El efecto protector del cerebro en la vitamina D

Los alimentos que contienen esta vitamina proporcionan resultados saludables, adquiriendo un rol primordial en los últimos años. En diálogo con Infobae, el médico nutricionista Alberto Cormillot explica cuáles son sus beneficios

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Siempre es mejor un yogur
Siempre es mejor un yogur sin azúcares agregados que el azúcar propia de los lácteos Shutterstock 162

Pocos alimentos contienen naturalmente cantidades significativas de vitamina D. Algunos de ellos son: el pescado (salmón, bacalao, sardinas), los lácteos y cereales, entre otros. La ingesta de estas comidas forman un compuesto denominado colecalciferol que se transfiere al hígado para convertirse en vitamina D activa. De aquí deriva la relación entre la carencia de vitamina D y un aumento de grasa corporal, ya que la falta de esta vitamina cambia la forma de procesar los nutrientes. En vez de utilizar los alimentos como energía, la carencia de vitamina D activa una enzima que almacena la comida en células grasas, generando -en consecuencia- un aumento de peso.

Sus propiedades, que intervienen en la absorción de calcio y fósforo, representan un papel fundamental en el mantenimiento de órganos y sistemas a través de múltiples funciones. En diálogo con Infobae, el médico argentino Alberto Cormillot - especialista en nutrición- explica que "la vitamina D interviene en el desarrollo celular y en el sistema inmune, contribuyendo a la formación y mineralización ósea". Si bien es especial para el desarrollo, dosis muy altas de esta vitamina puede generar un efecto contrario.

<b>Salmón.</b> Aseguran proteína y ácido
<b>Salmón.</b> Aseguran proteína y ácido omega 3 de cadena larga, el más beneficioso para el cerebro Si, por la razón que sea, consumes poco pescado, opta por carnes magras o lácteos enriquecidos con omega 3 de pescado. Shutterstock 162

"El queso, la yema de huevo, pescados (especialmente el atún), hígado y aceite de bacalao", son algunos de los alimentos que recomienda el Dr. Cormillot para incorporar en toda dieta. Además agrega: "La vitamina D está estrechamente relacionada con el raquitismo. Igualmente, en los últimos años tuvo un rol fundamental ya que se descubrió sus propiedades aliviadoras de inflamaciones".

Riesgos de la falta de vitamina D

Un metaanálisis de 23 estudios mostraron que la falta de vitamina D en personas obesas era un 35 por ciento mayor que en personas con peso normal. Además, un estudio dirigido por Caitlin Mason de Fred Hutchinson Cancer Research Center en Seattle, Estados Unidos- descubrió que "la falta de vitamina D lleva a la debilidad en los huesos, deficiencia en las hormonas y poca capacidad aeróbica".

La deficiencia de vitamina D puede resultar del consumo de una dieta no equilibrada, aunada a una inadecuada exposición solar; también puede ocurrir por desórdenes que limiten su absorción o condiciones que limiten la conversión de vitamina D en metabolitos activos, tales como alteraciones en hígado o riñón, o raramente por algunos desórdenes hereditarios.

Otro estudio realizado en California, Estados Unidos -llevado a cabo por Dr. Vicente Gilsanz del Hospital de Niños de Los Ángeles confirmó que "la carencia de vitamina D genera un incremento de grasa corporal. Además, sostiene que "varios factores de esta vitamina determinan el sobrepeso y la obesidad".

¿Quiénes padecen este déficit?

La gente de piel oscura sintetiza menos vitamina D. Un estudio de la Universidad de Oregon en Estados Unidos reportó que el 42 por ciento de las mujeres afroamericanas entre 14 y 49 años de edad eran deficientes de vitamina D, comparadas con el 4 por ciento de las mujeres blancas. Además, la tercera edad tiene también menos capacidad de sintetizar la vitamina D cuando se exponen al sol. ya que se excluyen de este beneficio natural. También las personas con problemas intestinales poseen un mayor riesgo de deficiencia de esta vitamina.

Además, la carencia de vitamina D dificulta la secreción de la hormona leptina, encargada de generar la sensación de saciedad cuando se ha consumido suficiente grasa. Esto genera que se esté siempre hambriento aún habiendo comido lo suficiente.