El efecto Zeigarnik o por qué se recuerdan más las cuestiones pendientes

Listas de tareas a realizar, vínculos inconclusos, amores sin cerrar ¿Por qué el cerebro se focaliza más en lo irresuelto que en lo terminado?

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Las personas tienden a mantener más vivo el recuerdo de las experiencias incompletas que el de aquellas que lograron concluir. Cuando un objetivo es culminado, la mente se desprende con facilidad de él y vuelca sus energías en otro nuevo.

Este funcionamiento se descubrió en una cafetería por los años 20 del siglo pasado. Bluma Zeigarnik, psicóloga y psiquiatra rusa, se percató de un hecho curioso. Mientras que esperaba su café, observó cómo los camareros eran capaces de retener en su cabeza la información de varios pedidos simultáneamente, que no estaban servidos todavía, para olvidar pronto la comida que llegaba a su destino: una vez servido el plato, muchos de ellos eran incapaces de acordarse qué había comido cada persona.

Este hecho, aparentemente fortuito, le sirvió a Bluma para enunciar y comprobar el efecto que más tarde llevaría su nombre; el efecto Zeigarnik: la tendencia humana de recordar con más intensidad aquellas tareas inacabadas o interrumpidas, por encima de aquellas que hemos finalizado felizmente.

"Está comprobado que nuestra mente tiende a completar lo que supuestamente falta, así como lo hace con nuestros puntos de ceguera de la visión, y también colabora para llenar los posibles faltantes en nuestros razonamientos. Esto tomado por nuestro aspecto exigente-exigido, puede ser una razón para que tengamos más presente lo que queda inconcluso que lo que logramos cerrar", explicó el ingeniero Juan José Arévalo, máster coach profesional, quien enfatizó: "Nuestro aspecto exigente es el que decide cuáles objetivos emprender y llevarlos a término, para acabar lo que falta".

"Finalizar el día sin haber tachado de la lista todas las tareas a realizar, a veces deja un sabor amargo"

Esta podría ser la causa por la cual las personas tienden a terminar lo que comenzaron con más facilidad que lo que todavía no emprendieron.

Finalizar el día sin haber tachado de la lista todas las tareas a realizar, a veces deja un sabor amargo. Sin embargo, sería mucho más fácil de diluir, si se analizara la importancia de lo que sí se logró hacer, contra lo que quedó pendiente, confiando en que más adelante podrán cerrarse los círculos que quedaron abiertos.

En ese sentido, Arévalo aclaró que "a todas las cosas por hacer, a veces se les suele otorgar el mismo nivel de importancia, siendo que manejarse con prioridades y analizar niveles de urgencia, ahorraría muchos dolores de cabeza".

Lo que se resiste, persiste

"La evidencia que gran parte de nuestros pensamientos son inconscientes y automáticos, se fundamenta en la experiencia que muchos de nosotros atravesó: cuando nos piden que no pensemos en determinada cosa, empiezan a aparecer en nuestras cabezas los pensamientos al respecto", aseguró el especialista.

Y ejemplificó: "Si nos piden que no pensemos en un elefante rosa, hay muchas posibilidades de que pensemos en él. Es más, ¿en qué está pensando ahora? Los pensamientos repetidos que queremos evitar, son recurrentes por este motivo. De esta manera, cuando más los resistimos, más se nos presentan. Es decir que estos pensamientos se alimentan de nuestra resistencia".

Este mecanismo llamado por el psicólogo Daniel Wegner, "proceso de monitoreo irónico", proviene del efecto Zeigarnik, y funciona buscando lo que se quiere suprimir, tanto en el pensamiento como en las emociones.

Para aminorar el efecto del mecanismo recordatorio de los pensamientos que se quieren evitar, y que no favorecen, simplemente hay que dejarlos que fluyan. Bien se puede dejarlos pasar sin oponer resistencia, que es de donde se alimentan estos pensamientos.

Amores inacabados

La no resolución de los asuntos pendientes con las relaciones de pareja, puede tener que ver con la otra persona o con algunos aspectos de uno mismo. Cuando las personas no actúan adecuadamente para hacer un cierre, no pueden olvidar las acciones que ocurrieron en el pasado, o no aceptan las situaciones como son, entonces son incapaces de vivir la vida de manera funcional.


