El domingo 22 de noviembre los argentinos comenzamos una nueva etapa, una nueva manera de entender y hacer política. Aunque siento que hemos madurado nuestra idea de democracia, el desafío por delante es arduo.
El mundo padece de una inestabilidad sin precedentes, con problemas de fronteras, confrontaciones religiosas, guerras, migraciones forzosas, escasez de recursos y superpoblación. Esta inestabilidad se complejiza con una interconectividad exacerbada, una aceleración tecnológica exponencial y una creciente brecha entre el bienestar de las naciones desarrolladas y el de las que pertenecen a la periferia. En este contexto globalizado y turbulento, los argentinos necesitamos mirar hacia dentro sin olvidar que pertenecemos a un mundo que gira a pesar de nuestras divisiones. Hay que mirar hacia delante sin olvidar lo que hemos aprendido durante la construcción de nuestra identidad. En esta nueva etapa, debemos utilizar la pasión que nos caracteriza para construir un país unido. Sólo así crearemos condiciones de bienestar verdaderamente inclusivas.
En el proceso democrático, la alternancia es vital. No será un gobernante ni un partido político, sino un conjunto de instituciones fuertes el que pavimentará la ruta al desarrollo sostenible. No es imposible: si se respeta la Constitución Nacional, la esencia de nuestra república estará viva. Si los tres poderes del Estado funcionan controlándose entre sí, no existirá impunidad y el pueblo confiará en la Justicia. Si todos los representantes del pueblo creamos leyes para mejorar el país, florecerán por añadidura la libertad, la soberanía, la salud, el trabajo, la educación, la dignidad y el amor a la patria. A través del fortalecimiento de las instituciones, lograremos que el Estado esté presente con eficiencia, transparencia e impersonalidad.
Como legislador, me alienta saber que a partir del próximo Gobierno, el honorable Congreso de la Nación volverá a funcionar con debates. En un escenario con pluralidad de voces, nadie podrá imponer decretos disfrazados de leyes. Las propuestas deberán ser lo suficientemente persuasivas y racionales como para convencer a los diferentes sectores representados. Confío en que las leyes promulgadas en esas condiciones engrandecerán al país.
Espero que comprendamos que, a pesar de haber elegido a nuestro Presidente entre dos candidatos, no existen dos países. Que nuestras diferencias no nos hagan olvidar que pertenecemos al mismo país y que debemos beneficiar al mismo pueblo argentino. Para lograr la transformación, los argentinos necesitamos volver a la fraternidad y a la tolerancia, a la base de la convivencia en comunidad. Embanderarnos en la esperanza y escapar del miedo y el odio.
Finalmente, siento un inmenso privilegio y una gran responsabilidad al representar a los cordobeses, a los principales propulsores de la hermosa Argentina que se viene. El verdadero poder de cerrar la grieta nos pertenece a todos. El desafío es inmenso. El cambio somos todos.
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