No será historia nuevo ni llamativo si se cuenta que Jefferson de Oliveira no tuvo las posibilidades de otros futbolistas de elite cuando atravesó su infancia. A menudo, muchos jóvenes oriundos de villas miseria y familias carentes terminan triunfando en el mundo del fútbol. Pero sí resulta asombroso escuchar el relato del arquero de Brasil.
"Tenía un amigo que prácticamente era mi hermano y gracias a Dios también encontró su camino. Cuando estábamos juntos, robábamos supermercados y entrábamos a casas ajenas", confesó el '1' del equipo de Dunga, que disputó el último amistoso para la "Verdeamarelha" como titular y se perfila para estar en el debut por la Copa América frente a Perú, desde el minuto cero.
Jefferson siguió contando su historia de vida: "En ese entonces, Cristian (su amigo) ya consumía drogas y me mostró lo que era la cocaína, algo que yo no conocía. Cuando observé la droga, pensé: 'él es mi hermano, pero debo seguir mi camino'". La crudeza de sus palabras dejaron atónito a más de uno.
El guardameta de 32 años que se inició en Cruzeiro, siguió en Botafogo y tuvo un paso por el fútbol turco antes de regresar al conjunto de Río de Janeiro que está puntero en la Segunda División de Brasil, concluyó: "Desde el momento en que me separé, tomé las decisiones correctas en mi vida".