"Lo que no se acaba, pesa. Por lo tanto, si se acabó una relación, podemos pasar mucho tiempo 'rumiando' el por qué, tratando de entender qué pasó, qué nos dijo, y el desgaste puede ser infinito. Podemos estar en el presente añorando el pasado. Y si bien lo que sucedió, ya pasó, muchas veces no lo soltamos, porque no podemos desprenderlo de nosotros", consideró Arévalo, para quien "el malestar lo suelen producir los asuntos inconclusos, que aparecen cuando una persona se siente dolida, enojada, o resentida hacia otra, y no encuentra la forma de resolver estos sentimientos: en consecuencia, la experiencia es incompleta".

Evitar el cierre lleva a que se invierta una gran parte de energía, lo que hace que quede poca disponible para hacerle frente a nuevas situaciones. Los asuntos inconclusos son, básicamente, producto de situaciones pasadas o conflictos no resueltos. En ocasiones, son consecuencia del amor no expresado, la culpabilidad no remediada o las acciones del pasado no aceptadas.

¿Víctimas de lo que falta?

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"Si estamos secuestrados por lo que no llegó a completarse, recordando todo el tiempo aquellos episodios que no pudimos cerrar, podemos correr el riesgo de darles el poder suficiente y utilizarlos como explicaciones a los resultados que no obtenemos", destacó el especialista, quien enfatizó que "de esta forma, hasta que no se resuelvan las historias que quedaron abiertas de nuestro relato, no podremos hacer un punto y aparte para seguir construyendo nuestro futuro".

Será necesario, con serena resignación, perdonar y perdonarse para terminar con aquellas conversaciones que mantienen a la persona "atada", y así cambiar la manera de ver las cosas.

"No olvidemos que quien puede cambiar su pensamiento, podrá cambiar su destino", sentenció Arévalo, e hizo hincapié en que "la invitación no es para olvidar lo sucedido, que terminó de manera inconclusa, sino para tenerlo en cuenta sin perder el poder en uno mismo". Según él, la idea es revertir el pensar cuando se antepone el suceso inconcluso, por encima de la capacidad de responder y, de esta forma, no hacerse responsable de las propias circunstancias.

Dar vuelta la página, ésa es la cuestión

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Si bien mientras haya vida nada puede darse por concluido en forma definitiva, existen cosas que se encuentran fuera del alcance, ya sea por las oportunidades perdidas, por el tiempo transcurrido, etc.

"Para poder vivir funcionalmente, podemos encaminarnos hacia ir cerrando capítulos para dar vuelta la hoja –sentenció-. Es preciso terminar con etapas o con momentos de la vida, y seguir adelante, para no estar en el presente añorando el pasado, y preguntándonos porqué".

Los hechos pasan, y para no ser niños eternos ni adolescentes tardíos, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a uno, hay que dejarlos ir. El valor de soltar lo que mantiene la atadura al pasado, posibilita concentrarse en nuevas relaciones y acciones, de manera más libre.

"Dependerá de nosotros dar el salto y aceptar lo que no se pudo conseguir en el pasado. Lo que muchas veces nos ayuda a mirar para adelante, son los nuevos desafíos que van apareciendo, y que somos capaces de distinguir para poderlos llevar a cabo. Todo lo no realizado y lo posible por realizar nos suele impulsar hacia su concreción en el futuro, en un despliegue de oportunidades", insistió.

Morder el anzuelo de lo incompleto

Las telenovelas suelen mantener en vilo a quienes las siguen, mediante el mecanismo de insinuar lo que viene de manera inconclusa. De esta manera, se suele manipular la ansiedad de quienes siguen la trama, que no pueden esperar para ver el próximo capítulo.

Los cineastas lo aplican dejando inconclusas sus películas o mostrando partes de cómo sigue la trama en la siguiente saga. A este efecto se lo llama "cliffhanger" y su funcionamiento se produce como resultado del efecto Zeigarnik. Significa, literalmente, quedar al borde del precipicio, pero en este caso sirve para mantener atentos a todos aquellos que muerdan el anzuelo, para que tengan en mente estas muestras inconclusas y vean la nueva película.

Tras asegurar que "si bien resulta placentero que triunfe la justicia y sea reconocido el héroe por su valentía, cuando esto no sucede y queda sin cerrar la historia, suele generarnos una cierta tensión", Arévalo finalizó: "Si se trata del próximo capítulo de una telenovela o película, tendrá cierta importancia, pero si se trata de algún acontecimiento de nuestra vida, puede generarnos un estrés psicológico que tendremos presente todo el tiempo".