El consultorio de Bernardo Stamateas: ¿cómo lidiar con la competitividad en la pareja?

En esta nueva entrega, el reconocido psicológo y autor best-seller aconseja a los lectores de Infobae sobre cómo sanar una relación donde sus integrantes compiten entre ellos

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La competitividad es un rasgo cada vez más común, hoy en día, en la pareja. Hombres y mujeres compiten por diversas cuestiones, tales como quién es la autoridad en el hogar, la crianza de los hijos, el dinero, la actividad laboral, la sexualidad, sus familias de origen, etc. Se genera una lucha de poder que se convierte en su manera de comunicarse.


Uno se pregunta entonces si estas personas, que un día decidieron unir sus vidas, en verdad se aman. Al competidor le resulta casi imposible valorar las virtudes de su pareja, ya que todo el tiempo está pendiente de la valoración, la aceptación y la mirada del otro hacia él o ella. El competidor buscará siempre ganar una discusión. No le gusta perder y no le gusta que lo sometan. El hecho es que muchas veces en estas peleas uno olvida con la persona que está compitiendo, su pareja.


Dentro de la multiplicidad de factores que podríamos nombrar sobre la competitividad, están los siguientes:


-Exceso de individualidad. Cuando son dos alfas, dos "líderes" que han decidido formar a ese tercero llamado pareja, les cuesta armar el "nosotros". Viven en dos caminos paralelos por el exceso de individualismo. Él dice A, ella dice B; él dice C, ella dice D. Y esta dificultad de ceder les hace tener "una escala asimétrica" y constantes discusiones que exponen la dificultad para el "nosotros".


-Quién define la escena. Quién tiene el poder. Cuando la pareja tiene "peleas banales", por el dentífrico o por el abrigo del nene, que terminan siendo una guerra (grandes escaladas simétricas), en realidad lo que se está discutiendo allí es quién define la escena, quién ostenta el poder y quién dice: "Acá mando yo". Es un modelo donde probablemente en la familia de origen, uno ostentaba el poder y el otro era sometido a ese poder; y ese modelo se perpetúa consciente o inconscientemente en las discusiones de pareja.


-La dificultad de haber armado el cerebro de pareja. Cuando dos personas se conocen, esbozando una imagen o una metáfora, cada uno viene de un país con una bandera, moneda y costumbres. Ahora tienen que armar un nuevo país. Se llama "cultura de pareja" y es la crisis en los primeros años de convivencia. Por ejemplo: "En mi casa se cenaba a las diez y en la tuya a las ocho; nosotros cenaremos a las nueve". Esa construcción de la cultura en común es lo que muchas veces provoca competitividad. Cuando se logra armar el tercero llamado "pareja", se logra construir el "nosotros". Cada uno aporta y enriquece con su punto de vista. La ganancia de uno es la ganancia de ambos. Ya no es más "yo gano cinco y vos ganás seis", sino "ganamos once". Este es el desafío de la construcción del vínculo que dura toda la vida.


En general, las parejas que compiten se introducen en un círculo vicioso que no deja de crecer y un granito de arena se transforma en una batalla campal, sin que percibieran cómo terminaron en esa situación. Así se despliega dicho círculo:

-Tienen una opinión diferente con respecto a un tema y eso basta para iniciar una discusión.

-Cada uno le presenta al otro su postura.

-Cada uno intenta demostrarle a su "adversario" que tiene razón.

-Uno se siente triunfador.

-Otro se siente perdedor.

-El perdedor buscará vengarse del triunfador.

-Sus diferencias serán cada vez mayores por el efecto de "acumulación".


¿Cómo funciona una pareja sana que no compite?

Cuando en una discusión, uno gana el cien por ciento, perdieron los dos. Nadie debe ganar el cien por ciento, porque entonces pierde la pareja. El que debe ganar es el tercero (la pareja), por eso hay que buscar el consenso. Es bueno discutir, lo que no debe haber es heridos tras la discusión. ¿Por qué? Porque si quedan ambos lastimados, perdió la pareja.


Es muy positivo si cada uno acepta las diferencias del otro y son capaces de escucharse y respetarse y no tienen problema en ceder en algo cuando sea necesario, pues no tienen el objetivo de ganar una discusión, sino que buscan ganar los dos. Saben bien que "el tango se baila de a dos" y ambos deben modificar lo que haga falta y poner algo de sí, es decir unir fuerzas, para llegar a un acuerdo y vivir en paz y armonía.


¿Alguna vez has competido con tu pareja? ¿Cómo lo resolvieron?


Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com" .