"La Argentina tiene el dudoso honor de ser el país que más crisis macroeconómicas sufrió durante los últimos setenta años en toda América Latina e incluso en gran parte del mundo". Así comienza Las crisis económicas argentinas. Una historia de ajustes y desajustes (Sudamericana), el libro que el economista Miguel Kiguel, director ejecutivo de EconViews y ex presidente del Banco Hipotecario, acaba de publicar con la colaboración de su hijo Sebastián Kiguel.
En el libro, Kiguel realiza un recorrido por las crisis argentinas desde el peronismo hasta la actualidad, en busca de las causas de lo que llama "el fracaso macroeconómico" del país, un fracaso sobre el que tanto ortodoxos como heterodoxos tienen responsabilidades. Si bien el itinerario va desde la primera crisis de balanza de pagos de la Argentina, en 1952, hasta la última gran crisis -la del 2001-, de todos modos el kirchnerismo también tiene su lugar pues, según explica Kiguel, "es un período muy interesante y no sabemos si va a terminar en crisis o no". "Por las dudas cubrimos...", dice entre risas, pero aclara que "hay condimentos que hacen pensar que algo va a pasar pero tampoco necesariamente va a ser una crisis como las típicas crisis argentinas".
Hay momentos de crisis que la gente no lo llama crisis. Hoy, por ejemplo, en Argentina, estamos en el año 2015: tenés una brecha cambiaria de casi 60 o 70%, inflación de 30%, la economía no está en recesión pero hace cuatro años que no crece, déficit fiscal de 6 y medio por ciento del producto; la economía está en default: en cualquier lugar del mundo se llamaría crisis. Pero generalmente para que haya una crisis hace falta un evento. Algo que lo gatille, que digas "uh, acá pasó algo especial". Y ese algo en general es devaluación, default, hiperinflación. Algo realmente que generalmente está muy relacionado a la parte financiera, o con algún evento político -el cordobazo-. Pero en general tiene que haber algún evento financiero que generalmente es devaluación fuerte, que es lo que hace que uno diga que pasó de algo que está desajustado a algo que llamamos crisis. Y las primeras crisis fueron lo que llamamos las crisis de balanza de pagos, que eran un evento que estaba enfocado o uno lo podía marcar con el día de la devaluación. Había devaluación, y a eso lo llamás crisis de balanza de pagos. Y estaba precededida por desequilibrios externos, no había reservas, tipo de cambio atrasado, y lo que pasaba es que se perdían reservas, en algún momento las reservas eran muy pocas, y el Banco Central decía dejémosla ir, devaluemos. Eso es lo que llamamos crisis de balanza de pago, y fueron las crisis argentinas desde el año 49 hasta el rodrigazo. El rodrigazo fue una crisis de balanza de pagos, pero extrema, porque en ese episodio todo se magnificó por mucho: los precios subieron mucho, la devaluación fue como 300%, el déficit fiscal antes que eso fue como 12% del PBI. Fue una crisis en términos mexicanos "machaza". Las otras eran generalmente lo que llamamos stop-and-go: tenías problemas del tipo de cambio -en algún momento se atrasaba el tipo de cambio-, el Banco Central perdía reservas, como no había reservas el Banco Central no dejaba de importar, la economía entraba en recesión, empezaban a especular todos con una devaluación -muy similar a lo que estamos viendo ahora-, y en algún momento el Banco Central decía "devaluamos", se corregía el desequilibrio importante, y volvíamos a crecer. Esas eran las primeras crisis argentinas. Después se complicaron. Después vinieron más fuertes. Esas crisis no eran muy fuertes, la economía se paraba uno, dos trimestres, y volvía a crecer, por ahí subía un poquito la inflación pero después bajaba. Yo diría que no eran crisis traumáticas.
No siempre. La del '52 con Perón no fue una crisis política. Las crisis de Frondizi, cuando devalúa casi 100% la moneda y la inflación se va al 100%, no hubo una crisis política en ese momento. Hay una devaluación que no fue crisis que es la de Krieger Vasena en el año 67. La del rodrigazo sí fue crisis política. La siguiente imporante fue la del año 81, cuando viene la tablita de Martínez de Hoz, nuevamente cosas parecidas a ahora: atraso cambiario, se perdían reservas, salida de capitales, y tuvieron devaluar. Esa sí fue una crisis política, cambio de presidente, ministros que duraban poco. Las crisis de los 80 son todas crisis políticas, y la crisis del 2001 por supuesto que fue una crisis políticas.
