Ariel tiene 40 años, y cuando tenía 5 tomó por primera vez una raqueta en sus manos. Durante los siguientes 10, continuó jugando y soñando, como muchos chicos, en ser uno de los mejores tenistas, jugar la Copa Davis, representar a la Argentina.

Pero todos sus sueños se desmoronaron de golpe, cuando una infección renal torció el rumbo de su vida. Tenía 15 años cuando el médico le habló sobre la diálisis, y algunos pocos más cuando le planteó la necesidad y urgencia de un trasplante renal.

En ese momento, sin haber llegado a las dos décadas de vida, ingresó a la lista de espera del INCUCAI -Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante- para poder recibir el órgano y someterse al trasplante.

Mientras Ariel estaba en la lista, única y nacional, a la espera de un donante, sus padres se hicieron los estudios de compatibilidad. Hasta que los resultados determinaron que su mamá podía ser donante, su presente dependía de la máquina de hemodiálisis y su futuro de la aparición de un órgano compatible de un donante cadavérico.

Ariel fue trasplantado con el riñon de su mamá cuando tenía 20 años. Parece una frase hecha, pero no deja de ser la realidad: su madre le dio la vida dos veces, y él, como muchísimos trasplantados, festeja su cumpleaños por duplicado.

Apenas un mes después de la intervención, para sorpresa de todos, incluso la propia, estaba de pie en una cancha de tenis, y peloteando.

Ariel descubrió que podía seguir jugando al tenis "a pesar" de estar trasplantado, y se aferró a su raqueta para reencontrarse con esos sueños que habían quedado pausados. Desde 1996 es miembro –y uno de los fundadores- de ADETRA, Asociación de Deportistas Trasplantados de la República Argentina. Desde abril preside la asociación, que tiene como objetivo promover la actividad física y deportiva de personas trasplantadas para mejorar la calidad de vida. Y multiplicar el mensaje sobre la importancia de la donación de organos.

Los deportistas trasplantados disfrutan de la segunda oportunidad que les dio la vida

Muchos de los miembros de ADETRA empezaron por primera vez en su vida a hacer algún tipo de actividad física después de recibir un trasplante, por recomendación médica. Entrenan en el CENARD, y mientras caminan, corren o practican algún deporte, también van conociéndose y descubriendo historias distintas y parecidas.

Las personas trasplantadas toman medicación -inmunosupresores- para evitar el rechazo. Pueden aparecer efectos colaterales, como por ejemplo dolores en los huesos, perdida de musculación. El deporte mejora sustancialmente la calidad de vida. Una vez que logran el apto físico, es cuestión de querer, dicen los que ya llevan más años entrenando.

Ariel intenta que cada vez sean más los trasplantados que puedan encontrar en el deporte una mejora de la calidad de vida. Algunos se entusiasman tanto con la práctica deportiva, como él, que deciden dar un paso más y entrenar para participar de los juegos mundiales, que son organizados cada dos años por la World Transplant Games Federation (WTGF).

Ariel es un experimentado y compite desde 1997 en todos los mundiales para trasplantados. Y es uno de los deportistas que más medallas acumuló en todos estos años. Pero, más allá de la alegría y el orgullo de ganar, él asegura que poder participar es de por sí una celebración. Los deportistas trasplantados disfrutan de la segunda oportunidad que les dio la vida. Y agradecen, porque saben que esa posibilidad la tienen gracias a famlilias que, en medio de un momento difícil, con un gran gesto de amor, decidieron donar los órganos de un ser querido.

Durante la última semana de agosto, deportistas de 44 paises participaron de los XX Juegos Mundiales para Trasplantados de Mar del Plata 2015. Ariel, nuevamente consiguió varias medallas doradas, jugando al tenis. Como soñaba de chico,y con la camiseta argentina.