La culpa no es del azúcar

Los medios de comunicación en los últimos años nos advierten que hay en nuestras mesas un demonio responsable de casi todos los males que afectan a la humanidad, especialmente el sobrepeso y la obesidad: el forajido es el azúcar. Las advertencias provienen de páginas de salud, de alimentación, dietas, fitness, autoayuda, etcétera y se apoyan tanto en prevenciones de organismos científicos como de oportunistas y hasta de un reciente "estudio" hecho en Holanda sobre ¡una sola persona! ¡Vaya si eso es un absurdo!

La última gran prevención la hizo la Organización Mundial de la Salud (OMS): "recomendó" a los adultos limitar en su ingesta calórica diaria a un máximo de 10% los azúcares añadidos, pero en sus "notas al pie" reconoció que la evidencia de la responsabilidad del azúcar en el sobrepeso es moderada, baja o muy baja.

Tan científicas como aquella prevención son las que indican que el azúcar añadido en cantidades moderadas sirve a la sangre, al hígado, a las neuronas; tiene propiedades que favorecen la actividad del cerebro, especialmente en los niños; beneficia el desarrollo de los tejidos; permite reponer los depósitos de glucógeno; aporta los nutrientes necesarios para un adecuado desarrollo físico y mental; favorece la asimilación de las proteínas; nutre al sistema nervioso; ayuda a conciliar el sueño. Hace placenteras a las comidas y es vector de múltiples medicinas que, sin el sabor dulce del azúcar, serían imposibles de ingerir. Y por sobre todas las cosas es un insumo insustituible para la industria de alimentos.

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Muchas coberturas de prensa sobre esta temática son desequilibradas; reproducen "cables" a los que les agregan valor con dudoso conocimiento, o recurren a la consulta de un equipo de especialistas mediáticos alineados con alguna escuela, o que sirven a intereses que no son exclusivamente los de la salud. Dicen verdades, pero sólo a medias.

Como representantes de la industria azucarera con base en caña de azúcar, la más antigua de la República Argentina, que es a la vez la mayor en la economía regional del noroeste argentino, con actividad cultural en más de 350 mil hectáreas, donde actúan 20 ingenios y trabajan en forma directa 57 mil personas, incluyendo 7 mil cañeros independientes, lamentamos la superficialidad y la parcialidad de los argumentos generalmente expresados.

Vale la pena apuntar que muchas evidencias no sustentan la presunta responsabilidad del azúcar en el sobrepeso y la obesidad, más allá de que tenga una participación. Por caso, el Comité Científico Asesor en Nutrición del Gobierno de los Estados Unidos asegura que no existe vinculación o evidencia de ello. Y aquí, otros datos:

- Entre 1980 y 2014 mientras la obesidad se duplicó en el mundo según datos de la OMS, el consumo de azúcar per cápita aumentó sólo un 15%, fuertemente influenciado por el aumento de 108% del consumo en Asia, región en la que difícilmente se pueda encontrar sobrepeso u obesidad. En el Mercosur el crecimiento per cápita del consumo de azúcar para el período fue de tan sólo 12,6 por ciento.

- Es real que las estadísticas generales pueden acoger situaciones muy diversas: mientras en Estados Unidos el consumo de azúcar por persona es de 126 gr por día y las prevalencias de obesidad son de 35,8% en las mujeres y 33% en los hombres, en Arabia Saudita el consumo es de 80 gr por día por persona y la prevalencia en las mujeres alcanza al 50 por ciento. Japón, Chile, Grecia, Italia, Polonia tienen un consumo similar de 57 gr por día; sin embargo, la obesidad en el primero de ellos es de apenas 3,4% en las mujeres y 2,3% en los hombres, en tanto que en Chile y los restantes la obesidad es de 24,5% entre las mujeres y de 21,5% entre los hombres.

Más aún: en Australia en las últimas tres décadas se registró una caída del 23% del consumo de azúcar y sin embargo la obesidad continuó creciendo a niveles muy significativos. Al fenómeno se lo ha llamado "paradoja australiana". Pero cabe preguntarse si es verdaderamente un fenómeno.

La desconexión entre obesidad y consumo de azúcar también se verifica en Argentina: el consumo per cápita desde 1980 al 2014 raramente sobrepasó los 41 kg por año, en tanto los índices de sobrepeso y obesidad han aumentado. Considerando la evolución de todos los edulcorantes calóricos, desde el 2000 el incremento del consumo ha sido de sólo 11% entre puntas.

Toda la evidencia indica que en el Reino Unido, por décadas, el consumo per cápita de azúcar, sal, grasa y calorías ha estado cayendo. El consumo de azúcar descendió 16% desde 1992 y el consumo de calorías también se redujo 21% desde 1974 a la fecha. Pero la obesidad se mantuvo en ascenso. ¿Todas son paradojas?

Esos indicadores se han hecho sobre bases poblaciones muy diversas en términos de hábitat, cultura, etcétera. Por la ecuación calórica de cada población subyace un entramado complejo: miles de alimentos aportan calorías, no solamente a través de los hidratos de carbono, sino también de las grasas, así como hay miles de maneras de realizar la necesaria actividad física que provea el balance energético para lograr equilibrios que favorecen en el combate al sobrepeso y la obesidad. Esta disparidad confirma que no deben ser adoptadas políticas comunes ni recomendaciones abarcadoras para realidades tan distintas.

Confrontada con este complejo escenario, la industria azucarera argentina coincide con la corriente que sostiene que es absurdo culpar por el incremento de la obesidad a un único ingrediente, el azúcar, y menos a una única categoría de productos, los ultraprocesados.

A menudo quienes impulsan la difusión de estos temas tienen intereses comerciales que buscan mejorar sus posiciones en los mercados a través de políticas fiscales que finalmente resultan fallidas. Ejemplos: el impuesto a las grasas en productos alimenticios creado en Dinamarca en 2011, que tuvo que ser eliminado en 2012; el impuesto a las bebidas gaseosas sancionado en México en 2013, que no produjo ninguna reducción del consumo y por ende no tuvo impacto en los índices de sobrepeso u obesidad; sí logró, en cambio, afectar el nivel de actividad y de empleo en esa industria y en su cadena de valor. Tanto fue así que el pasado 19 de octubre la Cámara de Diputados de México votó a favor de la reducción del 50% del impuesto por 423 votos contra 33.

Científicos menos consultados por la prensa, pero de gran prestigio, como Richard Kahn y John Sievenpiper, en un documento publicado en la prestigiosa Diabetes Care en 2014, concluyeron: "El exceso de energía total consumida parece ser mucho más probable la causa de la obesidad y la diabetes" que la ingesta de un sólo producto.

iEl autor es diplomático y economista, presidente del Centro Azucarero Argentino, integra el Directorio de la Organización Mundial de Investigación del Azúcar (WSRO –Londres y de COPAL. Fue subsecretario de Política Agropecuaria y Alimentos (2006/7)/i

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