Ya al final de su vida, los médicos sugieren a Juan Gelman que se interne para recibir un tratamiento de quimioterapia. Gelman se niega. Quiere viajar a Buenos Aires a presentar su último libro y despedirse del país. Desde un principio acordó con su mujer que no habría ningún esfuerzo para intentar que se prolongara una vida que se estaba apagando. Rechazó los fármacos, las radioterapias y también la cirugía. Quería morir en su casa de México, junto a sus seres queridos, lejos de los hospitales y de la burocracia médica. Escribió hasta último momento. Aún le quedaban cosas que decir.
La madrugada del 20 de agosto de 2013, en Buenos Aires, Gelman comunica a su amigo Horacio Verbitsky que el final es inminente, que debe despedirse, y que es hora de agradecer antes de partir: "Juan me toma del hombro y me habla bajito. Lucila Pagliai (quien participara de ANCLA, la agencia clandestina de noticias fundada por Rodolfo Walsh al comienzo de la dictadura) nos mira, pero no alcanza a escuchar el diálogo... 'Es la última vez que nos vemos, Perro'. Han pasado cincuenta años de la primera". La muerte le llega a los seis meses de este suceso: "Mara nos informó que Juan había entrado en la recta final. 'Es inminente, pueden ser varios días, pueden ser horas'. Le pregunté si estaba consciente. "Sí. Pero casi no tiene voz y está apagándose". Y el definitivo: "Perro, Juan murió hace una hora y cuarto".
Al día siguiente se conoció uno de sus poemas más explícitos y conmovedores, "Verdad es", que escribió el 28 de octubre y concluye así: Esqueleto saqueado, pronto no estorbará tu vista ninguna veleidad. Aguantarás el universo desnudo.
Adiós y despedida
Es la hora del día en que se apaga la luz y el silencio se apodera de la escena. No hay extensiones ni prórrogas. El sinsentido se adueña del acontecimiento que dará la vuelta al mundo. No hay necesidad de explicaciones. "Let it go, Juan" —habrá dicho Whitman— y Juan la dejó ir. Su vida se fue. Se entregó al misterio de la muerte, buscando otros universos, las profundidades de las almas.
El martes 14 de enero de 2014 a las 16:30 horas muere Juan Gelman de una enfermedad que se llama síndrome de mielodisplasia en su casa de la colonia Condesa, en la ciudad de México. Tenía 83 años. Su vida y su obra dejan testimonio de su lucha.
La prensa internacional se hace eco de la noticia. La muerte interesa, como importan las alícuotas de pena y los trofeos obtenidos. En la capital de México, una de sus ciudades adoptivas, la noticia trasciende rápidamente. El diario Milenio, en el que Gelman escribía una columna semanal, reporta que el poeta fallece en su domicilio: "Murió tranquilo, en su casa, rodeado de su familia". Organismos e instituciones literarias de México acusan la pérdida. Las personalidades de la cultura, con las que colaboraba asiduamente, despiden al poeta.
Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), María Cristina García Cepeda, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes, Marisol Schulz, directora de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el escritor Benito Taibo II y el periodista Jenaro Villamil, así como la Biblioteca de México y el sello Ediciones El Naranjo, manifiestan su pesar por la pérdida. El Gobierno argentino, por su parte, decreta tres días de duelo nacional y dispone que la bandera permanezca izada a media asta en todos los edificios públicos, en memoria del poeta.
También el Gobierno uruguayo, a través de su Ministerio de Relaciones Exteriores, expresa el dolor que significa el fallecimiento de Gelman para su pueblo y afirma que "se ha ido un ser humano sensible y comprometido con su tiempo y con la vida". El periódico El País de España confirma la voluntad del poeta de no aferrarse a una vida que sentía que ya no le pertenecía. El Gobierno español, a través de su presidente, también lamenta la muerte de Gelman, una voz "irreemplazable" del "convulso siglo XX".
uCenizas de Nepantla /u
El 18 de enero de 2014 los restos del poeta son esparcidos desde un puente del riachuelo que cruza el pueblo mexicano de San Miguel Nepantla, la misma localidad en la que naciera Sor Juana Inés de la Cruz, tan admirada por Gelman.
El secretario de Cultura del Distrito Federal, Eduardo Vázquez Martín, recuerda, según la agencia AFP, la emotiva ceremonia de despedida: "Fue una celebración al Juan vivo, leímos algunos de sus poemas, tomamos vino y comimos pollos asados, aguacates y jitomates con aceite, siempre acompañados por el canto de las jaranas mexicanas y el acento porteño que no se separa de nuestros trasterrados del sur. (...) el sol entibió esta tierra de frontera entre los bosques fríos del Estado de México y los cañaverales de Morelos".