La UBA, ganadora de una prestigiosa competencia de Derecho privado

Por primera vez una universidad latinoamericana obtuvo el premio mayor entre más de 300 participantes en la Willem C. Vis. Infobae habló con los estudiantes que integraron el equipo

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Desde hace 20 años, la UBA participa en Viena de la Competencia Willem C. Vis. En esta edición, un grupo de estudiantes de Derecho logró imponerse entre 311 universidades del mundo y por primera vez la institución se consagró campeona, luego de vencer a Singapur Management University.

La Willem C. Vis tiene como eje central la promoción del estudio del Derecho comercial internacional y del arbitraje como método de resolución de conflictos. A través de varias etapas, alumnos de distintas universidades deben analizar un caso ficticio de compraventa internacional de mercaderías con el objetivo de defender los intereses de la parte actora y demandada frente a un tribunal arbitral, que está integrado por prestigiosos árbitros internacionales, abogados y académicos.

El equipo representante de la UBA estuvo conformado por María Guillermina Fortunati, Juan Massun, Juan Ignacio González Mayer e Iván Levy. Para estar a la altura de este desafío, los estudiantes fueron sometidos a un intenso régimen de preparación, a cargo de los ex participantes Julián Bordaçahar, Florencia Lebensohn, María Belén Pironi, Victoria Rodríguez Goyena, Juan Ignacio Ruiz, Emmanuel Kaufmann, Roy Goldsman y Laura Lafuente.

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Tres integrantes del equipo ganador visitaron el estudio de Infobae para contar cómo fue su experiencia en esta prestigiosa competencia y explicar cuáles fueron los mayores desafíos con los que se encontraron en el camino hacia la gran final. A continuación, la entrevista completa:

—¿Cómo fue que decidieron participar de la Williem C. Vis?

Juan Massun: Personalmente, lo que me sedujo era la posibilidad de conocer otras universidades, de viajar, y la rigurosidad académica del proceso. Se sabía desde un principio que iba a ser muy intenso y de alguna manera eso termina como cambiándote; te da muchas herramientas para el futuro.

Guillermina Fortunati: Yo creo que nos metimos medio sin saber. Nadie sabía en definitiva qué era lo que estábamos haciendo. Y cuando te metés te das cuenta de que es una manera de hacer de la carrera algo distinto, sumarle algo diferencial que está muy bueno.

Iván Levy: Yo estaba un poco más en tema y había averiguado. En la carrera uno estudia más de memoria el libro, y este tipo de experiencias son todo lo contrario: trabajo en equipo, deducción... todas herramientas que uno por ahí no desarrolla en la carrera normal. Entonces, eso por ahí también invita a esa curiosidad y competir con otras universidades era algo atractivo.

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—¿De qué se trata la competencia?

J.M: Por un lado es una competencia sobre arbitraje y por otro sobre compraventa internacional de mercadería. Son audiencias en las que cada equipo tiene dos integrantes y cada uno expone por unos 15 minutos. Normalmente hay un problema de arbitraje, de jurisdicción, y después otro con respecto a los méritos de la disputa. Y en esos minutos estás exponiendo frente a tres árbitros, que es gente que practica en el mundo laboral. O sea, gente de una gran envergadura. Eso lo pone a uno un poco nervioso, y siempre tienen preguntas que pueden ser muy incisivas, así que uno tiene que estar preparado para que le pregunten cualquier cosa.

—¿En qué consistió esta preparación?

G.F: Realmente tenemos que agradecer porque tuvimos un equipo de entrenadores espectacular. El entrenamiento es muy intenso, pero es muy bueno. Cada uno de nosotros creció un montón desde que quedamos seleccionados hasta que participamos en Viena en marzo. El entrenamiento consistió en juntarnos dos veces por la semana con los entrenadores, a partir de las 8 de la noche hasta la 1 de la mañana. Después cada vez se iba intensificando más, sobre todo ya en el mes de febrero, más allá de que nosotros nos juntamos los fines de semana.

—¿Durante cuántos meses se extendió este entrenamiento?

