alucinaciones, o tomar decisiones de riesgo que no deberían, o estar tan cansados que se sientan y nunca se despiertan. Y eso es todo lo que le ocurre a la gente que no está realmente enferma. El mal de montaña comienza como una resaca con jaqueca y náuseas, y puede empeorar el control motor, provocar confusión, inflamación del cerebro, líquido en los pulmones, coma y muerte.
Aún los escaladores que aparentan haberlo hecho bien descubren luego que han sufrido daño cerebral permanente. Lo que lleva a una pregunta: ¿Por qué alguien intenta subir el Everest sin oxígeno? Es el desafío, dicen los montañistas, pero también una cuestión de honor.
"Si voy a ir a una montaña de más de 8 mil metros como el Everest, quiero subir esos 8 mil metros a pie", dice Viesturs, de 56 años, quien escaló ese monte por última vez en 2009 y quien aún guía expediciones en Mount Rainier en el estado de Washington. "Por respeto a la montaña, trato de treparla bajo sus términos... no es un desafío bajar la montaña". Psicológicamente, algunos montañistas creen que usar oxígeno es hacer trampa.
El biólogo Thomas F. Hornbein, quien escaló el Everest en 1963, calculó que la cumbre se siente a la mitad de lo que en verdad es si una persona toma oxígeno tres veces por minuto. Aún si esa persona trabaja duro -y respira duro- en lugar de descansar, la montaña parecería estar un kilómetro y medio más baja de lo que en verdad es.
"La gente siempre dice que te sientes como Superman, y que puedes ir más rápido y estás cálido", expresó Viesturs quien agregó que el oxígeno no sólo lo hizo sentir más despabilado cuando trató de escalar con oxígeno, sino que la máscara le hizo sentir claustrofobia.
Antes de que el viaje comenzara, Ballinger dijoq ue después de dos temporadas opacadas por avalanchas mortales y un devastador terremoto, quiere que la gente recuerde que la montaña es especial. Él y Richards insisten en que no son temerarios. Pasaron semanas aclimatándose a la altitud y Ballinger durmió incluso en una tienda de hipoxia para imitar la altitud antes de viajar al Everest. Están en permanente contacto con personal médico a través de internet satelital y con casi todos a través de Instagram, Snapchat, Facebook y otras redes sociales en #EverestNoFilter (#EverestSinFiltro). Tienen un tanque de oxígeno suplementario en caso de que cambien de parecer a los 8.000 metros.
Pero no hay forma de saber cómo tolerarán la muerte de oxígeno cuando lleguen a esa altura.
Ballinger ha hecho cumbre en el Everest seis veces, todas ellas usando oxígeno. Richards intentó subir sin oxígeno en su previa expedición de 2012, pero se enfermó y debió ser evacuado de la montaña por medios aéreos.
"Lo que me asusta es cómo caminaré esa delgada línea entre éxito y muerte", manifestó Ballinger antes de subir. "Quiero tratar de encontrar esa línea y estar en el lado correcto". Lo que fuera que haga no dependerá de él, indica Hackett, quien explica la tolerancia a la altitud extrema depende más de una cuestión genética que de fitness o preparación. Muchos experimentados, bien entrenados han fallado.
"Sin oxígeno", dijo Viesturs, "el 99 por ciento de la gente que ha escalado el Everest no hubieran escalado el Everest".
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