Sidney: el primer mundo de la calidad de vida

Desde sus modernas edificaciones hasta las playas paradisíacas para practicar deportes acuáticos. La ciudad más importante de Australia justificó por qué es uno de los lugares del mundo más soñados para vivir

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Australia tiene cuatro de las diez ciudades consideradas como las mejores para vivir en el mundo: Melbourne, Sidney, Perth y Adelaida. Se trata de una prueba evidente de que los australianos le encontraron la vuelta al arte que combina el desarrollo económico, la equidad social, el cuidado del ambiente, la educación, la salud pública y la calidad de las instituciones.

Resulta particularmente llamativo que Australia sea un país que se haya tomado como modelo de referencia para realizar todo tipo de comparaciones con la Argentina. Son dos países del hemisferio sur, grandes, alejados de los centros neurálgicos mundiales, con baja densidad de población y fuertemente inmigrados.

Es evidente que la Argentina se encuentra en desventaja en esa comparación desde hace casi un siglo. Porque hace más de 100 años era un país que superaba a Australia en todas las mediciones económicas y sociales que quisieran tomarse. Es a partir de la tercera década del siglo XX que comienza a producirse una brecha inversa que la Argentina ya no logrará remontar.

Hace ya algunos años quise desentrañar las razones de esas diferencias y produje para la TV por cable un documental en donde tratábamos, con diferentes protagonistas en la Argentina y en Australia, una agenda de temas culturales, institucionales y socioeconómicos con el objetivo de averiguar qué nos había pasado.

SIDNEY ESTÁ CONSIDERADA COMO UNA DE LAS 10 MEJORES CIUDADES PARA VIVIR

El objetivo de esta nota no es recrear aquellas conclusiones sino recordar la fuente que hizo que regresara a ese país de maravillas. Mi primera estadía allí, además de la imborrable experiencia profesional, me había servido para advertir las razones de esas cuatro ciudades para encaramarse entre las más deseadas del mundo para vivir.

Hoy quiero recorrer una de ellas: Sidney. Es una ciudad bella por donde se la mire. Está enmarcada en una bahía natural privilegiada y la mano del hombre ha hecho el resto.

Está en nuestras antípodas pero prácticamente en el mismo paralelo de latitud sur que Buenos Aires. Pero su verano es diferente. Es más fresco y tiene el incomparable agregado del mar.

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Día 1: El Sidney Harbour

Desde el aire, Sidney parece una mano con los cinco dedos abiertos, que dan lugar a otras cinco bocas de agua que bañan sus costas y le dan un encanto único: Woolloomooloo Bay, Sydney Cove (que forman los límites del Jardín Botánico), Farm Cove, Darling Harbour y Blackwattle Bay.

El Sydney Harbour es uno de los "must" de la ciudad. Camino este lugar increíble llamado "Circular Quay" (se pronuncia "Círcular Ki") donde todo conjuga de tal manera que no lo podes olvidar. Es un cuadro. De día o de noche, con las luces... es magnífico. Hay mucha gente aquí porque definitivamente se trata de una de las mejores vistas de la ciudad.

Recomiendo pasear un día desde la parada de ferrys hasta el Jardín Botánico y otro día hasta debajo del Sydney Bridge (The Rocks). Se puede subir al puente, pero el peaje es caro. Lo mejor es recorrerlo caminando y después se puede bajar al Luna Park, que es un parque de diversiones chico, pero fabuloso. La entrada es imponente pasando a través de la boca de un payaso gigante. En ese parque hay varios juegos al estilo feria antigua, pero muy divertidos. Lo mejor, la "montaña rusa", a simple vista parece pequeña e insípida, pero una vez arriba es pura diversión.

Enfrente, se encuentra el icónico edificio de la Opera House, que despliega sus velas con si se tratara de una fragata fija. Declarado en 2007 Patrimonio de la Humanidad, fue diseñado por el arquitecto danés Jørn Utzon en 1957 e inaugurado el 20 de octubre de 1973, con presencia de la reina Isabel II, en su papel de reina de Australia. En el edificio se realizan obras de teatro, ballet, ópera o producciones musicales. Es sede de la compañía Ópera Australia, la Compañía de Teatro de Sydney y la Orquesta Sinfónica de Sydney.

En el Quay existen diversos bares, restaurantes y tiendas que venden recuerdos, ropa y todo tipo de memorabilia, lugares donde se contratan tours, se alquilan bicis o se hacen caricaturas. Desde los muelles cercanos parten los ferrys para ir al famoso Zoo de Sidney, que queda exactamente enfrente y que es un ejemplo mundial de zoológico urbano.

