Cada 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente de acuerdo a lo estipulado por las Naciones Unidas en 1973. Esta ocasión se presenta como una oportunidad para reflexionar acerca de los principales desafíos que esta materia propone tanto a nivel internacional como local.
En el plano global, 2015 plantea dos cuestiones clave: por un lado, el trabajo hacia la construcción de los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) y por el otro, la Cumbre de Cambio Climático que tendrá lugar en París en diciembre. Ambas instancias resultan fundamentales en los procesos de negociaciones intergubernamentales en búsqueda de compromisos en pos del Desarrollo Sustentable.
Argentina, por supuesto, no está exenta de los lineamientos de esta agenda internacional y de la forma en que los mismos podrán cristalizarse en el contexto local. Sin embargo, las bondades de su extensión y la riqueza de su geografía hacen pensar en escenarios tan complejos como prometedores, como ser: los cursos de agua y los subsuelos en peligro, la pérdida de biodiversidad, una matriz energética que necesita ser repensada y los desafíos del sistema de recolección, disposición final y tratamiento de residuos domiciliarios e industriales son solo algunos de los temas que se imponen a lo largo y ancho del territorio nacional.
La complejidad en la resolución de estos problemas y su impacto en el desarrollo sustentable, plantean la necesidad de coordinación y trabajo conjunto entre todos los sectores involucrados: el Estado, el sector productivo y la comunidad.
Es por ello que los marcos regulatorios existentes y futuros deben procurar una adecuada articulación entre las autoridades gubernamentales en sus distintos niveles, evitando la creación de barreras inter-jurisdiccionales que conspiren contra una efectiva implementación.
La intención de un abordaje basado en la racionalidad y el pragmatismo expresado últimamente por autoridades ambientales provinciales y federales nos hace albergar esperanzas de un trabajo conjunto que permita ir salvando asimetrías interjurisdiccionales y de fiscalización que nos acerquen a marcos de aplicación normativa viables para cada zona o región y para los actores intervinientes.
Por ejemplo, en los últimos años, desde el sector privado crecieron los diseños de estrategias de innovación tecnológica en los procesos productivos que resultan en prácticas industriales de producción más limpia. Estas inicitativas ganan cada vez más espacio desde el momento en que se evidencian los resultados no solo en cuanto al impacto ambiental sino en la mejora del desempeño general del negocio.
Avanzar hacia soluciones que permitan abordar los desafíos pendientes requiere jerarquizar el área ambiental en todas las esferas: gubernamental, productiva y social. De este modo, el Día Mundial del Medio Ambiente se nos presenta como una oportunidad esencial de construcción colectiva que se traduzca en acciones concretas de la vida cotidiana en el corto, mediano, y largo plazo.
iEl autor es presidente del Comité de Medio Ambiente de AmCham Argentina y ejecutivo en la empresa GE/i