Quién es la empresaria trans que promete "la vida eterna"

Martine Rothblatt nació hombre y a los 42 años cambió su identidad. Triunfó en la industria techie y decidió almacenar "la conciencia" de su esposa en un robot. Hoy a los 62 es considerada la nueva gurú de la inteligencia artificial

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Hay personajes en la historia que parecieron estar destinados a trascender, ya sea por particularidades de su personalidad, algún talento innato o algún logro que rompió con lo establecido. Así y todo, hay pocos que tienen una capacidad de escaparle tan lejos a lo convencional y aun así convertirse en figuras de profundo interés para quien los conoce. Se podría decir que Martine Rothblatt es una de las más exitosas empresarias del mundo y que está consolidada como una de las pioneras en el campo de la inteligencia artificial. Sin embargo, la "techie" de 62 años cosechó a lo largo de su vida un sinfín de hechos que la convierten en un sujeto fascinante para la humanidad.

Rothblatt fue hasta los 42 años un hombre que se llamaba Martin y que tenía dos hijos junto a su esposa Bina y otro hijo de una relación anterior. En medio de su auge en las compañías tecnológicas, el entonces abogado experto en legislación espacial decidió convertirse en mujer, se realizó una operación de cambio de sexo y se encaminó en la investigación y desarrollo de dos temas trascendentales para el ser humano: la salud y la posibilidad de una "vida infinita".

A lo largo de su vida, Rothblatt desarrolló el primer sistema de localización satelital de vehículos en el mundo, la primera red global de radio por satélite, creó un satélite que brinda servicios de radio libres de propaganda y desarrolló un robot basado en la conciencia de su mujer que ya tiene autonomía para poder mantener una conversación con un humano. Todo ese cocktail con el difícil condimento de un cambio de sexo en el medio.

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"No puedo asegurar que todo lo que conseguí en mi vida es equivalente a los logros de una mujer, porque la mitad de las cosas que hice, las realicé como varón", detalló la empresaria.

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Entre el amor y la tecnología

Martine era en su infancia Martin, un joven judío de una familia de clase trabajadora de los suburbios de San Diego. Debido a que en su barrio había una clara mayoría de residentes latinos, el pequeño estuvo acostumbrado desde sus primeros años a convivir con las diferencias.

Después de haber comenzado la carrera de abogacía en la Universidad de California en Los Angeles, el futuro profesional cambiaría en su primera visita a la NASA. Desde el momento en que visitó el centro de operaciónes de la compañía espacial, supo que su vida estaría relacionada a la tecnología y al espacio.

Mientras tanto y cuando empezaba a definir su primer emprendimiento empresarial, Rothblatt conoció en 1979 en una discoteca a Bina Aspen, una joven negra que cambiaría para el resto de sus días su concepto sobre el amor.

"Había un DJ, música disco y hasta una bola de cristal. La vi sentada a Bina en un rincón y sentí una atracción que jamás había sentido antes. La invité a bailar, lo hicimos, después nos quedamos charlando y desde entonces permanecimos juntas", explicó Rothblatt.

En su momento, la pareja heterosexual no lo sabía, pero durante el resto de los sus vidas desarrollarían un vínculo amoroso capaz de trascender cualquier tipo de barreras, incluso la "barrera humana".

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Transiciones

El inicio de la década del 90 representó un período de sucesos inesperados y transformaciones completas para la pareja. Por un lado, Bina le reconoció a Martin que se había asumido como lesbiana y que ya no se sentía atraída por los hombres. Shockeado por la respuesta, Rothblatt recuperó un sentimiento que había quedado olvidado en la infancia y decidió atender a las necesidades de su cuerpo. El mismo deseo que de pequeño sentía por vestirse como mujer volvía a aparecer, tras la revelación de su esposa.

Fue así que Rothblatt le comunicó a su esposa que iniciaría todo el proceso de la transformación de sexo. Al principio, consistió en el consumo de hormonas. Luego, la vestimenta de mujer aparecía sólo ante Bina, más tarde llegó la revelación ante los dos hijos de la pareja y los dos hijos de sus relaciones anteriores y, después de cuatro años de empezar a hablar del tema surgió la operación de sexo.

