Vivió y pintó en Nueva York. También en París y, sobre todo, en Buenos Aires. Junto a Ernesto Deira, Rómulo Macció y Jorge de la Vega formó el histórico grupo Nueva Figuración Argentina. Comprometido con su profesión, concibió siempre el arte como un lenguaje y hace un repaso de sus inicios y más recordadas experiencias.
- Desde siempre me atrajeron las figuritas, afiches, publicidades, los cuadros, todo lo que era imagen... Siempre quise pintar pero mi padre quería que hiciera el bachillerato normal, y no el secundario de la escuela de arte. Yo quería entrar en la Prilidiano Pueyrredón (actualmente IUNA) pero él me dijo que debía estudiar una carrera universitaria. Me decidí entonces por Derecho. Estudié cuatro años y luego abandoné.
- Fue en el taller de Horacio Butler. Lo elegí como maestro porque me gustaba su uso del color, su forma de construir, era de los más vanguardistas de la época. En su taller estuve desde el año 50 hasta el 52; pero un día me dijo: "no tengo más que enseñarte". Recién en 1959 me animé a hacer mi primera exposición. A partir de entonces se formó un grupo con Alberto Greco y Rómulo Macció. En ese mismo momento nace la idea del grupo Nueva Figuración Argentina. Quisimos superar la división entre lo figurativo y lo abstracto.
En un momento podría decir la primera, pero después puedo decir la de este siglo. De los 60 te diría Mambo e Introducción a la esperanza. De esa época también podría nombrar las instalaciones como El ser nacional; alguna obra de la serie Naturaleza y los mitos y Estructura para un paisaje. Del último periodo menciono La estática de la velocidad. Es la obra que más me gusta en su totalidad.
Por supuesto que me interesaría exponer en el MoMA, en el Pompidou, en el Reina Sofía... De los livings no sé, depende de la gente, no de mí.