"Vamos por la seguridad jurídica", dijo el candidato. Y todos aplaudimos. Pero la estabilidad laboral también debería ser otro aspecto de esa seguridad y, a simple vista, parece que no sólo deberían asegurarse esas reglas de juego a una porción de la sociedad mientras se desatienden los derechos de la otra.
La Constitución dice claro en el artículo 14 bis que se garantiza: "...la protección contra el despido arbitrario y la estabilidad del empleo público". Esto significa que los trabajadores del sector privado pueden ser despedidos, siempre que se les pague una indemnización y, en el caso de los empleados públicos, sólo pueden ser cesanteados si hay "una justa causa".
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Entiendo que existe una acumulación de irresponsabilidades que ha hecho que arribemos a esta situación. Pero este es el escenario de hoy, y estoy seguro de que antes de que la lapicera se convierta en guadaña puede resolverse el dilema con inteligencia, para que no se vulneren derechos y se cometan injusticias. Es más rápida la salida de la guadaña, eso sí.
Vivimos en un país en el que hay personas que prefieren perder la vida antes que el empleo. Un lugar donde es muy complejo conseguir ese trabajo y, en tantísimos casos, cobrar por lo trabajado. Aquí también es una actividad de riesgo extremo lanzarse hacia la concreción de un emprendimiento y mucho más todavía asumir la posibilidad de dar trabajo.
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En este páramo se sobrevalora al empleo público, porque satisface las expectativas de muchos que quieren poner sus vidas en la seguridad de tener un ingreso por una prestación, una cobertura social y la certeza del pago cada fin de mes.
Seguramente hay quienes ponen lo mejor de sí para que esa situación permanezca, sin que las variaciones políticas afecten. Este combo también incluye muchas veces la teatralización de fingir estar de acuerdo con la militancia de turno, porque lo importante es el empleo, no los gerentes que asumen convencidos de que esos puestos les pertenecen.
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Estoy escuchando que en la Argentina hoy hay miles de personas que se están quedando sin trabajo, insisto, más allá de las irresponsabilidades de los que nos precedieron. Y que van a salir a golpear las puertas de un mercado que por el momento no va a contener esas demandas laborales. He caminado por mi ciudad en estos días y me sorprende la cantidad de locales cerrados.
Estamos al borde de un error análogo al que ya se cometió al cerrar las fronteras para sustituir importaciones, cuando en nuestra producción no hay con qué reemplazarlas. Y no se trata de vagos, irregulares, acomodados o beneficiarios de la militancia, hay seres humanos detrás de cada decisión y cada cuenta que alguien saca.
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Quizá alguno de ustedes ha tenido la posibilidad de mirar a los ojos o de ver a la cara a quien consigue empleo. ¿Les pasó ver ese detalle alguna vez? Ese respiro aliviado de saber que con dignidad podrán hacer frente a las necesidades básicas de la familia y quizá hasta de materializar algunos sueños.
Creo que hay soluciones si hay inteligencia. Lo que me pregunto es si hay de esto último.