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El escrito Marcelo Birmajer, cuyo hermano fue asesinado a puñaladas en Jerusalén, comenzó su carrera a los 20 años como guionista de la revista Fierro. Cinco años después, en 1992, escribió su primera novela, Un crimen más alto, y a partir de entonces fue autor de grandes éxitos.

Entre ellos, Un crimen secundario (1992), Derrotado por un muerto (1994), El alma al diablo (1994) , Fábulas salvajes (1996), El abogado del marciano (1996), No tan distinto (2000) y Tres mosqueteros (2001) y los libros de cuentos El fuego más alto (1997), Ser humano y otras desgracias (1997), Historias de hombres casados (1999), Nuevas historias de hombres casados (2001), Últimas historias de hombres casados (2001) y Hechizos de amor (2001).

Debido al éxito que han tenido, algunos fueron traducidos al inglés, alemán, holandés, chino, japonés, polaco, portugués, lituano y hebreo.

También se desempeñó como periodista, colaborando en más de cincuenta publicaciones de habla hispana. Sus libros y cuentos se pudieron ver en el diario Clarín, la revista Fierro, los diarios españoles ABC, El País y El Mundo, la revista Ya y el diario El Mercurio, de Chile.

Es coautor del guión cinematográfico El abrazo partido (Daniel Burman, 2001) galardonado con numerosos premios: ganador del Premio al guión inédito en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, de La Habana, edición 2002; Oso de Plata en el festival de cine de Berlín en 2004; Premio Clarín al mejor guión y mejor película. También participó en el guion del film Sol de noche.

Ha sido galardonado con el premio Konex 2004 como uno de los cinco mejores escritores de la década 1994-2004 en el campo de la literatura juvenil. Nuevamente en 2011 recibió el Premio Konex junto a Daniel Burman como uno de los cinco mejores guionistas de cine de la década 2001-2010.

Fue gran amigo y columnista de José "Pepe" Eliaschev en la radio. Cuando el periodista murió, Birmajer escribió unas sentidas palabras en Clarín recordándolo. Allí, destacó cuando dio a conocer las inconsistencias del Memorándum con Irán: "Lo admiré a la distancia. Fue muy castigado por haber dicho esa verdad de puño, que el tiempo comprobaría con pelos y señales, pocos meses antes de que se hiciera pública. Se requería de altas dosis iguales de valor físico e intelectual para publicar en un diario semejante revelación. Ese coraje lo acompañó por el resto de su carrera".

También contó cómo se enteró de su muerte. Debido a que no tenía teléfono fijo en su casa, fue algunos viernes a la radio para hacer su columna. Pero el día que volvió a tener línea, Eliaschev falleció: "Vino el electricista -porque la compañía telefónica no lo pudo arreglar-, y volví a tener línea fija. El primer llamado que recibí fue el de un amigo para avisarme que había muerto Pepe. No es un recurso literario, es lo que ocurrió. No dejo de pensar que la casualidad quiso que yo estuviera sin teléfono estos meses, y eso me permitió verlo personalmente en más ocasiones que si hubiera funcionado. De todos modos lamento que ahora, que ya funciona, no podamos hablar".