Esa siempre es la pregunta del millón. Primero hay que tratar de entender si hubiera un crisis, cómo sería. Obviamente que estamos entrando en el reino de la imaginación porque nadie sabe, las crisis toman una dinámica por sí mismas y son difíciles de predecir cómo siguen, pero hay elementos que estuvieron en otras crisis y esta vez no están, y otros que sí. ¿Qué elementos estuvieron en otras crisis que esta vez no están? Yo diría que las dos crisis más fuertes de los últimos 40 años son la crisis de 1982, la famosa crisis de la deuda, cuando Argentina sale del período de la ortodoxia, de la tablita, y devalúa en los años 80, 82-83, viene la guerra de Malvinas, déficit fiscal. En el 82 México entra en default y ese default arrasta a toda la región. Esa fue una crisis muy fuerte en Argentina pero fue una crisis regional. Argentina fue uno más de los naipes que cayeron en esa caída después de México. Fue muy fuerte porque fue una crisis de deuda -Argentina entró en default-, no se reestructuró hasta los años 90, 91, cuando entra Cavallo con Daniel Marx y Argentina sale del default, termina con el famoso plan Brady, vuelve a emitir deuda y se arregla con el Club de París. Fue una crisis bancaria, donde hubo una cantidad enorme de bancos que cayeron. Había un exceso de bancos y hubo una crisis financiera muy fuerte, hubo un problema de deuda privada que el Estado los salvó, rescatando a través de seguros de cambio y otro tipo de mecanismos. Fue una crisis macroeconómica y financiera. Esa fue la primera crisis que llevó a la década perdida, la de los 80.
Después viene la hiperinflación -la discutimos en el libro-, pero la segunda gran crisis y probablemente es la peor, la más fuerte, la más dramática, la que más nos afectó, es la crisis del 2001. Tuviste default, crisis bancaria, problemas de deuda en todas las empresas, y para peor tuviste pesificación y todos los condimentos esos que conocemos... Fue una crisis muy, muy dramática. Esas fueron las dos crisis más grandes, y en las dos estuvo el componente financiero. Bancos, deuda, empresas que no podían pagar sus deudas y muchas veces consumidores que tampoco podían pagar sus deudas. Si uno trata de predecir, pensar lo que que puede venir, no ve ninguno de esos condimentos. No hay problema de deuda: Argentina, a pesar de estar en default, no tiene deuda grande, tampoco está en dólares. Si hay una devaluación, que la gente espera que en algún momento pase -es un cuco pero va a venir-, seguramente no debería tener el impacto negativo que tuvieron la devaluación del 2001 o en el 82. ¿Por qué? Porque no hay deuda. Y al no haber deuda, en realidad, si viene una crisis -yo no sé si va a venir-, pero si viene seguramente se va a parecer a las viejas crisis de balanza de pagos, donde no había un efecto tan grande sobre la economía.
No. Cuando uno mira las crisis argentinas, muchas veces coincidieron con las crisis internacionales.
Es importante. En general las crisis argentinas siempre estuvieron acompañadas por crisis en la región. El rodrigazo tuvo un condimento muy autóctono que fue el populismo del peronismo de aquel entonces, pero coincidió con que subió el precio del petróleo, que fue el famoso shock petrolero cuando aparece la OPEP. En el 82, la crisis también tuvo que ver con que se derrumbaron las commodities, se fortaleció el dólar. Hubo un factor externo muy importante en esa crisis, y en los 80 se mantuvo todo un escenario malo. En el 2001 yo diría que también hubo condimentos del factor externo muy importantes. ¿Por qué? Porque en realidad, si vos ves, Argentina cae en el 2001, pero ya venían cayendo: había empezado la crisis en Asia en el 97, Rusia en el 98, Brasil en el 99, Turquía principio de 2001, y ya Argentina fue la que más aguantó, resistió hasta que le pegó también. Hubo factores externos importantes. En todas las crisis se ve eso, en general en todas las crisis hubo devaluación, y yo creo que ese es un factor común. Entonces, factores externos, sobrevaluación del tipo de cambio, una resistencia a devaluar -que la ves siempre: la ves en Martínez de Hoz en el 76-79, la habías visto en el período peronista en el 52-. En cada una de las crisis los gobierno decían "no vamos a devaluar". Lo que escuchamos hoy es figurita repetida, todos lo dijeron. No es algo nuevo: lo que dice Kicillof lo dijeron Alsogaray, Martínez de Hoz, Sigaut... Todos lo han dicho. Casi siempre, al final la necesidad de la devaluación te la impone el mercado. Ahora: vos siempre podés vivir peor. Tenés el caso de Venezuela, que dice no devalúo, pero no hay pañales, no hay papel higiénico, no hay comida, no hay remedios. Es una calidad de vida horrible. ¿Se puede vivir así? Sí, se puede. Al final vos ves que los venezolanos sobreviven, pero es una calidad de vida que yo no se la deseo a nadie.
