La doble vara con que se mide a Francisco

Bajo el título "Un llamado a la no violencia", la diputada Elisa Carrió manifestó: "Hay que defender al Presidente de la Nación, que busca la pacificación y que fue electo por vía democrática, es preciso no generar confusión. Espero de los Obispos de Argentina, ya no del Papa".

Me pregunto de quién y de qué hay que defender al Presidente. ¿Del Papa Francisco acaso?

"A Roma no voy", fue la caprichosa frase con la que la diputada remató su publicación en una red social. Más acorde a una adolescente ofuscada, que a una parlamentaria que debería respetar las acciones del Sumo Pontífice. Todas, no solo las que ella aprueba. Porque después de todo, y mal que le pese a muchos, Iglesia somos todos, no solo los que comulgan los domingos en Recoleta.

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Veo en el accionar de Lilita y en muchos católicos confesos un egoísmo supino, que juzgan a su Santidad porque está construyendo un camino de inclusión, de perdón, de redención para todos aquellos que no han tenido la posibilidad de tener una vida digna.

"Pretender prohibirle este gesto al Papa muestra un deseo de tensar la cuerda que no es precisamente una ayuda a la pacificación de la Argentina", declaró públicamente "Tucho" Fernández, rector de la UCA, dejando en claro que el dedo acusador de Carrió no es bien visto por un amplio sector de la iglesia católica argentina. Y que es más, alarma el tono de superioridad con el que Carrió pretende dictarle moral nada más y nada menos que al Papa.

El gesto que tuvo Francisco al enviarle un rosario a Milagro Sala desató una ola de declaraciones e ira inusitadas.

Gabriela Michetti sostuvo que el papa Francisco pudo haber enviado el rosario porque debe "considerar a Sala como una dirigente social que se ha dedicado a trabajar por los humildes, pero cuando una sabe que está rodeada de sospechas de cuestiones más complicadas también tiene que pensar que es una cuestión más controvertida".

No les interesa, en realidad, el contenido de lo que plantea el Papa Francisco con su gesto. Simplemente buscan utilizar su figura para su beneficio. Cuando el jefe de la iglesia critica al capitalismo salvaje que ellos defienden, no lo soportan. No pueden entender como el "sumo pontífice" apoya a alguien a quien ellos desprecian. Porque no se trata de personas, se trata de políticas que no comparten, que es la de la inclusión y la justicia social.

"Ya tenemos varias décadas perdidas pensando y creyendo que todo se resuelve aislando, apartando, encarcelando, sacándonos los problemas de encima, creyendo que estas medidas solucionan verdaderamente los problemas", afirmó su Santidad desde México, en algo que pareciera ser una respuesta elíptica a Gabriela Michetti y Lilita Carrió.

El Papa valora el trabajo de los dirigentes sociales, la fuerza de quienes luchan por cambiar la situación de los muchos que no tienen casa donde vivir o una alimentación adecuada. Los Movimientos Sociales y su llamado a trabajar por las tres T: Tierra, Techo y Trabajo tiene que ver con eso, con aunar esfuerzos para poder incluir a aquellos que todavía no pudimos incluir, con darle trabajo digno a quienes no lo tienen.

El Papa Francisco nos señala que la unidad prevalece sobre el conflicto y el todo es superior a las partes. Por eso, lejos de sostener acusaciones superfluas contra él, deberíamos trabajar todos juntos para llegar a cada una de las personas que en nuestro país aún no tienen tierra, techo y trabajo. Deberíamos impedir las políticas recesivas y antipopulares que reducen las posibilidades laborales, deberíamos oponernos al achicamiento del Estado, deberíamos disuadir de implementar medidas que repriman las protestas sociales, deberíamos estar unidos para seguir incluyendo y generando empleo. Poniendo por delante el bienestar del Pueblo y muy por detrás los egos personales.

Como muy bien lo expresó Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina, "las asociaciones intermedias, las organizaciones populares, son verdaderas redes que fortalecen el tejido social, que cuidan a los más frágiles ante el avance de la globalización de la indiferencia, que aportan al bien común, la justicia y la paz. Si los demonizamos y no sabemos (o queremos) acoger sus voces y aportes, seremos cada día más pobres como sociedad".

El autor es diputado bonaerense por el FpV-Movimiento Evita.

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