¿Alguna vez pensamos en cómo sería vivir compartiendo una habitación, cocina e incluso el baño? ¿Alguna vez nos planteamos si toda la ropa que tenemos es necesaria, o podríamos arreglarnos con la que cabe en una valija? ¿Es realmente necesario todo lo que consumimos a diario? Este último interrogante es el primer paso para empezar a pensar en el consumo responsable. Vivimos en una sociedad basada en el hiperconsumo y la obsolescencia programada, donde pareciera que "el tener" es ser. Pero a veces nos olvidamos de que la responsabilidad reside en cada uno de nosotros.
El escritor, diseñador y fundador de Treehugger.com, Graham Hill analiza la situación: "Llenar nuestras vidas de tantas cosas nos puede abrumar, distraernos de las cosas verdaderamente importantes, como las experiencias o la conexión con otras personas". Antes de sus 30 años, Hill ya era un hombre multimillonario tras vender su empresa de consultoría de Internet en 1998.
Lo que parecía ser un momento increíble de fortuna, se convirtió para él en un cambio de 180° de su vida: compró una casa muy grande a la que llenó de productos sofisticados y aquello que él creía estar consumiendo, lo terminó consumiendo a él. Luego de 15 años y algunos recorridos por el mundo, advirtió la importante de deshacerse de las cosas no esenciales para vivir una vida "más rica" con mucho menos.
"Me di cuenta de que después de un cierto punto financiero uno no se vuelve más feliz", asegura Hill y explica: "Vengo de una familia de clase media, conozco los dos lados: tener y no tener demasiado dinero. Puedo decir que el exceso de dinero y cosas materiales realmente no hacen a la gente más feliz". Incluso, recientemente algunos estudios han comprobado científicamente que a partir de determinado punto de satisfacción material, el dinero deja de hacer la diferencia en qué tan felices somos; y que experiencias como viajar lo enriquecen a uno mucho más.
El origen del problema
¿Cómo fue que pasamos a ser seres abocados únicamente al comprar cosas? La ONG Amartya dicta talleres sobre consumo responsable dirigidos a jóvenes. El coordinador de su programa ConSuma Dignidad, Estanislao Sarandón, brinda su aporte para dar respuesta a este interrogante: "La mayoría de los chicos ven el consumo como un medio a través del cual logran definirse a sí mismos y ver cuál es su grupo de pertenencia". La publicidad y los parámetros de la sociedad son lo que ejercen una presión a este efecto, en especial en los jóvenes de entre 15 y 18 años que son los que empiezan a decidir de manera independiente lo que quieren consumir.
Vivimos acostumbrados a gastar en cosas que no necesitamos a fin de seguir haciendo funcionar un sistema económico basado en el consumo de bienes baratos, a costa del agotamiento de los recursos naturales, el deterioro del ambiente y la explotación laboral. "El consumo no es un medio sino un fin, en el cual siempre hay algo más para comprar, algo más para tener", expresa Sarandón y agrega: "Consumir menos no es sólo para que las generaciones futuras puedan vivir, sino para que otros, que viven hoy acá puedan consumir. La pregunta es si estamos dispuestos".
Conforme el índice Greendex, un 66% de los argentinos piensa que para mejorar la calidad del ambiente se debería consumir menos. Adicionalmente, según un relevamiento de la consultora Nielsen, 50% de los consumidores menores de 40 años está dispuesto a pagar más por productos y servicios de empresas socialmente responsables. En el caso de la Argentina, un 51% de los consumidores encuestados prefieren empresas que devuelvan algo a la sociedad.
Ser consumidores, ser responsables
Todos somos consumidores y eso es algo que no podemos negar. Cada acto de consumo implica una serie de eventos detrás: personas que trabajan, infraestructura necesaria, impacto en el planeta. En el informe "El estado del mundo", el Worldwatch Institute advierte que el consumo aumenta a un ritmo insostenible con consecuencias ya visibles tanto en los países ricos como en vías de desarrollo.
¿Cómo se ve ello? Mientras casi 3.000 millones de personas en el "Sur" intentan vivir con menos de US$2 diarios, sin poder satisfacer sus necesidades básicas, más de 1.700 millones adoptó un estilo de vida consumista e insostenible. Si todo el mundo consumiera de este modo, se necesitarías tres planetas Tierra para poder satisfacer las necesidades globales.
Así, el actual modo de producción y consumo se vuelve insostenible. Llegó la hora de buscar un equilibrio mirando hacia el futuro. Durante los últimos años surgieron diferentes movimientos de consumo alternativo basados en el acto de compartir. Ello se ve especialmente en el turismo a través de servicios como Airbnb o Couchsurfing. Es decir, de proyectos de economía colaborativa. ¿En qué consisten? Airbnb es una empresa que conecta a personas, a través de Internet, que tienen espacios disponibles con otras que buscan un lugar en el cual hospedarse.
Conforme un estudio de IPSOS, la mayoría de las personas que comparten lo hacen para contribuir a hacer un mundo mejor. La economía compartida es una excelente manera de ahorrar dinero, pero por sobre todo tiene una satisfacción personal. "Hay cada vez más personas que se dan cuenta de la oportunidad que representa el consumo colaborativo de inventar otro tipo de sociedad", opina Antonin Léonard, co-fundador de OuiShare, ONG que promueve proyectos basados en el intercambio y la colaboración.
¿Consumo responsable o consumo consciente?
Sarandón responde a esta pregunta diferenciando los términos: "El consumo consciente está más vinculado con una toma de conciencia sobre lo que consumimos. El consumo responsable va un paso más allá y pone en acción ese conocimiento".
¿Cómo lo vivimos en el día a día? Por ejemplo, todos sabemos que la bicicleta o el transporte público contaminan menos que el auto, pero si seguimos priorizando siempre el auto no estaríamos siendo consumidores responsables, pero sí conscientes. En cambio, si empezamos a optar por medios de transporte más amigables con el ambiente, estaríamos poniendo en práctica nuestro consumo y nuestra responsabilidad.
Hill invita a reflexionar sobre la problemática: "Hace poco escuché que los norteamericanos sólo usan el 20% de la ropa que hay en sus armarios. ¿Qué pasaría si sólo tuviéramos ese 20% de las cosas que 'amamos'? Creo que las vidas vividas de esa manera pueden ser más simples y más ricas".
- Hoy viven 7.000 millones de personas en el mundo, 20% más que en 1992.
- 15% de la población mundial que habita en países de altos ingresos es responsable del 56% del consumo mundial.
- El consumo promedio de una familia africana es 20% menor de lo que era hace 25 años.
- Los países desarrollados consumen hasta 10 veces más combustibles fósiles que los países en vías de desarrollo.
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