Meses sin salir de casa. Licencia laboral. Lactancia a libre demanda. Quien haya sido madre sabrá que los primeros tiempos son tan hermosos como intensos, por calificarlos de algún modo.
Y por más deseado que haya sido un hijo, es esperable que en un momento, más tarde o más temprano, la mujer desee (y necesite) "volver al mundo".
"Después de centenares de días mojando la ropa con leche y amaneciendo transpirada y pegoteada junto al pequeño, las mujeres puérperas nos animamos a mirarnos al espejo antes de la ducha, y descubrimos quiénes somos ahora. Y ahí estamos, casi desconocidas, otro cuerpo, otra mente, otro estar en el mundo", analizó Violeta Vazquez, puericultora docente y directora de la Escuela Panza y Crianza.
No sólo el cuerpo cambió, la mujer deja de estar "en pose", suele descuidar todos sus roles sociales, y casi que no les da vergüenza estar blanca y sin depilar. Pero un día deja de pelearse con su puerperio, se acostumbra a dormir poco y llevar 15 kilos a upa, y solas -así como se fueron- vuelven las ganas de hacer cosas "nuevas". "A veces aparecen todas las ganas de golpe: volver a salir sola, tener relaciones sexuales, ir a la peluquería, estudiar una nueva carrera, mirar películas hasta la madrugada, hacer gimnasia, irse de vacaciones", aseguró Vazquez.
"Con la maternidad cambian los deseos; surgen nuevas necesidades e intereses"
La autora del libro Basta de repetir la historia familiar, destacó que junto con el "querer hacer" aparece el miedo al cambio, miedo a que lo que gustaba ya no guste, miedo a la culpa, miedo al miedo. "Miedo porque de nuevo hay que empezar de cero", remarcó.
Es que luego de darse cuenta que ser madres cambió los deseos y las necesidades surgen nuevos intereses y cada mujer "se debe el tiempo y el valor de animarse a transitarlos", subrayó la especialista, quien enfatizó: "Y de pronto gerentes de bancos quieren ser doulas, abogadas exitosas se encuentran estudiando fotografía, militantes políticas desean pasarse horas en mercados de comida naturista, y eso es porque los hijos les quitaron capas superficiales de sí mismas y las conectaron con lugares más auténticos, y menos heredados".
Si bien para algunas puede ser más cómodo salir al mundo con el niño y dejar de estar en primer plano, Vazquez consideró que "ese cuerpo nuevo es digno de un nuevo cuidado y respeto, quiere volver a ser mirado, deseado y protegido".
Y en animarse está la clave. "Animémonos a la mirada ajena y a la propia. Animémonos a los barcitos, a los paseos nocturnos, a la ropa nueva, a llevar carteras pequeñitas, a los recitales, a las clases de baile y de yoga -enfatizó-. Pero sobretodo animémonos a preguntarnos qué queremos hacer ahora, qué queremos conservar de aquella antigua identidad y qué queremos depurar. Hay mucho por limpiar en nosotras mismas, y a su vez hay muchos abuelos, tíos y niñeras dispuestos a amar, jugar, y crear espacios nuevos para nuestros pequeños caminantes. Cada familia a su ritmo encuentra sus espacios y sus silencios, tan sagrados".
¿Cómo saber cuándo es tiempo de volver al ruedo?
"Las mujeres que espontáneamente regresan a sus espacios laborales e individuales luego de ser madres se encuentran escindidas, dividas, desconcertadas. Lo que antes les daba seguridad ahora se transforma en una espera para volver a casa, y la casa en una espera para volverse a escapar. Ya no hay lugar de satisfacción o disfrute", reconoció Vazquez, para quien "estas mujeres tienen una enorme posibilidad de cambio, y de auto sinceramiento".
A veces el trabajo fuera de casa se puede flexibilizar porque ni siquiera los beneficios económicos son tales en función de los nuevos gastos. Cuando es así, que las madres pueden trabajar menos pero a la vez le temen a la idea de estar en casa, deben respetarse las necesidades y encontrar espacios propios prioritarios, que puedan incluir a los bebés pero que den sostén y autovaloración, como encontrarse con amigas, hacer deporte, o bailar.
"Quien durante los primeros meses no estuvo en su casa el tiempo que hubiese querido, tal vez los dos años de su hijo sea el momento para volverse a replegar"
"Cuando nuestro hijo tiene dos o tres años (a veces antes, a veces después) queremos salir al mundo, saltar al vacío, hacer un cambio. Pero si los primeros meses o años no pudimos estar en casa el tiempo que hubiésemos querido, ni amamantar lo que hubiésemos deseado, ni tener a upa a nuestros bebés lo que ellos precisaban, tal vez tener un hijo de dos años sea el momento justo para volverse a replegar y retomar el nido", consideró Vazquez, para quien por más tardío que se dé el puerperio, siempre será bienvenido.
Es que, para ella, así como el invierno pone la semilla del verano, y el día permite la noche, "cada cosa genera su opuesto" y "el transcurso y la profundización del puerperio es el primer paso de la libertad de las mujeres y del principio de la maduración y la individualización". En ese sentido y según su lógica, el despegue prematuro también fomentará el momento apropiado para dejar todo y volver al hogar.
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