Quienes liberaron en dos semanas cerca de 1500 gallinas abandonadas, sin agua ni comida, contaron a Infobae sus vivencias dentro de uno de los galpones de la empresa que se declaró en quiebra.
Desazón y desesperación fueron las sensaciones de un grupo de activistas por los derechos de los animales que en medio de unas semanas de calor agobiante salieron al rescate de las aves de Cresta Roja que habían sido abandonadas a su suerte. Este fin de semana repitieron la hazaña y 958 aves se suman a las anteriores.
El fin de semana del 27 y el 28 de diciembre realizaron los primeras acciones: liberaron a las aves agonizantes en el predio de lo que fue una de las principales productoras de pollos del país. Nada fue improvisado; atendiendo a la urgencia, al menos cuarenta personas, entre ellas activistas veganos independientes –como una médica veterinaria y estudiantes de veterinaria– y miembros de organizaciones –la Revolución de la Cuchara y Animal Libre, entre otras–, rescataron el último fin de semana de 2015 a 167 aves de las 24 mil que quedaron abandonadas en uno de los cuatro galpones de Cresta Roja, ubicado en Las Acacias 1076, luego de que la empresa Rasic Hnos S.A presentara la quiebra que desencadenó la protesta de sus empleados, posteriormente desalojados tras días de acampe y cortes de ruta en el Acceso al Aeropuerto Internacional de Ezeiza.
No les fue fácil entrar al galpón. Pasó largo rato hasta que se pudo negociar con el casero de la planta de Las Acacias –que vive con su familia en ese lugar– y con los policías que la cuidaban. Al entrar, los activistas se encontraron con el más horrendo panorama, desconocido por la mayoría de los consumidores de pollos, gallinas y huevos. Bárbara Floris, estudiante del último año de veterinaria, lo contó a Infobae: "Primero entramos solo cinco personas para evaluar la situación porque no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar aunque el olor a podrido se sentía desde afuera. Había muchos cadáveres en descomposición y otros frescos, me sorprendió la cantidad de gallinas vivas que encontramos porque fueron más de las que pensábamos. Había muchas que comían a su compañera, pero el canibalismo permitió que puedan subsistir".
La persona que cuida el predio, con sus cuatro galpones de 150 metros cuadrados cada uno, también reside en el lugar que desde hacía varios días estaba sin luz; pero cada tanto, el casero se ocupaba de abrir las canillas para proveer a las aves de un poco de agua. Pese a sus años en el lugar nunca había visto escenas similares, las del abandono.
La tarea más dura recayó en las veterinarias que evaluaron la salud de las aves para decidir cuáles tendrían la oportunidad de seguir con vida. "Lo más difícil fue decidir quién viviría, por eso hubo que revisarlas. Algunas comenzaban a tener heridas provocadas por las compañeras que empezaban a picotearlas. Había grupos agonizando que ya no podían levantarse, otras que estaban más enteras y otras que apenas se podían levantar... Con ese panorama se seleccionó a las que estaban en mejores condiciones y ahí comenzamos a entrar todos. Verlo personalmente fue muy fuerte, muy impresionante, yo como rescatista vi cosas terribles, pero nunca esto. Elegir fue muy feo".
Romina Viscarret es fotógrafa, activista vegana y fue una de las que dejó testimonio de lo vivido a través su cámara. "Sabíamos que debíamos prepararnos para ver escenas fuertes. Sin embargo, tratar de concentrarse para sacar una foto entre tanta injusticia, controlar la desesperación para lograr el objetivo con un olor a muerte impresionante, impotencia por estar ahí y saber que no podríamos ayudarlos a todos, con un calor que aturdía junto a una realidad tan horrorosa, hizo que me dijera a mi misma: 'Tenés que calmarte y concentrarte en intentar retratar tanto horror, tanto abandono, porque esto no puede quedar así'. Me prometí hacer justicia con esas imágenes. Había animales muertos y descompuestos en el piso como objetos descartables, de los cuales se alimentaban los vivos que estaban desesperados. Había animales con agujeros en el cuerpo, a los cuales picoteaban los otros".
Virginia Bustos, otra de las activistas independientes que ingresó al galpón de Las Acacias describió sus vivencias: "Las aves estaban en completo estado de hacinamiento, sin alimento desde varias semanas ni agua, muchas estaban tiradas moribundas sobre sus heces, otras cientos estaban muertas y en estado de descomposición, miles eran comidas por otras en un acto de canibalismo que no es propio de la especie".
"Sigo escuchando esos sonidos desesperantes, es muy difícil sacar las imágenes de mi mente y ese olor de mis sentidos", dijo con la voz entrecortada Bustos, quien además participa en la Revolución de la Cuchara. Ella y otros tantos luego de salir del predio de Cresta Roja se ocuparon de llevar a las aves rescatadas a refugios, veterinarias y a casas.
Más información en Mirá la tierra