También hay aquí todo tipo de personajes: imitadores, aborígenes que tocan el Didgeridu o Yidaki, -el típico instrumento de viento de la comunidad- stand uppers, músicos "a la gorra", pintores, dibujantes. Es un pequeño mundo en medio de la gran ciudad cosmopolita.

El Opera House fue diseñado en 1957 e inaugurado en octubre de 1973

Decido comer algo suelto para no perder tiempo en uno de los innumerables bares que dan a la bahía, pero prometo volver con más tiempo por la noche.

Por la tarde tengo planeado visitar las playas más famosas de la ciudad. Tomo el bus 373 desde Circular Quay y bajo en Bondi Beach. Es verano, pero el clima es muy agradable. Desde Bondi –en donde paso un rato al sol- recorro la costa hasta Coogee Beach. Voy preparado con ropa liviana y unas buenas "zapas" porque son 6 km de recorrido en subida y bajada. Si te gusta correr o pasear, la zona es ideal. Es un camino muy placentero de hacer y tiene lindas vistas para sacar muchas fotos. Como playa elijo Bondi Beach, pero la combinación es, por lejos, una de las mejores cosas que hice en Sidney. No está garantizado, pero con suerte pueden verse ballenas saltando a lo lejos y delfines saltarines bastante cerca de la costa. Cerca de allí esta Gordon Bay, ideal para hacer snorkel y buceo. Es buenísimo estar entre las rocas y ver cómo la gente disfruta el agua.

A la tardecita me voy a The Rocks que es la zona antigua de la ciudad con muchos restaurantes y pubs. Los domingos hay allí un mercado artesanal. Para quienes quieren, hay excursiones guiadas que explican la historia de la ciudad y anécdotas que han ocurrido en ese barrio lleno de memorias.

The Rocks no es muy extenso y se lo puede conocer paseando tranquilamente. Está lleno de pequeños y agradables restaurantes, cervecerías, pequeñas tiendas. Es ideal para cenar o tomar algo. Voy por una cerveza Carlton que dicen es la más popular del país. Está bien fría y es rubia, liviana y más bien seca. Recorrer este lugar a pie es totalmente encantador; el tiempo parecería pasar más lento aquí; hay cafés literarios, bares antiguos como Waterloo y lugares para hospedarse muy convenientes.

Sidney fue nombrada la ciudad con mejor reputación Shutterstock 162
Sidney fue nombrada la ciudad con mejor reputación Shutterstock 162

Día 2: El Queen Victoria

Al día siguiente tengo un plan ambicioso de recorrido por la ciudad. Alquilo una bici y meto, por las dudas, una muda de playa en la mochila y una botella de Vitamin Water. Mi primer destino en la mañana es desayunar en el edificio Queen Victoria. Se trata de una construcción espectacular que se levantó para celebrar los 50 años de reinado de la Reina Victoria.

Es un edificio del siglo XIX y está ubicado en el centro financiero de Sidney. Fue diseñado por el arquitecto George McRae y representa la época del Renacimiento Románico. Fue construido entre 1893 y 1898 y mide 30 metros de ancho por 190 metros de largo. Cubre la manzana formada por las calles George, Market, York y Druit. También hizo las veces de mercado, fue usado para varios propósitos, hasta que entró en decadencia.

Por suerte, hacia medidos de los '90 fue remodelado a su diseñado original y modernizado, adaptándolo para comercios y restaurantes de primer nivel. Retiene aun signos de anteriores opulencias en cuanto a su arquitectura y conserva obras artísticas. Por supuesto, que el punto culminante es la observación del magnífico reloj central.

Aquí las marcas internacionales tienen locales muy refinados que compiten con las marcas locales, también, de excelente calidad.

Uno podría pasar todo un día aquí sin aburrirte. En el tercer piso se encuentran los locales de arte y antigüedades y tiene varios lugares donde uno puede sentarse a tomar un café. Pero mi itinerario tiene que continuar. De nuevo en la bici enfilo hacia el Sidney Bridge.

Quizás sea éste, uno de los emblemas más impactantes de la ciudad. La estructura de hierro es impresionante y desde ahí se aprecian vistas hermosas de la bahía de Sidney y el downtown. ¡Cómo desearía tener aquí un trípode para aprovechar mejor las fotos! Cuando estas a mitad de del puente y mirás a tu alrededor, te quedas sin aliento al ver ese escenario en su esplendor.

El Museo de Arte Contemporáneo se sometió a una expansión de USD 58 millones

También recomiendo visitar Pylon Lookout, en una de sus torres al costado sur para complementar la visita con su historia. En Jeffrey Street Wharf meto la bici en un ferry rápido y regreso a Circular Quay.

