Amistad y alcohol en la nueva novela de la bestseller Amélie Nothomb

La autora (nacida en Japón, de nacionalidad belga y que escribe en lengua francesa) narra una historia donde ella es su propia protagonista y se relaciona con una escritora joven que vive al límite

MaxPPP
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La relación entre la literatura y el alcohol siempre fue laxa y amistosa. Una profesión donde el escritor maneja sus propios tiempos y lidia permanentemente con la ansiedad y el desgano de enfrentarse a una hoja en blanco de forma diaria no podría ser de otra forma. La humanidad ha tenido a la bebida (y a las drogas, en términos generales) como una vía de escape o recreación frente a la responsabilidad que exige la vida cotidiana. Desde Charles Bukowski, que decía en Factotum (1975) que "cuando bebes el mundo aún está ahí afuera, pero en ese momento no te tiene agarrado del cuello", hasta Charles Baudelaire, cuando personificada al vino en uno de sus poemas de Las Flores del Mal (1857): "Siento una inmensa dicha al caer / en la boca de un hombre consumido por el trabajo". En ambos casos, el alcohol aparece como quien posibilita que disminuya el peso del mundo, pero ¿es una salvación o una relajación?

La editorial Anagrama acaba de publicar Pétronille en español, la última novela de Amélie Nothomb (Japón, 1967) que salió en su lengua original, el francés, en el año 2014. Allí, esta autora de nacionalizada belga expone una forma romántica de ver la bebida que califica como el "áureo canto de las sirenas". "La embriaguez no se improvisa. Es competencia del arte, que exige dar y cuidar" son las primeras palabras del libro y, de alguna manera, traza una distinción en el uso del alcohol. Como si le estuviera hablando a los millones de adolescentes que salen y se emborrachan en los boliches hasta quedar inconscientes bajo la "cultura del reviente", asegura que beber es un arte, y como tal el disfrute en el paladar es uno de sus elementos constitutivos.

"Beber deprisa no significa beber con ansia. Nunca tomo más de un sorbo a la vez", reconoce como recordando esa tradición que suelen tener los franceses con el buen comer y beber, la degustación de esos platos exóticos donde las papilas gustativas experimenten el placer. De esta manera traza una historia donde la bebida será la excusa para hablar de una relación de amistad entrañable.

La novela tiene el nombre de Pétronille Fanto, una chica (pichona de escritora) de aspecto andrógino y actitud desafiante, que la autora suele comparar con Arthur Rimbaud en su juventud transgresora. Como una suerte de relato autobiográfico explícito, la misma Amélie Nothomb es la protagonista y en un determinado momento de su vida decide buscar una "compañera de borrachera". En una librería donde firma sus libros, conoce a esta joven francesa y la invita a beber. El champán es la bebida favorita y a partir de la excusa del alcohol se teje un vínculo que llevará a indagar sobre la amistad: ¿es la diferencia o la semejanza lo que atrae a las personas?

Mucho más joven y con una vida más border y radical, Pétronille comienza a preocupar a la Amélie cuando, finalmente, descubre que se somete a probar pastillas de laboratorio para costear su vida ya que la literatura no llega a darle el sustento económico necesario. ¿Cómo querer a quien no se quiere? ¿Cómo cuidar a quien no se cuida? "Esa extraña forma de amor tan misteriosa y peligrosa en la que siempre se nos escapa todo lo que está en juego: la amistad", dice la autora y decide cuidarla. Antes, la ayuda a ganarse un lugar entre los escritores de su época.

Sin embargo su juventud y despreocupación es lo que parece llevar las situaciones a un escenario más inquietante. "Había observado que cuanto más bebía, más a la izquierda de la izquierda se aventuraban sus opiniones", dice Nothomb de Pétronille Fanto, que es, además, hija de comunistas. En una escena, la protagonista viaja a la ciudad francesa de Antony para conocer a esa familia y describe, de una forma práctica y ácida, las charlas de la izquierda comunista. "Como la propiedad es un robo, nunca cierra la casa con llave. Y nos han robado no sé cuántas veces" dice Pétronille de su padre, un obstinado comunista que, en su afán de ser optimista, asegura que "menos mal que nos queda Cuba".

"Yo la miraba con la estúpida admiración propia de los de mi especie cuando se tropiezan con un auténtico proletario", comenta la protagonista sobre Pétronille y sus orígenes pero sobre todo pensando en la forma despreocupada en que vive. En esta relación que, además de ser una amistad, es una amistad entre escritoras, nace la cuestión etaria y las diferentes perspectivas de ver el mundo. Cuando hablan de la locura, la joven le reconoce a la escritora belga -que narra todo en primera persona- que su locura es mayor porque es inclasificable. A lo que se refiere es a la capacidad de dominar su vida, de dejarse llevar por el alcohol pero no hasta el punto de desorientarse, de perderse y al fin jamás recuperarse. La locura de la Nothomb protagonista es la locura de alguien que tiene la experiencia y la solidez intelectual necesarias para no dejarse estafar por el delirio.

En cambio, Pétronille se pierde, descarrila, viaja al Sahara como una suerte de introspección interior. Da la impresión que no se encuentra a sí misma, que no se contenta con nada. No es el alcohol, desde luego que no, es una insatisfacción permanente. Por el contrario, Nothomb permanece plantada en su eje, por eso es la que cuida, la reta, la asiste, la alienta. No la comprende pero, sin embargo, está. Como las buenas y duraderas amistades: lealtad ante todo, respeto y comprensión.

Amélie Nothomb, la autora, escribe como quien habla mientras gesticula con las manos: una prosa simple, práctica, espontánea y fácil de seguir. La historia se prolonga durante 152 páginas con una soltura impecable, y si en algún momento la abulia florece, es el final (extraordinario final) que logra hacer resurgir la trama y resignificarla dotándola de sentido y emoción. Pero, ¿es esta una novela digna de una bestseller? ¿Está altura de sus demás producciones famosas como Estupor y temblores (1999) u Ordeno y mando (2008)? "La pregunta es si, frente a las exigencias del mercado editorial, las novelas mantienen la calidad literaria", se interroga la crítica y escritora Leticia Martin teniendo en cuenta la enorme y extensa producción que tiene Nothomb: casi 40 títulos en 25 años. Aquí, en esta novela, la autora muestra su estilo, su ingenio y su docilidad para divertir. Quizás, las grandes obras suceden una, dos o a lo sumo tres veces en toda una carrera. Pétronille no es el caso, pero vale la pena su lectura.