El ser humano tiene la capacidad de adaptarse al ambiente que lo rodea y, de esta manera, logra evolucionar con el paso del tiempo. Esta cualidad fue la que convirtió a un joven trabajador del barrio de Lampa, Santiago, en el maratonista más importante de la historia de a href="https://www.infobae.com/" rel="noopener noreferrer" Chile/a.
Dueño de un tranco largo, que correspondía con su altura y su extremada delgadez, pudo destacarse por sobre sus 10 hermanos en las habituales carreras que juntos corrían hacia la escuela, adonde llegaban para aprender a leer, escribir y las operaciones básicas de matemática.
Esos trayectos diarios hicieron que el joven nacido el 17 de marzo de 1900 consiguiera la fortaleza física necesaria y la capacidad pulmonar para poder soportar el duro trabajo que significaba ser suplementero.
A los 12 años, comenzó a repartir diarios en la capital de Chile, Santiago, trabajo en el cual debía competir contra sus compañeros, ya que el que más diarios vendía más dinero recolectaba.
Su físico fue mutando y a los 17 años sus huesos dejaron de ser los protagonistas de sus piernas y una fibrosa capa de músculos se hizo dueña de sus extremidades inferiores. Entonces se dio cuenta de que podía sacar provecho en una competencia y su primera carrera culminó con un éxito tal que llamó la atención de todos los presentes.
Plaza logró la primera medalla en la historia de Chile y la única en maratón
Su performance llamó la atención de Eithel Stewart, quien lo convenció para que entrenase bajo sus órdenes. En 1920 salió tercero en los 5.000 metros de Santiago y segundo en los 1.000 metros.
Para 1924, Plaza ya era considerado un rival que tener en cuenta y en el Campeonato Sudamericano de Atletismo dio cátedra y ganó las pruebas de 3.000, 5.000, 10.000 metros y campo a través.
Aquella extraordinaria actuación le valió el boleto para los Juegos Olímpicos de Paris 1924, donde completaría la maratón en 2 horas 25 minutos, y terminó en sexto lugar. Un aviso de lo que conseguiría cuatro años después.
En Ámsterdam 1928 y nuevamente como abanderado de la delegación chilena, gracias a haber repetido sus triunfos en el Campeonato Sudamericano de Atletismo tanto en 1926 como en 1927, este último disputado en Santiago, Plaza llegaba como candidato a colgarse la presea de oro.
El 5 de agosto, el corredor chileno no tuvo la mejor de las partidas y se alejó rápidamente de los competidores más veloces. Sin embargo, su perseverancia y buen ritmo le permitieron acortar distancia hasta llegar a un punto desconcertante.
Según cuentan aquellos afortunados que presenciaron la carrera, Plaza recorrió varios metros completamente desorientado del trazado original cuando había alcanzado la punta. Luego de varios minutos, y siguiendo las indicaciones de los espectadores, pudo encontrar nuevamente el camino, pero su posición había sido tomada por El Ouafi, un argelino nacionalizado francés que llegó en primer lugar.
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26 segundos después, habiendo recorrido más de 42,195 km en 2:33:23, Manuel Jesús Plaza Reyes cruzó la meta y pudo llevar la medalla de plata para Chile, la primera de su historia, en donde fue recibido con un abrazo por Carlos Ibáñez del Campo, presidente de la República en aquel entonces.
Aquel logro todavía ocupa una de las páginas más importantes del deporte chileno, ya que en 88 años ningún atleta del país sudamericano ha podido superar aún la marca de Plaza, quien falleció el 9 de febrero de 1969, recordado como una leyenda que logró llevar a Chile a lo más alto del deporte olímpico.