Mi siguiente parada es el MCA. El Museo de Arte Contemporáneo está construido en el estilo Art Deco, en el edificio Maritime Services justo en el borde occidental de Circular Quay. Estas tierras pertenecían a los tradicionales pueblos Gadigal, de la nación Eora. El museo fue inaugurado en 1991 y desde 2010 se sometió a una expansión de U$S 58 millones. La reapertura plena como Museo de Arte Contemporáneo de Australia ocurrió el 29 de marzo de 2012.

Desde allí paso por Macquarie Street y visito la State Library. La Biblioteca del Estado de Nueva Gales del Sur es una gran biblioteca de referencia y la investigación abierta al público. Es la biblioteca más antigua de Australia, siendo la primera establecida en Nueva Gales del Sur. Está ubicada en la esquina de la calle de Macquarie y Shakespeare Place, junto al Jardín Botánico.

Lo prometido es deuda, así que termino cenando en uno de los restaurantes de Circular Quay. Este lugar es magnífico de noche. Las luces de los edificios, del Sidney Bridge con los faros de los autos a lo lejos, de la Opera House, de los ferrys entrando y saliendo del muelle... Disparo varias fotos desde mi teléfono y regreso al hotel en King's Cross.

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Día 3: Visita al downtown

En mi tercer día en Sydney alquilo un auto. Aquí se maneja por la izquierda, de acuerdo a la tradición inglesa y los volantes están a la derecha en la cabina de los autos. Suponía que la cosa podía llegar a ser más complicada, pero me adapté bien. Mi idea es visitar el llamado "North Sydney". Está situado a 3 kilómetros al norte del distrito central de negocios de Sidney. Cruzo el Sidney Harbour Bridge y vuelvo a quedar maravillado con la vista. Una vez del otro lado, recorro un poco este vecindario limpio y prolijo que combina residencias y condominios. La vista del downtown en Sidney es espectacular. Bajo un rato en Milsons Park y llego hasta la Kirribilli Marina y al North Sydney Wharf. La bahía está plagada de veleros y el agua es una mezcla de azul y verde profundos.

Rodeo la bahía Levander y almuerzo unas tapas con cerveza al aire libre en "Delicado Foods".

Por la tarde estoy de nuevo en "Downtown Sidney". Voy a Paddy's Market, un mercado de pulgas lleno de baratijas. Me sorprendo al ver remeras, frutas y frutos secos a precios muy reducidos en comparación con los supermercados. Hay también mucha cosa inútil y que uno no usaría, pero la experiencia estuvo buena.

Antes de cenar subo a la Torre de Sydney (desde donde la vista es absolutamente indescriptible por eso ni voy a intentarlo) y hago el trayecto de ida y vuelta en el monorriel. Al bajar, vuelvo al auto y ceno en Chinatown.

No hay ciudad en el mundo que se precie de tal si no tiene su Chinatown. Así que esencialmente uno conoce la atmósfera. El área es bien segura, pero mucho más pequeña que la de San Francisco en California, aunque más grande que la de Brisbane y Melbourne. Hacia el extremo de Darling Harbour están los mejores restaurantes y toda el área es muy colorida, llena de turistas y alegría.

Día 4: Darling Harbour

A la mañana siguiente devuelvo el auto y tomo un colectivo hasta Darling Harbour. Este lugar es un hallazgo. Uno puede pasar todo el día aquí. Hay shopping, restaurantes, diversión, excelentes vistas y hasta fuegos artificiales. Visito el Museo Marítimo, replica de la nave de Cook, y paso por un parque para chicos con juegos de agua. Aquí se celebra el día nacional de distintos países, lo cual muestra las diferentes culturas que conviven en Australia y, desde ya, el 26 de enero, el día nacional de Australia, el lugar desborda. En las fiestas de Navidad y Año Nuevo también es el sitio elegido por miles para festejar.

Subo al faro desde donde tengo una vista increíble, los "happy hour" son memorables, al igual que el Hard Rock Café (de noche) o el Café del Mar (muy elegante). Para coronar todo, un show impresionante de fuegos artificiales que iluminan el cielo de Sidney y que la hacen parecer más linda aun de lo que es. Allí paso todo el día.

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Día 5: El Jardín Botánico

Hoy me espera el Jardín Botánico. Voy bien temprano. El JB no es lo que uno podría pensar a primera vista. No es solamente lo que sugiere su nombre si uno hace una semejanza rápida con Buenos Aires. Los "Botanical Gardens" son un paraíso dentro de la ciudad; un estilo Central Park en New York. Es el gran pulmón de Sidney. Distintas especies de árboles y flores. Prolijo, limpio y con un diseño exquisito en medio de la ciudad.