Yo diría que hubo varios efectos. En términos de lo que fue la crisis de 2001, tuvo un efecto social como ninguna otra crisis en Argentina. Si vos mirás otras crisis, por ejemplo la del 82, que fue una crisis tremendamente dura, o la del rodrigazo, y decís bueno, cuáles fue el efecto en el desempleo, muy bajo. Prácticamente no aumenta el desempleo. ¿Por qué no sube el desempleo en estas crisis? No subía porque en realidad lo que pasaba es que había inflación y la inflación bajaba el salario real. Sí tenía efecto sobre el salario, pero no tanto sobre empleo. Porque había inflación, subían los precios, los salarios se quedaban, caía el poder adquisitivo de la gente, el consumo caía, tenía un efecto social, pero no el efecto tan fuerte sobre pobreza y desempleo que tuvieron las crisis más recientes. El tema de pobreza y desempleo son fenómenos muy recientes en Argentina. Nunca hubo un efecto tan fuerte, sobre todo sobre desempleo. Sobre pobreza, algo hubo sobre todo en la hiperinflación. Pero yo creo que la peor crisis, la que nos dejó la peor memoria, es la crisis de 2001, y por eso es que hay tanto miedo a devaluar, a ajustar. Porque la verdad es que yo creo que Argentina tiene la chance de no ajustar, se puede hacer una devaluación expansiva si lográs que entre plata, porque hay mucha plata que no entra esperando una devaluación. Si hay una devaluación y esa devaluación no afecta mucho al salario real -algo sí, pero no mucho-, y genera expansión, rápidamente pone en movimiento la rueda de la economía que hace cuatro años que no anda, y eso empieza a funcionar devuelta. Yo no le tengo tanto temor al efecto social del próximo evento, si bien es cierto que hubo algunos que han sido muy traumáticos.
Muchas veces pueden ganar los que están esperando para entrar, los que han podido ahorrar dólares, los que no tienen pesos... En general a los pobres les pega porque sus pocos ahorros los tienen en pesos y se deprecian. Y en el corto plazo en general le pega al empleo, al poder adquisitivo del salario. En los primeros dos o tres trimestres. Ahora, yo quisiera hacer ese análisis un año y medio después, porque vos operás a una persona, y sí: el tipo está en cama. No va a estar corriendo. A lo mejor con eso le salvás la vida y un año después está mucho mejor. Hay que tomar en cuenta el período en el cual se evalúan los costos de esto.
Lo que estamos viendo es que desde hace más o menos un año, el contexto externo está cambiando. El primer elemento que cambió es los precios de las commodities. Empiezo por ese porque después voy a terminar en lo que más me importa. Los precios de las commodities han caído, en el caso del petróleo, el WTI, que es uno de los que yo más sigo, pasó de US$ 110 el barril hace un año, a niveles de US$ 45 el barril hoy: cayó más del 50%. La soja cayó de US$ 550 la tonelada a U$S370-380 la tonelada. Y así vemos todo: con el cobre, con el oro... cayó todo. Primer condimento. El segundo condimento que uno ve es que ha habido menos apetito por parte de los inversores del mundo por venir a los países emergentes. Entra menos plata a Brasil, a Uruguay, a Colombia, a Asia, a Rusia, a Ucrania. Hay mucha más turbulencia en el mercado de los países emergentes que la que había. Y hay menos deseo de invertir: la gente antes compraba cualquier porquería, cualquier bono basura que salía de países emergentes lo compraba. Hoy no, y se cuidan de venir. Y eso implica un poco que ha aumentado el riesgo país para todos los países emergentes, no para Argentina. Y el tercer elemento es que como resultado de este nuevo entorno, ¿cómo han reaccionado los países de la región? Han dejado sus monedas depreciarse. No es que devalúan, porque flotan, pero las están dejando depreciar. Y así el real de Brasil pasó de 220 reales por dólar a alrededor de 350 que está hoy. El euro, que no es una moneda emergente pero también pasó de 1,40 a alrededor de 1,10, o sea que se ha devaluado más de 20%. Y así vemos cómo el peso uruguayo se ha devaluado, el peso chileno, el peso mexicano -que está a su nivel más bajo-. ¿Qué implica eso para Argentina? Implica hoy que si estábamos caros debido a la inflación -olvidate del mundo externo, sino que la inflación seguía, seguía, nos encarecíamos en dólares-, hoy estamos mucho más caros, porque el resto del mundo no se quedó quieto, el resto del mundo reaccionó, nosotros no, y eso nos pone en una situación compleja. Por eso uno olfatea que algo va a pasar, esta situación no puede durar siempre. ¿Por ahí llegamos hasta las elecciones? Seguramente...
Nadie lo va a hacer antes de una elección, sobre todo si se puede, con controles de cambios, frenando algunos pagos al exterior, y tomando algunos dólares de China, la pateo. Y la verdad es que hasta fin de año se puede patear.
