La síntesis perfecta de la historia entre San Lorenzo y la Copa Libertadores

Cuando debés ganar 4-0 y te empatan 1-1 en el descuento, con tres pifias en la misma jugada, poco se puede decir. Llámele impericia, torpeza o como guste. No cabe duda que volvió del letargo la maldición de siempre, ahora recargada

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¿Podemos ser tan haraganes de recaer en la crítica a Guede cuando San Lorenzo mereció ganar el partido por cuatro goles de diferencia? Seamos inteligentes por una vez y no depositemos la frustración en el facilismo de cuestionar al entrenador, por la mísera razón de carecer de una espalda ancha.

El Ciclón se puso en ventaja rápidamente, mediante el penal bien sancionado. Después erró una, falló la segunda, llegó la tercera, apareció la cuarta y hasta hubo una quinta opción neta de gol, pero el cuerpo del arquero de Gremio se lo negó a Caruzzo. El adversario niveló las acciones con una jugada aislada, con tres pifias en el medio y por un disparo que entró por la fuerza de la injusticia. Insólito por donde se lo analice.

Fuimos ingenuos, torpes o verdes. Pecamos de erráticos en ataque o sufrimos en carne propia la impericia para sentenciar un encuentro que estaba a merced de nuestras posibilidades. Póngale el calificativo o elija la explicación que prefiera. Todas estarán bien y mal al mismo tiempo. A San Lorenzo se lo devoró la desconfianza y, principalmente, el capítulo estreno de la historia de infortunios con la Copa Libertadores.

La edición 2014 fue la noche que bailamos codo a codo, en la que ganamos por insistencia, cuando cristalizamos el sueño postergado durante 54 años. Pero de nuevo los vaivenes, los roces convulsivos, la tirantez insufrible y la necesidad de darnos un tiempo. Algunos podrán adherirse, otros apegarse al escepticismo. Existe algo cuyo origen dista de lo futbolístico, y esta noche quedó demostrado.

El consejo es apostar el todo por el todo al campeonato. Recibimos señales y sería necedad ignorarlas. Se quemaron los papeles, las calculadoras piden clemencia y no se puede vivir dependiendo de milagros (combinación de resultados propios y ajenos). Arsenal le enseñó a San Lorenzo que no tiene dos planteles competitivos, sino un equipo fuerte y un puñado de alternativas valiosas.

Hay que ganar en Quilmes y aprovechar las chances que nos regaló Central. Ella, la histérica Copa Libertadores, ya se arrepentirá de todos los daños innecesarios. Ya sabemos de qué se trata.