Gigantescas magnolias le dan marco a este lugar que fue construido con el buen tino de terminar justo en el Ópera House, y varios metros por encima, lo que te da una vista magnifica de la bahía y del teatro.

En el centro del jardín hay un café y restaurant para comer con una excelente vista de la ópera y el puente. El parque contrasta con la arquitectura de la ciudad que se deja ver más allá de las bahías de Woolloomooloo y Sidney Cove. Solo un detalle: el restó cierra un poco antes de las cuatro de la tarde y no hay otro lugar para tomar algo fresco o un cafecito.

Adyacente a los Jardines se encuentra la Government House, así que decido contratar una visita guiada para la tarde. El edificio fue construido entre 1837 y 1843 y ha sido la residencia oficial del gobernador de Nueva Gales del Sur desde que Sir George Gipps viviera en ella en 1845. Esta regla tuvo dos breves excepciones: la primera entre 1901 a 1914, cuando la propiedad fue arrendada al Commonwealth de Australia como la residencia del Gobernador General de Australia; y el segundo desde 1996 hasta 2011. La propiedad fue devuelta como la residencia del gobernador del Estado en octubre de 2011. Desde 1996 está administrada por el Historic Houses Trust of New South Wales.

Los "Botanical Gardens" son como el "Central Park" de la Sidney

Día 6: Un día en la playa

Si hay un país en el mundo que ama el aire libre, el sol, los deportes y el mar, es Australia. Por eso al día siguiente rompo con la urbanidad, tomo el bus L90 (muy barato) durante una hora y media desde el Sidney City Center hacia el norte y me dirijo a Palm Beach. Se trata de un día diferente, de arenas rojizas y una extensión de playa enorme. Palm Beach es un lugar para caminar, y disfrutar de las olas. El mar allí me resulto más templado que en Bondi.

Despliego mi "equipo de playa" (apenas unas toallas que saqué del cuarto del hotel), mi botella de Vitamin Water, mis auriculares, mi protector solar 50 y mi almohada inflable. El día es excelente. Apenas unas pocas nubes pasajeras. Por lo demás, el cielo está celeste; azul, más que celeste. Hay un parador con música y comida. Tiene un deck con mucha onda y gente hablando a los gritos en la barra. Otros hacen surf. Me llaman la atención las "piletas" de mar que se forman las rocas en la costa.

Palm Beach tiene magníficas vistas, especialmente si uno va caminando hacia el faro. La comida es excelente, en especial los frutos de mar. Y hay decenas de clases de cerveza. También hay tiendas de buena calidad y lugares para comprar recuerdos. La gente es muy amistosa. Muchos son turistas, pero muchos son locales. Ninguno de ellos cambiaría esta vida por nada del mundo. Les digo que yo tampoco lo haría si estuviera en su lugar. Hay lugares que alquilan barrenadores, tablas de surf y motos de agua y el día se pasa sin notarlo.

Para regresar elijo hacerlo en ferry para tener otra perspectiva. Es un viaje estupendo, con el sol cayendo sobre el horizonte urbano de la fascinante Sydney.

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Día 7: La librería Dymocks

Nunca me voy de una gran ciudad sin que me recomienden una buena librería. Por eso en mi último día en Sydney visito, en el 424 de St George Street, "Dymocks". Es, posiblemente, la librería y papelería más grande de Australia. Con una gran variedad de libros, regalos y artículos de papelería en tres plantas, y con personal especializado para ayudar en todos los departamentos. El edificio en sí es magnífico e histórico.

Desde la sección de viajes y mapas de Lonely Planet, hasta la filosofía, la salud, los negocios y la política, la cocina, la jardinería y el bricolaje, la ficción de todos los géneros, de libros y juegos para los niños de todas las edades e incluso un centro de ABC y SBS, Dymocks es sin dudas un lugar para todo el mundo.

En la planta baja hay papelería, y revistas de todo el mundo, instrumentos de escritura, regalos, tarjetas y papel de embalaje, materiales artísticos y material de oficina. En el segundo nivel hay una cafetería que no solo sirve café sino buena comida, como pasteles y sándwiches... Fácilmente podría pasarme todo el día aquí.

Este país ha vuelto a maravillarme por eso quiero atesorar algunos de sus secretos. Compro una Historia Abreviada de Australia, la Constitución Comentada, un Atlas de Caminos y Lugares Turísticos y un libro sobre el funcionamiento de los mercados financieros en Australia.

Al salir, para dirigirme al hotel en King's Cross, ya pienso en el equipaje y en mi vuelo de regreso. El único defecto de Australia es que está lejos... Demasiado lejos para ser tan perfecta.