"Los genitales son irrelevantes para el rol de cada uno en la sociedad. De hecho, la división legal de las personas entre masculino y femenino es tan erróneo como generar una división legal entre las razas blanca y negra", detalló Rothblatt.

La empresaria recuerda que el momento más difícil fue el de la revelación a los hijos. En el momento de contar la noticia a Gabriel, uno de sus hijos, la primera respuesta del niño, entonces con menos de 15 años, fue: "¿Pero te voy a poder seguir llamando papá?".

Rothblatt decidió cambiar su identidad sexual a los 42 años

Hoy en día, Martine no es la transexual convencional. Nunca se operó los pechos, no usa maquillaje en la cara, no usa joyas y sus prendas de ropa son mundanas: camisetas y jeans. Además, sus hijos hacen referencia a ella como "Martine" cuando hablan con terceros y la llaman "papá" en la intimidad.

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El otro suceso que cambió por completo la vida de Rothblatt surgió en paralelo con la transición de su cambio de sexo. Su hija menor, Jenesis, fue diagnosticada a los siete años de hipertensión pulmonar, una enfermedad sin cura y con una escasa esperanza de vida. A la niña le dieron menos de un año de vida, lo que supuso todo un nuevo desafío para una empresaria que se empecinó a lo largo de su vida a aceptar lo "imposible".

Así, por un lado, Martine y su hija se encaminaron en una aventura juntas con visitas a la Librería del Congreso para estudiar cada detalle de las enfermedades pulmonares. La dedicación llegó a tal punto, que Martine le pedía a su hija que escribiera reportes médicos sobre lo que aprendió cada día.

Por el otro lado, el empresarial, Rothblatt comenzó el camino hacia la búsqueda de una cura para la enfermedad de su hija. Mediante una millonaria inversión con sus ahorros y los préstamos de emprendedores amigos, Martine terminó por fundar United Therapeutics, una compañía farmacéutica enfocada exclusivamente en la investigación y desarrollo de medicaciones para el tratamiento de enfermedades extrañas.

Gracias a su compañía, Rothblatt logró consolidar un imperio millonario, en 2014 fue elegida la CEO femenina más rica del planeta, según la revista Forbes, y encontró los fondos necesarios para el desarrollo de nuevos emprendimientos.

En tanto, Jenesis superó esos seis meses de vida y hoy, con 33 años, trabaja en la misma empresa con su madre.

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Amor eterno

Una vez encaminado el proyecto de salud, Martine y Bina encontraron la plenitud de su vínculo. El amor llegó a tal punto que la propia Rothblatt se empecinó en hacer de la relación algo eterno. Por eso, comenzó a indagar en la perpetuidad de la conciencia, en la inteligencia artificial y en un nuevo concepto espiritual.

Por un lado, la pareja creó el llamado Terasem. Se trata de una especie de religión futurista en la que se contemplan los factores tecnológicos como algo divino: "La vida tiene un propósito; la muerte es opcional. Dios es tecnológico; el amor es esencial", es uno de sus lemas. Mediante ese emprendimiento, se concebía que el ser humano era el punto de partida hacia una inmortalidad gracias a los elementos tecnológicos.

Así, como parte del movimiento Terasem, Rothblatt decidió crear el prototipo llamado Bina48, un robot que, a simple vista, es una suerte de "busto" de su esposa: tiene hombros y una cabeza igual a la de Bina Aspen. Ese dispositivo almacenó, y todavía almacena de manea constante, información sobre la esposa de Rothblatt. La base de datos inicial se construyó gracias a numerosas entrevistas con Bina Aspen, una lista de sus gustos en diferentes ámbitos, las opiniones de familiares y su actividad en las redes sociales de internet.

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Hoy en día, el robot Bina48 representa una de las mayores esperanzas acerca de la inmortalidad de la conciencia: es capaz de mantener una conversación de manera autónoma, puede reflexionar y hasta reflejar sentimientos, como alegría, decepción o enojo.

La vida significó el tesoro más preciado para Rothblatt. Es por eso que, en el tramo final de su historia (al menos la humana) la empresaria consolidó una obsesión por permitir una "vida" infinita mediante la tecnología.

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