El tubo de pegamento del tamaño de un dedo, con el que siempre viaja Maria Pereira, podría contener la solución a uno de los problemas más antiguos de la cirugía: cómo cerrar las heridas en el
cuerpo sin dañar el cuerpo mismo.
"La innovación en ciencia es la clave para mejorar la vida de las personas ", señaló a la revista Time la mujer de 30 años de edad, quien se crió en la ciudad portuguesa de Leiria y se trasladó a París en octubre de 2013 para unirse a Gecko Biomedical. La compañía cerró el año 2015 con una recaudación de 11 millones de dólares para adelantar el trabajo en colas quirúrgicas y parches para el cierre de heridas.
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Siete años atrás, Pereira fue galardonada con una beca del Programa MIT-Portugal para realizar un doctorado en bioingeniería en Boston . "Desde el primer día , María fue todo en todos los niveles ", señaló a la revista estadounidense Jeff Karp, su ex supervisor de investigación, quien agregó: "Debido a su pasión por aprender y por hacer del mundo un lugar mejor, ella mostró la curva de aprendizaje y crecimiento más empinada que haya visto en mi vida".
Cuando Karp fue consultado por el Hospital de Niños de Boston en 2009 para llegar a una alternativa a las suturas en caso de defectos congénitos del corazón, Pereira fue la elección obvia para dirigir la investigación, expresó en Time.
En ese momento, casi uno de cada 100 bebés nacía con un defecto congénito del corazón, y es la principal causa de muertes infantiles en los Estados Unidos. El corazón de un niño, de apenas el tamaño de su propio puño, es tan frágil que el tejido de sutura puede crear lágrimas adicionales; a medida que crece el corazón, se necesitan más procedimientos de revisión, causando todavía más daños.
El objetivo de Pereira fue desarrollar un pegamento que pudiera utilizarse en cualquier parte del cuerpo, hasta en el corazón, que bombea lo que ella describe como "un huracán de sangre" 60 veces por minuto.
Para que un pegamento cumpla con ese objetivo, en semejantes condiciones de humedad y dinámicas, debe ser lo suficientemente elástico para expandirse y contraerse con cada latido del corazón, y ser hidrófobo (para repeler la sangre lejos de la superficie ), biodegradable y no tóxico.
En 2012, Pereira logró un diseño que cumpliera con todos los criterios e incluso más: el pegamento que inventó sólo adhiere en el lugar al que está destinado, cuando el cirujano le dirige la luz, brindando de esa manera un control total del proceso.
Con los ensayos clínicos por comenzar a finales de este año, el invento revolucionario de Pereira podría llegar a los quirófanos en 2017.
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