¿Es razonable que voten sólo 75 representantes en la AFA?

El estatuto establece que la Asamblea está integrada solamente por 75 clubes y ligas que tienen la potestad de reformarlo y elegir a las autoridades. Es decir, sobre aproximadamente tres mil clubes que integran la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), sólo se encuentra habilitado a votar aproximadamente el 1,63% de todo el padrón.

Los representantes que hace unos días votaron un insólito empate en 38 son: 30 por todos los clubes de Primera División; 10 por las Ligas Norte, Centro, Cuyo, Sur, Litoral, Mesopotámica y Bonaerense y tres representantes más (que van en nombre de más de doscientas ligas); 12 por la Primera B nacional (6 por los clubes directamente afiliados y 6 por los indirectamente afiliados); 10 por la Primera B metropolitana; 6 por la Primera C metropolitana; 5 por la Primera D metropolitana; 2 por el Torneo Argentino A.

Como puede observarse fácilmente, el sistema eleccionario no es federal ni representativo, dado que de los 75 asambleístas, 57, que representan más del 70% de ellos, pertenecen a la categoría de directamente afiliados (ubicados geográficamente en dos provincias: Buenos Aires y Santa Fe, y Capital Federal). Así, los indirectamente afiliados del resto del país (en total 23 provincias) quedan con 18 votos, prácticamente impedidos de ejercer su derecho a formar parte en la conducción de la asociación nacional.

Y lo que es peor aún, existen además muchos clubes de otras modalidades u otras categorías que integran la AFA, pero que directamente no tienen voto, es decir, no están representados en la Asamblea, como los de futsal masculino y femenino, y fútbol infantil.

Si se observa que las más de doscientas ligas de todo el país que reúnen a más de dos mil novecientos clubes tienen solamente diez votos, resulta que cada club indirectamente afiliado tiene 0,0034% voto por entidad. La distinción entre clubes directamente afiliados e indirectamente afiliados y la mayor representación y capacidad electoral que se otorga en el estatuto de la AFA a los primeros, en detrimento de los segundos, constituye un claro ejemplo de discriminación prohibida por la FIFA, al significar una suerte de voto calificado por razones deportivas, históricas y geográficas.

Deportivas, porque en la AFA tienen más votos los clubes que compiten en Primera División. Haciendo una analogía, es como si en la FIFA tuvieran más votos los países que obtuvieron alguna vez la Copa Mundial FIFA (Argentina, Uruguay, Inglaterra, Francia y ahora España) y todavía más los que la obtuvieron más de tres veces (Brasil, Italia y Alemania).

Históricas, porque en la AFA tienen más votos los clubes que se afiliaron directamente, esto es, los que se afiliaron más temprano a la AFA. Siguiendo con las analogías, es como si en la FIFA se reconociera menos votos a las asociaciones nacionales miembros que se afiliaron más recientemente; lo que sería discriminatorio también en forma evidente.

Y geográficas, ya que en la AFA tienen más votos los clubes que están más cerca de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que es la capital de la República Argentina. Es como si en la FIFA los tuvieran las asociaciones nacionales miembro que estén más cerca de Zúrich, Suiza, donde está su sede.

No tiene sentido mantener un estatuto obsoleto y antidemocrático, redactado en 1974 a instancias de José López Rega, que vulnera claramente el derecho constitucional de asociarse con fines útiles consagrado en el artículo 4 de la Constitución Nacional y en el artículo 16 del Pacto de San José de Costa Rica. Además del de igualdad, establecido en el artículo 16 de la Constitución Nacional, de la mayoría de los clubes afiliados a la AFA.

No hay que inventar nada, basta con mirar cómo otros países (como España) se organizan democráticamente para darse cuenta de que hay sistemas donde vota el cien por ciento de todos los estamentos: clubes, futbolistas, entrenadores y árbitros. Cada vez que tienen elecciones no suceden hechos bochornosos como el de la última asamblea.

Estamos en una situación inédita en la historia de nuestro país: tenemos por primera vez un presidente de la nación que proviene de la dirigencia del fútbol y que propone un cambio en aquellas estructuras poco claras y transparentes.

Soñar es posible.

iDirector de la Cátedra de Derecho del Deporte de la Universidad Austral/i