Sí. Lo puede seguir pateando. Si lo sigue pateando, no le va a ir muy bien. Es como ir perdiendo 3 a 0 y en vez de atacar, tirás la pelota afuera, hacés tiempo. Y, seguís perdiendo 3 a 0. No vas a mejorar el resultado.
Yo creo que no son lo mismo. A grandes rasgos, creo que son lo mismo. Si uno mira Kicillof y el resto, todavía están discutiendo si la Tierra es cuadrada y está sostenida por cuatro elefantes o es redonda. Ese es el nivel de discusión que hay entre un Kicillof y un Blejer o un Sturzenegger. Como que son dos paradigmas completamente diferentes. Yo creo que una vez que pase eso, y viene la discusión entre Bein y Blejer o Sturzenegger y Frigerio o Melconián -por dar nombres-, me da la impresión de que estamos discutiendo sobre la base de que aceptamos que la Tierra es redonda, que hay agua, que hay mar, que no te caés de la Tierra, que no es que hay un precipicio del otro lado... Ese es el nivel de discusión que deberíamos tener ahora. Y eso implica una diferencia enorme. Porque estamos discutiendo qué es lo mejor de hacer, cómo nos protegemos del invierno, del verano. Yo creo que en ese sentido tanto los economistas de Scioli como los economistas de Macri tienen una visión de que el mundo funciona de una determinada manera, que Argentina no puede estar en default, que no podemos tener estadísticas truchas, que la inflación es un problema, que hay que sacar el cepo. Hay acuerdos, pero obviamente, como entre republicanos y demócratas, entre keynesianos y monetaristas o liberales, hay diferencias de enfoque. Por ejemplo, yo pienso que Macri es más de la idea de ir rápido a enfrentar los problemas. Se llama shock, pero yo no lo llamaría shock. Pero en general ir más rápido a resolver los temas del cepo, los holdouts, los problemas más graves que hoy están limitando el crecimiento de la Argentina.
Nunca es un buen momento para salir. Porque nunca es un buen momento para darle un shock a la economía. Y no estamos tan mal... se puede un poquito más, se puede un poquito más, y la vamos tirando. Un ejemplo que yo siempre doy con respecto a la política cambiaria es lo que hizo Fábrega cuando asumió. No sé si te acordás: Fábrega asumió más o menos en octubre de 2013 y los primeros meses no quería devaluar. Quería hacer el enfoque gradual, que era devaluar pero dejar ir la moneda en flotación administrada. En ese momento estaba la flotación en el 2% por mes, llevarla al 4 o 5%. Llevó al 4% en noviembre, lo dejó deslizar 5% en diciembre, en enero volvió a hacerlo, pero se dio cuenta de que lo deslizaba, iba mejorando la competitividad, pero qué pasaba: que los inversores sabían que no alcanzaba, le especulaban en contra, y las reservas caían y caían. Al final llegó un momento en que dijo no puedo más y dejó ir el tipo de cambio. Al final es un tema de postergar hasta que venga lo inevitable.
La verdad que no lo demuestra. (Risas) Puede ser. La verdad que yo creo que aprendió, lo que pasa es que no lo hace: sigue haciendo las mismas cosas que antes. Yo creo que probablemente hoy es más sabio que lo que era, haya visto los errores y que se paga un precio por eso, pero la verdad creo que lo entendió para adentro, porque lo que es para afuera, sigue haciendo las mismas cosas que antes. Con lo cual, por ahí con otro presidente lo haría diferente. Pero yo creo que con este gobierno Kicillof va a seguir siendo exactamente lo que ha sido hasta ahora
Más Noticias
Cómo preparar bistec al albañil: receta mexicana fácil, casera y llena de sabor
Una preparación tradicional con carne suave, verduras frescas y un toque picosito que conquista desde el primer bocado

Triplex de la Once: combinación ganadora del sorteo 3
Como cada domingo, aquí están los números ganadores del premio dado a conocer por Juegos Once

Qué es un ‘therian’, dónde se reúnen y qué animales caracterizan: lo más buscado en Google
La cultura que crece en redes sociales, fusiona identidad animal y autoexpresión, suma adeptos entre jóvenes y abre nuevos debates en la sociedad

Capitán y técnico de Millonarios se despacharon contra el arbitraje en el partido vs. Internacional de Bogotá: estas son las polémicas
Fabián Bustos y David Mackalister Silva se refirieron a la actuación arbitral en el partido de la fecha 8, en donde consideraron que fueron perjudicados al no pitarles dos penaltis

Así infectaron hackers miles de computadoras usando las actualizaciones de Notepad++
Ciberdelincuentes infiltraron el sistema de actualizaciones del popular editor, distribuyendo software malicioso desde canales oficiales y evidenciando los nuevos riesgos
