En el señorial y tradicional barrio de Georgetown, en Washington D.C., Estados Unidos, se levanta la casa del coleccionista de arte Daniel Levinas. Si uno la observa de afuera, parece una típica morada aristocrática del histórico barrio del Distrito de Columbia, famoso por ser el epicentro de embajadas y por el campus de la universidad homónima. Pero detrás de sus muros de ladrillos a la vista pintados de un purísimo blanco se esconde una de las colecciones privadas de arte contemporáneas más ricas y vanguardistas de la actualidad, en la que se destacan obras de autores latinoamericanos.
Levinas reside en Washington desde hace 30 años, con su mujer Mirella, nacida en Estados Unidos e hija de un diplomático chileno. Ella cuando era chica se fue a vivir a la Argentina y allí conoció a su marido. Daniel es un emprendedor nato y editor argentino criado en el seno de una familia de creativos. Es hermano del periodista Gabriel y de otros hermanos Levinas, un verdadero clan de talentos.
Daniel se desempeñó como directivo del Smithsonian's Hirshhorn Museum and Sculpture Garden, en la capital estadounidense y hoy trabaja para el Arlington Arts Center y la prestigiosa feria Art Basel Miami Beach, que ya se convirtió durante los últimos años en uno de los eventos artísticos más importantes de América y el mundo.
Emplazado en Wisconsin Av. y R Street se erige un templo al arte, su casa. Un homenaje al avant-garde. Pero no todo fue tan fácil, ni tan rápido.
Para poder remodelar la casa, Levinas, junto con su hermano Salo –arquitecto y socio del estudio Shinberg, Levinas & Bethesda, con sede en Maryland- emprendió una lucha que duró más de un año para conseguir los permisos necesarios por parte de la Old Georgetown Board. Al fin los hermanos lograron lo imposible y emprendieron la ardua pero añorada tarea de renovar la casa "intocable".
La residencia en cuestión fue construida en 1830, renovada en 1957, y comprada por la pareja Levinas en el año 2002. Y recién en el 2004, se llevó a cabo la tan esperada remodelación.
Durante mucho tiempo fue llamada "The Hope House" por los connaisseurs del lugar, debido a que una de sus dueñas fue Evalyn Walsh McLean, una heredera rica y excéntrica del jet set washingtoniano, y propietaria del fastuoso Hope Diamond, un diamante de 45 quilates. Esta increíble piedra preciosa pasó más tarde a las manos del joyero Harry Winston, que en 1958 lo donó al Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian.
Daniel Levinas, ávido coleccionista desde los años 70, comenzó a buscar en el cambio de siglo una morada especial que pudiera albergar todos sus tesoros, adquiridos junto a su esposa a lo largo de décadas. Su idea inicial fue buscarse un loft o un departamento amplio, pero la casa de Wisconsin Avenue terminó por conquistarlos.
El resultado de la remodelación de la mansión fue simplemente increíble. El exterior, con ladrillos pintados de blanco y adoquines en la entrada, es una especie de "trampa", en el sentido que uno no espera encontrarse con lo que lo aguarda detrás de sus puertas.
La residencia ocupa una superficie total de 1.200 metros cuadrados, divididos en tres pisos unidos por una impactante escalera de cristal que genera un efecto luminoso y de amplificación. No hay líneas curvas en este dominio de ángulos rectos. Los pisos están hechos con una exquisita madera wengué, salvo el living, cuya superficie está realizada en un compuesto de mármol, granito, vidrio y cuarzo, sobre la que los pedestales y esculturas encuentran una base espectacular y acorde a la grandiosidad de su espíritu.
El mobiliario, pensado con la colaboración de Jeffrey Thrasher, es ultramoderno y funcional: en el comedor hay una mesa larga y transparente de Carlo Scarpa, con sillas de Mies van der Rohe.
En los frescos días de verano, basta con abrir los grandes ventanales que dan al exterior para una interconexión armoniosa entre interior y naturaleza. Tres jardines completamente diferentes se alzan entre los límites de esta propiedad: un frondoso paraíso vegetal, con una escultura metálica de León Ferrari como epicentro; uno recubierto de piedra blanca, con una estatua de bronce que entierra su cabeza, como queriendo escapar del mundo hacia otra dimensión, y el último con una espectacular pileta.
Es que el hogar de los Levinas es una mezcla perfecta de vida doméstica y galería privada; una especie de MALBA, pero con una calidez que –luego del impacto inicial producido por la vasta y bien curada colección con la que uno tiene el placer de compartir espacio- reconforta, y hace que el huésped o visitante que arriba a este templo de arte personal se sienta cómodo y a gusto.
No por nada esta casa ha sido la anfitriona de un sinfín de figuras de la política local, como Martín Lousteau y Héctor Timerman, en su rol de embajadores, y el epicentro del encuentro del jet set del poder estadounidense. Tony Lake –actual director ejecutivo del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y asesor de diversos presidentes de los Estados Unidos desde Bill Clinton hasta Barack Obama antes de que fuera electo como mandatario- se deslumbró entre sus muros. Incluso, cuando fue la inauguración del segundo mandato de Obama, le propusieron a Levinas utilizar su hogar como escenario de varias fiestas. Al final esto no sucedió, pero la residencia continúa recibiendo constantemente a la alcurnia de la alta sociedad y la política.
El diseño interior fue pensado especialmente para exponer todas las obras de arte que conforman la colección de la pareja Levinas. Las paredes blancas, los espacios amplios y una iluminación atenta y cuidadosa destacan al máximo cada una de las piezas que se exhiben. Es una grandiosa puesta en escena. Salo, Daniel, Mirella y el decorador Jeffrey Thrasher lograron un resultado sofisticado. Los artistas más prominentes de la new wave latinoamericana como Nazareth Pacheco, Javier Arce y Waltércio Caldas conviven con León Ferrari, Rogelio Polesello –uno de los primeros artistas que Levinas sumó a su colección-, Anish Kapoor y Tunga.
Cientos de pinturas, esculturas, fotografías y videos hicieron de este su hogar. Y la calidez de esta residencia-galería de vanguardia también está lograda por el sentido que los Levinas le dan al arte. A ellos les encanta estar rodeados de objetos bellos que los hagan sentir bien, por lo que las obras expuestas reflejan una armonía y alegría que no está presente en otra gran colección privada. Aquí no se encontrarán piezas violentas o agresivas, pero la pasión desborda cada rincón con igual poder y fuerza.
La exploración artística de estos coleccionistas es impresionante, y consiguen piezas que se les pasan a la mayoría. Su art hunting los lleva a todos los rincones del planeta, desde Nueva York, Venecia, Berlín y Madrid, hasta Ciudad de México, Eslovenia y, obviamente, Buenos Aires. Obras de Vik Muniz, Cildo Meireles, Andy Warhol, Matthew Barney, Olafur Eliasson y Liliana Porter llegaron así a ser parte de su tesoro, y de una de las colecciones privadas más impresionantes de todo el mundo.
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