J.M: Desde octubre, más o menos. Incluso hay un proceso anterior. Para poder estar en el equipo, la UBA todos los años saca un concurso donde se selecciona a los cuatro integrantes que van a representar a la universidad. Y esa selección es una especie de réplica de lo que se va a venir más adelante. Entonces ahí la intensidad es menor pero está la incertidumbre de que uno no sabe si va a quedar o no. Y una vez que uno es seleccionado, ahí empieza realmente el trabajo en serio.

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—¿Cómo son las distintas etapas de la competencia?

I.L: Siempre hay un mismo caso que es ficticio. De este caso, cada equipo primero defiende a cada una de las dos partes por escrito y manda los memoriales de ambas. Y después lo defiende en las audiencias orales, donde ya se enfrenta equipo versus equipo con el tribunal. Después, dentro de la audiencia oral, hay una fase de grupos, con audiencias que no son eliminatorias, y después solo las 64 con mayor puntaje pasan a rondas eliminatorias. Y ya es uno contra uno hasta la final. Son seis audiencias en total: rondas de 64, 32, octavos, cuartos, semi y final. Con lo cual la exigencia cada vez es mayor, porque en principio las universidades tienen niveles un poco más dispares y ya después tienen un nivel muy parejo.

G.F: Y en todo el proceso vas haciendo parte actora y parte demandada. Eso sí lo vas cambiando todo el tiempo. Tenés que estar entrenado para cambiar la cabeza.

J.M: Promueve la esquizofrenia, porque por dos horas estás alegando a favor de la demandada y una vez que dicen que ganaste, pasa una hora durante la cual tenés que preparar la posición exactamente opuesta que la que acabás de defender. Y así varias veces hasta que llegás a la final. Hay que estar muy rápido en el bocho.

—¿Cómo fue esa final? (al pie de esta nota, el video del momento en que anuncian al ganador)

G.F. Fue increíble. La verdad es que toda la experiencia fue impresionante, pero la final... hay dos mil personas escuchando. Nos tocó un tribunal increíble. Veníamos leyendo los libros de tres de los árbitros que nos tocaron durante todo el proceso de preparación y de repente los teníamos enfrente. Pero ya a esa altura, como lo hiciste tantas veces y venís tan preparado, lo lográs.

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—¿Alguna vez pensaron que podían ganar?

J.M: Sinceramente no. Siempre era como lo imposible. Incluso nuestro coaches nos prometían cosas imposibles si ganábamos... Y tal es así que no nos dimos cuenta de que habíamos ganado. Fue muy vertiginoso hacia el final, porque en dos días tenés que alegar seis veces. Fue muy automático, muy vertiginoso y había que dar lo más que teníamos. Fue un sueño hecho realidad.

G.F: Igualmente, ninguno creía que era posible realmente, pero lo que a mí me pareció es que nos entrenaron como campeones. No sabían que íbamos a llegar a ser primeros, pero sí nos dijeron: "Los vamos a formar para que den lo mejor de lo que puedan dar". Y se notó porque, si bien pensaban que era un objetivo imposible, nos formaron para el objetivo posible y eso creo que es parte de la clave del éxito.

I.L: Yo creo que no pensábamos que se podía porque el margen de error es muy chico. Un error en cualquier ronda eliminatoria casi que te deja afuera, sobre todo cuando los equipos ya son tan parejos. Es cierto, vos podes estar muy preparado, pero te equivocaste en una cosa, se dio cuenta alguien y estás afuera. Yo creo que en ese sentido no creíamos poder hacerlo, pero también habíamos tenido buenos resultados en rondas anteriores. Y la verdad es que teníamos un equipo lindo y teníamos fe. Pero siempre fuimos audiencia a audiencia, hasta que en un momento llegás ahí y es un paso más. Si damos un paso más, ya estamos.

Por primera vez una universidad latinoamericana obtuvo el premio mayor entre más de 300 participantes en la Willem C. Vis. Infobae habló con los estudiantes que integraron el equipo