Veronique Roy todavía habla de Quentin en presente. Pero enseguida sacude la cabeza y se corrige: "Me cuesta un poco, está todo muy reciente, pero quiero contar mi historia. Para mi hijo ya es demasiado tarde. Pero quizá otras familias estén a tiempo de salvar a los suyos".
Quentin tenía 21 años cuando un día de primavera en 2013 anunció a sus padres que se había convertido al islam. "Aquella noche lloré. No porque mi hijo hubiese dejado de ser católico para ser musulmán sino porque como madre me dolió no haber podido acompañarle en esa conversión".
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Esta parisina, que tiene otro hijo y trabaja como comercial en una empresa en el centro de la ciudad, explica que la conversión de su hijo menor llegó de la noche a la mañana y fue entendida por su entorno como una búsqueda espiritual del joven, entonces enamorado de una joven francesa y estudiante de Educación Física.
Veronique llama "el gurú" a aquella persona. Su identidad fue una incógnita que la familia tardó dos años en despejar.
Pero pronto las garras del "gurú" que lo había convertido empezaron a hacer mella en su visión espiritual del Islam. "Hay que entender que mi hijo era mayor de edad pero todavía era muy joven. Se estaba construyendo", dice la madre. "Siempre digo que si Quentin se hubiese cruzado en ese momento con un proyecto de Greenpeace o con cualquier asociación humanitaria, ahora estaría vivo. Y estoy convencida porque Quentin era una persona llena de bondad. En lugar de eso, se topó con un reclutador que le manipuló el cerebro. Son como los pedófilos. Saben escoger a su presa".
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Fiscalía belga dijo que la célula yihadista de Bruselas quería atentar de nuevo en Francia https://t.co/ypqSsvWVY7 pic.twitter.com/DG62LU11xG
Infobae América (@InfobaeAmerica) April 10, 2016