La rebeldía de Novaresio contra la herencia de Paulino Rodrígues

Ambos periodistas compartieron con Infobae sus recuerdos en el ciclo #MiSuperclásico. El primero de Boca porque su padre era de River, el segundo recuerda sus primeras veces en el Monumental

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 Adrián Escandar 162
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 Télam 162
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Luis Noravesio y Paulino Rodrígues compartieron con Infobae sus recuerdos de Boca y River, respectivamente. Dos periodistas enfrentados por los colores pero con la familia como protagonista de su historia superclásica.


Luis Novaresio y un precioso contrapunto con su padre

Soy de Boca por pura tradición familiar. Mi padre, claro, era de River. El disenso y la discusión fue siempre uno de los placeres de los Novaresio. Aprendí, incluso con el fútbol por el que nunca sentí el desenfreno de la pasión, que pensar distinto hacía más precioso el contrapunto.

Creo que fue por 1974. Casi seguro yo andaba por los 10 años. Boca jugaba contra River y don Luciano, el viejo, el mismo que había llegado a moverla en las inferiores de la 'Juve' de su Torino natal, esperaba el partido.

Mi pasión seguía sin reaccionar. Ni el Superclásico xeneize/millonario de ese año era capaz de inocularme el deseo por la camiseta. Sé que mi viejo puteaba en piamontés (dio fau, por lo menos) y me parece recordar que fueron 4 o 5 goles. El asesino del arco 'gallina', también me parece, era un tal Cambón. No estoy seguro. Creo que fue la única vez que me puse la camiseta de Boca y sentí que la sangre paterna hervía más de la cuenta.

Quedó siempre la deuda de ir a la cancha juntos a ver el superclásico de los porteños. Por suerte, la deuda de decirnos que la pica del fútbol importaba nada ante el amor padre hijo, se saldó con mi adolescencia. Cada vez que juegan estos dos grandes, el recuerdo de don Luciano es un orgullo profundo.

Los recuerdos familiares de Paulino Rodrígues

Soy hincha de River porque mis padres me traían al Monumental desde chico. Veníamos desde Las Flores donde nací y viví hasta los 14 años. Siempre, todos los años veníamos y traíamos algún compañero de escuela. Era una fija cada vez que lo hacíamos. El primero fue contra Sarmiento de Junín, empatamos 1 a 1 y Fabián García hizo un gol de penal que nunca olvidaré y para mamá, que ya no está, debía ser anulado porque había pateado muy fuerte.